CONSERVADOR DE PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO JUNTA DE ANDALUCÍA
"En 1881, con un diploma de ingeniero de minas recién estrenado, un jovencísimo Luis Siret viajó desde su Bélgica natal hasta una pequeña localidad almeriense, Cuevas del Almanzora. Iba a reunirse con su hermano Enrique, que llevaba más de dos años en la zona, para dirigir los trabajos de abastecimiento de agua potable en ese municipio. Pronto, sin embargo, emprendieron la prospección, excavación y estudio de numerosos yacimientos arqueológicos de cronologías comprendidas entre el Neolítico y la época visigoda, dando paso a una de las etapas más intensas y fructíferas de la arqueología peninsular. En la Edad del Bronce situaron a la por ellos bautizada cultura de El Argar, iniciando una tradición de investigación que hoy tiene ya más de un siglo”.
Con este sencillo relato comienza uno de los escasísimos trabajos que aborda un análisis holístico de la sociedad prehistórica peninsular con más proyección internacional: El Argar. Desde que Henri y Louis Siret dieran el pistoletazo de salida con su descubrimiento, y casi un siglo y medio después, la historia de la investigación ha denostado los estudios globales, en provecho de infinidad de trabajos de corte parcial y local. En este sentido, las autoras y el autor de este libro han realizado un ejercicio de síntesis y reflexión valiente y necesario, haciendo valer la expresión de: a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.
La obra presenta una estructura eminentemente clásica. En ese sentido, tras realizar un repaso de la historia de la investigación, a partir de las distintas posiciones epistemólogicas y sus consecuencias, se abre un capítulo en que se revisan las hipótesis que dan explicación a la génesis de las sociedades argáricas. A lo largo del tiempo se han considerado todo tipo de enfoques tanto difusionistas —de origen foráneo—, como autoctonistas. Con independencia de esta cuestión es innegable que su aparición supuso innovaciones de toda índole en cuanto a los patrones de asentamiento, urbanismo, rituales funerarios, cultura material, especialización artesanal y un largo etcétera, que se distinguen claramente de las sociedades calcolíticas precedentes, y que son desgranadas y analizadas en el resto del libro.
Hace aproximadamente 4.200 años, un evento climático produjo un descenso importante de las precipitaciones anuales, un aumento de la aridez y un proceso erosivo dramático en el sureste peninsular. El desarrollo de este acontecimiento vino acompañado de nuevas estrategias en la ocupación del territorio. En este nuevo marco cultural destacan los poblados localizados en cerros escarpados asociados en ocasiones a construcciones defensivas. En estos momentos se generalizan las viviendas de planta rectangular dispuestas de forma escalonada en terrazas artificiales, creando un entramado urbano compacto y estrechas calles.
Aranda Jiménez, Gonzalo; Montón Subías, Sandra y Sánchez Romero, Margarita La cultura de El Argar (c. 2200-1550 cal a. C.). Comares Arqueología. Granada, 2021, 205 pp., 23 €
En las últimas décadas también ha mejorado el conocimiento de otros aspectos relacionados con los modelos sociales de producción, distribución y consumo. Gracias a ello, actualmente es posible ofrecer un retrato aproximado de las prácticas agrícolas y ganaderas o especies preferidas por los nativos argáricos, no solo vinculadas a la nutrición, sino también como parte de fenómenos rituales. Está bien documentado el sacrificio de animales domésticos seleccionados en cuanto a la condición social del fallecido. El consumo de su carne debió ser elemento central en el ritual funerario, muy posiblemente como parte de banquetes y ceremonias festivas que congregaron a familiares y otros sectores sociales.
Por otra parte, otro tipo de restos localizados en los yacimientos, como cerámica, materiales líticos, fibras vegetales, o arcilla, entre otros, complementan la comprensión de las costumbres e idiosincrasia de estas poblaciones. Pero si hay una materia que ha centrado y centra las discusiones científicas, esa es la metalurgia, en tanto que ahora se produce una multiplicación de la creación de herramientas, adornos corporales y armas especializadas que incluyen cobre, bronce, plata y oro.
Como podemos comprobar, el profuso incremento de investigaciones promovidas por distintos especialistas, en tres siglos distintos, ha originado una ingente cantidad de información. Por otra parte, sigue generando potentes debates en torno a temas ya clásicos, como la interpretación sociopolítica de las comunidades argáricas, o más novedosos, como los estudios de género. Con todo aún son muchas las incógnitas por desvelar y el conocimiento por generar.
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