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Antonio de Lebrija, retrato de un sabio

EVA DÍAZ PÉREZ
PERIODISTA Y ESCRITORA
De sabio a sabio, así podría resumirse el luminoso ensayo que Juan Gil acaba de publicar coincidiendo con el quinto centenario de la muerte de Antonio de Lebrija. El catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla y miembro de la Real Academia Española propone en un brevísimo volumen una ambiciosa investigación sobre el humanista y gramático andaluz. Solo con una vida dedicada al estudio y la erudición se puede plantear una obra en la que Juan Gil habla de tú a tú al autor de la primera Gramática castellana. La sensación tras la lectura de Antonio de Lebrija. El sabio y el hombre es la de haber asistido a una conversación viva entre el catedrático de hoy y el gramático de ayer, un diálogo de erudiciones como los que se hacían en el Renacimiento. A pesar de su concisión, este volumen, publicado en la colección Breviarios de la editorial sevillana Athenaica, no solo contiene toda la vida y obra de Antonio de Lebrija sino que, además, también aporta reveladoras tesis sobre algunos aspectos aún poco conocidos del gramático. Juan Gil va desvelando detalles que son como teselas de un inmenso mosaico que revela el retrato completo del humanista. El origen de esta oportuna publicación se debe al encargo que el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, hizo a Juan Gil de preparar un artículo para la obra Crónica de la lengua española 2020. En esta edición, Juan Gil ha revisado y ampliado algunos de los aspectos que solo quedaron como una pincelada en aquella primera aproximación. Las aportaciones que Juan Gil ha realizado al corpus nebrisense, sus estudios filológicos sobre las obras del humanista, aspectos de su vida como la estancia en el Colegio de San Clemente en Bolonia o su supuesta ascendencia conversa, hace años que están reconocidas. Sus investigaciones nunca han dejado indiferente porque no se limita a rescatar el material de acarreo fruto de estudiosos del pasado. Gracias a su trabajo riguroso, Juan Gil siempre ofrece nuevas visiones y audaces hipótesis. En este libro continúa con su particular batalla por hacer justicia a Antonio de Lebrija al que la posteridad ‘traicionó’ llamando Antonio de Nebrija. Así, explica Juan Gil cómo el gramático firmaba “en vulgar” como Antonio de Librixa en referencia al nombre de su pueblo natal, Lebrija. Y cómo el nombre latinizado que tomó el humanista a su regreso de Italia Aelius Antonius Nebrissensis terminó deformado en Nebrija. “De Nebrissensis se debería haber derivado solo un adjetivo, nebrisense (hoy lebrijano sonaría a cantaor o torero); pero la incultura llegó a más y, entre este adjetivo y el topónimo Lebrija, se forjó un absurdo e inexistente Nebrija”. Como afirma Juan Gil, es paradójico que quien quiso ser debelador de la barbarie haya terminado siendo víctima de ella. Porque Antonio de Lebrija luchó contra los bárbaros, es decir, contra los que barbarizaban, los catedráticos que no sabían latín porque romanceaban introduciendo palabras castellanas. Una realidad que ha terminado triunfando al llamarlo Nebrija en vez de Antonio de Lebrija, como defiende el académico. Una de las razones argumentadas para la publicación de su libro es precisamente apartar las malezas de la leyenda que ha enturbiado el verdadero perfil de Lebrija.

Gil, Juan
Antonio de Lebrija. El sabio y el hombre.
Athenaica, Sevilla, 2021, 112 pp.,
12 €


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Otro de los planteamientos de este valiente ensayo es la defensa de la ascendencia judía de Antonio de Lebrija que también defendía Américo Castro explicando que una de sus hijas, Sabina de Solís, se había casado con un conspicuo converso sevillano, Juan Romero, que llegó a tener importantes cargos en la Corona. Gil asegura que la endogamia característica de los cristianos nuevos explicaría este matrimonio. En este sentido, es muy interesante el debate intelectual planteado entre Juan Gil y el profesor Pedro Martín Baños, autor de la biografía Antonio de Nebrija. La pasión de saber. Ambos mantienen un revelador duelo de hipótesis sobre esa supuesta ascendencia conversa sin que por el momento exista un ‘ganador’. Sin duda, algo que desvela cuánto queda por saber sobre Antonio de Lebrija y lo oportuno de este quinto centenario que ilumina las zonas de su vida que aún están en penumbra.
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