Columnas

Los lunares de lo flamenco no siempre fueron gitanos

La evolución del traje de gitana

El vestido típico “de gitana” tenía un fondo rojo con lunares blancos y tan grandes como las monedas de veinte duros. Era común que las niñas y mujeres fueran cada año a la casa de una modista del barrio para que hiciese un vestido para lucirlo en la feria de cada provincia de Andalucía. Estos vestidos necesitaban al menos de un mantoncillo, una buena flor y una peina haciendo juego. Con el paso de los años la moda del estampado de lunares siguió arrasando en los vestidos de flamenca. Pero los lunares de los vestidos no siempre estuvieron allí.

CARMEN HEREDIA MARTÍNEZ
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Día de la Cruz. Plaza del Carmen de Granada (1984).

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Hasta encontrarnos con esas imágenes de celebración en las calles de los municipios andaluces, abarrotadas de trajes de lunares, tuvieron que suceder algunos hechos flamencos y no tan festivos.

El investigador Faustino Núñez (Vigo, 1961) recoge que la primera vez en la que hay constancia de la utilización de la palabra“flamenco” con connotaciones musicales fue en el diario El Espectador el 6 de junio de 1847. La aparición del arte fue anterior al modo de nombrarlo. El arte conocido anteriormente como “canto y baile andaluz” se forjó como una manifestación artística surgida de lo marginal, de lo prohibido y de lo pobre en contraposición con la escuela bolera y a los grandes escenarios de los teatros. El concepto actual de flamenco surgió en las tabernas y en el ámbito de los cafés cantantes para alimentar las bocas hambrientas de los intérpretes tanto como la sed de entretenimiento del rico. El flamenco nació para ser admirado por curiosos, turistas y aficionados con necesidad de admirar algo nuevo. El flamenco surge con temática diversa: rica en amoríos, penas, pesares y hasta la propia muerte.

Los guitarristas y cantaores tenían poco más que un sombrero de catite para subir al escenario. Los vestidos de las gitanas se escogían de entre lo mejor que cada una disponía en su pobre perchero: una falda lisa y un mantoncillo o mantón de manila (en el mejor de los casos) eran suficientes para mostrar este arte. Y entonces ¿dónde estaban los lunares de las gitanas?

Los adelantos de la química y los mecanismos que dieron lugar al estampado sobre tejido ayudaron a difundir el estampado de lunares por las capitales de la moda europea en la época del mercantilismo proteccionista borbónico español. Durante el siglo XVIII en España se utilizaba de forma esporádica el método de estampación por hueco grabado que no daba resultados tan perfectos como la impresión con cilindros de cobre grabado que comenzaban a utilizarse en Inglaterra para estampar sobre tejido de algodón. De este modo, la introducción de diversos tipos de estampado, incluyendo el de lunares en lienzos extranjeros, estuvo prohibido de forma intermitente y dependiendo de la procedencia del lienzo, contribuyendo al negocio del estraperlo y creando confusión en la forma de aplicar las leyes.

Se llegó a prohibir la entrada de estampados de lunares extranjeros en las Aduanas desde el tres de mayo de 1792, para nacionalizar los lienzos que se importaban sin terminar para venderlos obteniendo mayores beneficios y promover la industria textil en territorio español.

Para acabar con este negocio de contrabando se redactó la Ley de Aduanas Aranceles e Instrucción (30/04/1841) en la que ya no constan los lunares extranjeros entre los artículos prohibidos, lo que supone un avance en el proceso que estamos analizando.

ISABEL II Y EL PROTOFLAMENCO. La bailarina internacional que más ayudó al florecimiento del flamenco en los teatros fue Marie Guy-Stéphan. Hasta entonces se habían bailado seguidillas, fandangos, olés y jaleos entre otros. Los aficionados a este arte se denominaban aficionados “al jaleo”. En 1843, la artista hizo posible la creación del primer cuerpo de baile flamenco que recrea el paso el Jaleo de Jerez que hizo en el Teatro del Circo. El baile flamenco surgió entre los jaleos populares y las recreaciones de danzas teatrales andaluzas para el disfrute del espectador.

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