La pesca constituye una importante actividad económica de tipo extractivo cuyos orígenes en Andalucía se remontan hasta el Paleolítico. En la línea del tiempo es bastante anterior, por lo tanto, a las otras dos grandes fuentes de recursos de la Anda!ucía histórica: la agricultura y la minería metálica y, aunque han sido los metales preciosos el objeto prioritario de interés de las diversas colonizaciones históricas en el extremo Occidente, ninguna de las sucesivas culturas desarrolladas en los territorios andaluces ha dejado de valorar y aprovechar, a menudo con notable ganancia, los recursos pesqueros de sus costas. La riqueza pesquera de la región deriva del hecho de que Andalucía presenta un amplio frente marítimo de algo más de novecientos kilómetros abierto a dos mares. Las características hidrológicas y biológicas de cada una de estas masas de agua son diferentes, como lo son las especies de peces objeto de aprovechamiento en cada litoral, lo que ha generado tradiciones pesqueras diversas en el tiempo y en el espacio.
Especialmente notable por sus recursos pesqueros y por sus características biológicas e hídricas es el área de contacto entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo en el Estrecho de Gibraltar. Las cálidas aguas del Mediterráneo han atraído siempre a las grandes y medianas especies migratorias, como el atún, el bonito, la melva, la caballa y el jurel que, ayudadas en sus desplazamientos por la fuerza de la corriente superficial que procede del Atlántico, penetran en el Mare Nostrum cada primavera para desovar, regresando al océano al principio del otoño. La proximidad entre las tierras del sur de Europa y las del norte de África en esta zona geográfica hace angosto el tramo de mar entre ambos subcontinentes y obliga a los bancos de peces que penetran desde el Golfo de Cádiz en dirección al Mediterráneo a nadar muy cerca de la costa, y especialmente de la costa andaluza, al menos durante el viaje de ida. Esta peculiaridad biogeográfica del Estrecho de Gibraltar y la abundancia estacional de pesca en sus costas, conocidas desde la Antigüedad tanto por la variedad de especies de peces, como por el tamaño de los ejemplares o la abundancia de capturas, ha generado a lo largo de la Historia una tradición pesquera compleja muy focalizada en la pesca de grandes peces migratorios: la pesca de almadraba.
No se ha dejado atrás, no obstante, otras pesquerías de peces menores, pero de aprovechamiento económico igualmente notable por su abundancia, como la sardina o el boquerón de las costas atlánticas y mediterráneas andaluzas, debido a condiciones hidrodinámicas puntuales de amplios tramos de costa como los del poniente y el levante malagueños. Con algunas excepciones notables, como la captura del atún por los púnicos de Gades en el banco pesquero sahariano, la pesca en las sociedades antiguas y tradicionales es básicamente una actividad litoral y no de altura. Sin embargo, hay que distinguir, en la línea de lo que venimos señalando para el área del Estrecho y de la costa mediterránea, una pesca de subsistencia o de abastecimiento local, de nivel técnico y organizativo adaptados en cada caso a las necesidades del suministro alimenticio, y una pesca comercial e industrial enfocada a la exportación y económicamente muy ambiciosa que se ha centrado históricamente en las especies migradoras cuyas capturas anuales se han llegado a contar por miles o decenas de miles de individuos.