Columnas

De asentamiento prehistórico a República Murgitana

Las termas de una ciudad fronteriza de la Baetica

Conocida desde el siglo XIX gracias a las inscripciones, la ciudad de Murgi se alzaba como una ciudad de frontera entre dos provincias del extremo occidental del Imperio Romano. Las nuevas excavaciones realizadas en el enclave almeriense han permitido exhumar un complejo termal de esta importante ciudad situada en uno de los confines de la Baetica. Su abandono premeditado se produjo en época tardorromana lo que pondría fin a tres milenios de ocupación humana continuada.

CARMEN ANA PARDO BARRIONUEVO
UNIVERSIDAD DE ALMERÍA

Caldarium o tepidarium.

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En el actual municipio de El Ejido (Almería) se ubica Ciavieja, uno de los yacimientos arqueológicos con mayor recorrido histórico de Andalucía: desde el Neolítico hasta el siglo III d. C. Sin embargo, poseemos muy poca información sobre las fases precedentes, ya que la mayoría de los restos corresponden a época romana, durante la cual alcanzó su máxima expansión urbanística. Su importancia económica y territorial fue tal que se convirtió uno de los límites orientales de las provincias romanas de Hispania, primero de la Hispania Ulterior y después de la Baetica. El nombre por el que era conocida, Murgi, probablemente deba relacionarse con su pasado prerromano y del que se conocen tan solo algunas viviendas incompletas.

Al no disponer de excavaciones arqueológicas en el resto de la actual urbe que nos aporten información sobre el trazado urbano de la ciudad ignoramos su extensión. Sin embargo, como los romanos situaban sus monumentos funerarios a lo largo de las vías de acceso principales y han sido localizadas dos agrupaciones de tumbas al oeste  y al este de la ciudad podemos hacernos una idea de su envergadura.

Las primeras tumbas se encuentran flanqueando por el Sur de la N-340, que fosiliza el trazado de la antigua via Heraklea o Augusta en su trazado exterior. Allí encontramos tres tumbas de cámara individuales cubiertas con bóveda en opus caementicium.

Un yacimiento de tres milenios de ocupación continuada
  • La ocupación de la pequeña elevación denominada Ciavieja se remonta al Neolítico Final. De este primer momento y hasta la fecha, solo conocemos una fosa excavada en la roca geológica con escasos restos cerámicos en la que destacaba la ausencia de artefactos metálicos. Su población continuó en el Calcolítico y, al igual que en otros yacimientos contemporáneos de la provincia de Almería tan importantes como Millares, las viviendas serían circulares con un zócalo de piedra y algunos hoyos de poste para la techumbre vegetal.

    Mejor conocida es la etapa argárica donde incluso se pudieron recuperar varios enterramientos en cista en las propias casas y ajuares cerámicos completos. Esta etapa tendría continuidad durante los primeros años de colonización fenicia en la costa andaluza. Sería durante estos siglos del I milenio a. C. cuando se integraron autóctonos y orientales y conformaron un importante núcleo económico que asentó las bases de la futura ciudad romana. De esta fase datan edificios de planta rectangular con suelos de tierra batida o empedrados, y enterramientos infantiles en las propias viviendas.

    Tras estos contactos iniciales, la vida en la ciudad continuaría siglo tras siglo, sin interrupciones, con la llegada de importaciones de todas partes del Mediterráneo, desde las vecinas ciudades fenicias occidentales y los oppida iberos, hasta productos procedentes de Cartago, Grecia o incluso el Mediterráneo Extremo Oriental. Tras la Segunda Guerra Romano-Cartaginesa, a partir del 207 a. C., Ciavieja se incorporó a los territorios conquistados por Roma y formaría parte de la Hispania Ulterior. Tras las nuevas divisiones administrativas de Augusto, quedaría en los territorios del Conventus Gaditanus de la provincia de la Baetica. La ciudad aprovechó la vinculación con Roma para expandirse y monumentalizarse. Sin embargo, en el siglo III d. C., de manera abrupta, fue abandonada de manera ordenada, premeditada pero no violenta o traumática, poniendo así fin a más de tres milenios de existencia.

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