450 años después de la batalla de Lepanto, el libro La Galera Real de Lepanto. Arte, propaganda y poder en la España del siglo XVI de Emma Camarero Calandria es una novedosa aportación para entender el contexto histórico, artístico e intelectual de la España de Felipe II. Se ha glosado en numerosas ocasiones la victoria de la Santa Liga sobre el Imperio Turco. En esta obra se aborda desde una perspectiva más concreta, pero, no por ello, menos sugerente.
En enero de 1570 llegaba a Sevilla la galera Real construida en las atarazanas de Barcelona para que comandara la gran flota que uniría a los barcos españoles con los de Venecia, el Papado, Venecia y Malta. El joven Juan de Austria, máximo responsable de la escuadra, navegaría a bordo de una galera que era mucho más que un barco de combate. La Real llegó a Sevilla para ser decorada en un complejo ejercicio de propaganda, de enseñanza didáctica y catequética, y de demostración del poder de una monarquía y de una religión. Bajo la supervisión erudita de Juan de Mal Lara, uno de los grandes pilares intelectuales de la refinada Sevilla de la segunda mitad del siglo XVI, la nave fue decorada por una notable selección de los mejores artistas del momento, un trabajo multidisciplinar que ocuparía hasta mediados de 1571, cuando dejó el puerto de Sevilla y partió rumbo a Lepanto.
En este trabajo se aborda el complejo programa iconográfico que se desarrolló en la decoración de la espectacular galera Real, con referencias a la mitología y la literatura clásica, a la emblemática renacentista, a la filosofía de la Antigüedad o a las fuentes cristianas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Este complejo programa se llevó a cabo por un amplio elenco de artistas y artesanos que incluía a pintores, escultores, fundidores, vidrieros, ensambladores, sastres, orfebres o carpinteros. Y un listado de nombres con la mejor selección de artistas del Renacimiento sevillano, desde el fundidor Bartolomé Morel, autor del Giraldillo, al escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo, pionero de la escuela escultórica sevillana, pasando por los pintores Pedro Villegas Marmolejo, Antonio de Arfián y Antón Pérez o el diseñador Benvenuto Tortello. Una exquisita muestra artística que reflejaba el refinado ambiente cultural de la ciudad que fue calificada como “la más italiana de las ciudades españolas”.
Esta es una obra de un profundo calado científico, por cuanto en su desarrollo han sido las fuentes documentales, la mayoría de ellas inéditas, las que han aportado los datos más significativos sobre los aspectos decorativos de la Real. En este sentido hay que destacar la inclusión de documentos obtenidos en el archivo de protocolos notariales de Sevilla, donde aparecieron las hasta entonces inéditas referencias, por ejemplo, a los pintores que trabajaron en la nave, pero también otra serie de documentos que nos hablan de cómo y cuándo fue pertrechada, algo que implicó a numerosos gremios de artesanos tales como bizcocheros, rejeros, boneteros, curtidores, mercaderes de telas, etc.