En el primer tercio del siglo XIX hicieron su aparición en la vida pública española personalidades sobresalientes en el terreno de la política, del pensamiento y del periodismo. Aquellos fueron años de una tremenda agitación, ya que tuvieron lugar en ellos cambios profundos en el sistema de gobierno de la nación y en sus instituciones, en la estructura de la sociedad y hasta en las formas de la economía. No en balde, los historiadores han situado en esos años el inicio de una nueva etapa histórica que se ha venido en llamar "Edad Contemporánea".
Uno de los protagonistas de aquellas importantes convulsiones que tuvieron lugar entonces fue el sevillano Alberto Lista. Su trayectoria simboliza en cierta medida el agitado transcurrir de ese periodo crucial de nuestro pasado, con sus vaivenes y sus alternancias.
Alberto Lista nació en el popular barrio de Triana de la capital andaluza en 1775 en el seno de una familia que se dedicaba a la fabricación de telas de seda. Nada que ver con el mundo intelectual de aquellos años. Sin embargo, recibió una cuidada educación y pronto destacó por su capacidad para desenvolverse con las matemáticas y con las humanidades hasta el punto de que obtuvo una cátedra interina de Matemáticas en la Sociedad Económica de Amigos del País cuando solo contaba trece años, y poco más tarde un puesto de enseñante en el Real Colegio de San Telmo. Asimismo, impartió clases de Filosofía en el antiguo Colegio de San Miguel.
Inició estudios superiores para obtener el título de bachiller en Filosofía en 1789 y de Teología en 1795. Se ordenó sacerdote en 1804, lo cual no fue obstáculo para que durante la Guerra de la Independencia mantuviese un cierto contacto con la masonería.
En un principio, la invasión napoleónica le provocó rechazo y así lo puso de manifiesto en los artículos que publicó en El Espectador Sevillano, uno de los periódicos de signo liberal que vieron la luz en aquellos años difíciles. En esos escritos reveló ya algunos de los rasgos de su pensamiento político que desarrollaría en las etapas posteriores. Defendía a Montesquieu, se posicionaba junto a los revolucionarios de América del Norte, más que con los revolucionarios franceses, y coincidía con el aperturismo hacia las reformas que representaba Jovellanos.
En los debates que tuvieron lugar en la capital hispalense, donde fue a refugiarse la Junta Central, participaron, junto con Lista, otros sevillanos, como Félix Reinoso o José María Blanco White, quienes plantearon ya los principios de la soberanía popular y la necesidad de la aprobación de una reunión de Cortes así como de la elaboración de una Constitución.
AFRANCESAMIENTO Y EXILIO. Cuando los franceses entraron en Sevilla a comienzos de 1810, Lista, en uno de esos giros, no infrecuentes en su trayectoria, se hizo afrancesado, quizás porque pensaba que sus ideas reformistas tendentes a la creación de una monarquía parlamentaria podían ser implementadas por la monarquía bonapartista. Colaboró en la edición de la Gazeta de Sevilla, un periódico partidario de José Bonaparte, aunque nunca se sintió a gusto con el control que el mariscal Soult ejerció sobre esta publicación. No obstante, aceptó algunas prebendas de los ocupantes, como la realización de un inventario de los papeles de la Inquisición sevillana y la concesión de una media ración de la catedral.
Alberto Lista fue un sacerdote sevillano que vivió entre 1775 y 1848. Pedagogo, crítico literario, poeta y teórico político, vivió intensamente los avatares de ese agitado periodo de H nuestra historia y colaboró en varios periódicos que se publicaron en distintas ciudades españolas y francesas. En sus artículos expuso su idea del liberalismo, en la que se decantaba por una monarquía parlamentaria y adoptaba una postura de moderación que le granjeó el rechazo de los liberales más exaltados. Tuvo que padecer por dos veces el exilio en el vecino país y durante la última etapa de su vida se dedicó de forma más intensa a plasmar sus teorías pedagógicas que a defender sus ideas políticas.
Retrato de Alberto Lista por Domingo Valdivieso.
La convulsa trayectoria de este sacerdote sevillano simboliza, en cierta medida, el agitado transcurrir de ese periodo crucial de nuestro pasado, con todos sus vaivenes y sus alternancias