Columnas

Cristino Martos

El Guadiana de la democracia

Cristino Martos fue uno de los grandes políticos del XIX español. Su figura ha sido despreciada por la historiografía española a pesar de que participó en dos revoluciones —1854 y 1868—, en dos golpes de Estado —1873 y 1874—, marchó al exilio en dos ocasiones —1866 y 1873—, e incluso estuvo en varias conspiraciones republicanas con Ruiz Zorrilla en la Restauración, para luego quedar integrado en el sistema. Junto a Ríos Rosas ideó la monarquía democrática en 1869, que encarnó Amadeo de Saboya, al que luego ayudó a derribar.

JORGE VILCHES
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

Cristino Martos pintado por Suárez Llanos en 1874.

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El carácter pudiente de su familia permitió que Cristino Martos, nacido  el 13 de septiembre de 1830, estudiara en Granada, en el colegio de Luis García Sanz, luego Filosofía en Toledo, y finalmente abogacía en la Universidad Central de Madrid en 1846, entonces la más prestigiosa del país. En esta ciudad, con tan solo 19 años, se sumó al núcleo fundador del Partido Demócrata, desgajado del Progresista, en 1849, bajo las órdenes de Nicolás María Rivero y José Ordax Avecilla.

En 1851 participó en la protesta de estudiantes del Colegio de San Carlos contra la reforma del plan de instrucción pública del gobierno de Bravo Murillo. Las autoridades acordaron su expulsión, pero luego no se llevó a efecto. Escribió en el periódico madrileño El Tribunol en 1853, que fue suspendido en julio del año siguiente, en cuanto estalló la revolución.

Participó en los movimientos insurreccionales de 1854, aunque en segunda fila. La Junta de Madrid le comisionó para estar en la batalla de Vicálvaro, en el cuartel general de O’Donnell. En septiembre, tres meses después del triunfo, publicó un libro titulado La revolución de julio en 1854, que constituye una crónica del momento desde la perspectiva demócrata.

No estuvo en ninguna candidatura electoral, pero fue nombrado auxiliar del Ministerio de la Gobernación, y luego abogado fiscal del Tribunal Supremo Contencioso Administrativo, cargo que ocupó hasta 1856. También frecuentó el Círculo de la Unión, espacio político de progresistas y demócratas, presidido primero por el conde de las Navas y luego por José María Orense. Allí se dio a conocer como orador, sin dar el paso a la política.

Progresistas y demócratas se levantaron en armas en julio de 1856 contra el cambio de gobierno decretado por Isabel II, por el que sustituyó a Espartero por O’Donnell. Martos estuvo en la barricada que se levantó  en la puerta de la redacción de La Discusión, el periódico demócrata más influyente, situado en la Carrera de San Jerónimo, junto a otros políticos y periodistas. Lo más probable es que no tomara un arma y que se limitara a arengar a los milicianos.

En Madrid con solo 19 años, Cristino Martos se sumó al núcleo fundador del Partido Demócrata

La libertad sopló en el corazón del cadáver
  • “Hemos tenido, pues, un largo interregno durante el cual ha enmudecido la verdad, ha sido hollada la razón, mofada la libertad y escarnecida la decencia, y se han levantado tronos a la iniquidad, a la fuerza, a la corrupción, a las liviandades y al saqueo. (…) ni un solo paso ha dado España en todo este tiempo por el camino de la vida, ni un principio se ha mantenido, ni una ley se ha respetado, ni se ha creado un sistema de gobernar, sino es el de vivir hoy y no pensar en mañana, mandar, mandar siempre y a toda costa, desmoralizando primero el ejército, intentando luego corromper el pais y comprometiendo después el trono. (…). Así habían trabajado al pueblo español sus funestos gobernantes, de tal suerte le habían oprimido y sacrificado, tanto habían hecho por matarle, que ya le miraban cadáver; pero vino la libertad y sopló en el corazon de aquel cadáver, y le dijo como Jesús a Lázaro, 'levántate'”.

    Cristino Martos, La revolución de julio en 1854, Madrid, 1854, pp. III-IV.

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