Resulta un tanto llamativo el esfuerzo que los historiadores han dedicado a analizar los problemas políticos, sociales o económicos de la historia reciente de Andalucía, y el relativo desinterés por cuestiones como la evolución de las modas y costumbres, las diversiones, los sucesos, el deporte o la vida cotidiana. Incluso la historia cultural, tradicionalmente enfocada hacia los aspectos literarios, artísticos, el pensamiento o las aportaciones de los intelectuales, raramente suele abordar en profundidad de lo que trata básicamente este libro: el universo musical de una capital andaluza durante los “felices” años veinte del siglo pasado. Un libro que tiene su origen en la tesis doctoral que su autora defendió en 2019 en la Universidad de Cádiz, bajo la dirección de los profesores Diego Caro y Gemma Pérez Zalduondo, y que tras obtener el Premio de Musicología “Lothar Siemens” ha sido editado en 2021 por la Sociedad Española de Musicología.
A lo largo de más de quinientas páginas, lo que nos ofrece Olimpia García es un minucioso recorrido por la actividad musical desarrollada en la Sevilla de la primera Dictadura en teatros, sociedades, templos y calles. Desde los teatros de las élites al café cantante y el cabaret; de las temporadas de ópera y teatro lírico al flamenco, las variedades o los espectáculos de danza y jazz. En la obra se profundiza además en la labor de los empresarios o de las instituciones organizadoras de actividades musicales, la evolución de los diversos géneros, sus repertorios, intérpretes, y la recepción tanto de la crítica especializada como del público en general.
Lógicamente, la prensa y en particular los periódicos sevillanos han constituido la principal fuente de información utilizada por la autora; fuentes hemerográficas que han sido objeto también de un profundo análisis a la hora de ahondar en los discursos musicales de la época, las ideas estéticas que defendieron los encargados de la crítica musical en los diarios locales, sus intereses personales y en suma las implicaciones culturales, sociales y políticas en torno al ocio y al gusto musical de los ciudadanos.
En cualquier caso y a pesar del evidente protagonismo de la información extraída de la prensa, es de destacar el interés de la autora por rastrear la documentación musical conservada tanto en archivos locales (Ateneo, Económica, la Catedral o el Conservatorio de Música de Sevilla) como en otros archivos andaluces y nacionales, caso del Archivo Manuel de Falla de Granada, el Centro de Documentación Musical de Andalucía, el Archivo de la SGAE, la Biblioteca Nacional o los fondos de la Fundación Juan March. Y todo ello con el objetivo de ofrecernos lo que sin duda constituye la principal aportación de esta obra: una visión poliédrica de la vida musical de una Sevilla que, en plena dictadura del general Primo de Rivera, se preparaba a marchas forzadas para hacer realidad aquél proyecto llamado Exposición Ibero-Americana, inaugurado finalmente en 1929.