Columnas
Ocurrió hace... 40 años

Las sedes del Parlamento de Andalucía

40 años de la constitución del parlamento autonómico andaluz

BERNARDO ESCOBAR PÉREZ
HISTORIADOR

Hace 40 años el Parlamento de Andalucía surgido de las primeras elecciones autonómicas comienza su andadura sin tener una sede propia. Una administración de nuevo cuño, sin referentes históricos en los que apoyarse, pero con la suficiente importancia política y dignidad institucional como para que los lugares que lo albergaran hasta el traslado a su sede definitiva fueran los más idóneos, representativos y acordes con el significado de la Institución. El Alcázar, el Palacio de la Audiencia y la antigua iglesia de San Hermenegildo en la ciudad hispalense fueron testigos de los primeros pasos de la Cámara andaluza hasta su traslado a la sede definitiva del Hospital de las Cinco Llagas.

El artículo 147 de la Constitución Española establece que los estatutos de autonomía deben incluir la denominación, organización y sede de las instituciones autónomas propias. En cumplimiento del mandato constitucional, el Estatuto de Autonomía para Andalucía aprobado en 1981 tendría que haber fijado la sede de la institución parlamentaria, pero no lo hizo de forma explícita, quizás por no provocar tensiones territoriales que pudieran retrasar la presentación del texto al Congreso. El Estatuto remitía a un acuerdo del propio Parlamento que se debía tomar en la primera sesión ordinaria y por mayoría de dos tercios. Se primaba la razón de urgencia y la fórmula escogida equilibraba a las diferentes provincias en la decisión. La primera sesión ordinaria del Parlamento de Andalucía se celebró el 30 de junio de 1982. El debate sobre la sede parlamentaria no estuvo centrado en argumentos histórico-políticos, cuestiones que podrían esgrimir varios lugares de Andalucía, sino en temas de índole práctica, accesibilidad y servicios. En el momento de la votación, de los 109 diputados que forman la Cámara, estaban presentes 107 (hubo alguna ausencia notable) y la propuesta sobre las sedes de las instituciones fue aprobada por 79 votos a favor, 24 abstenciones y 4 votos en contra. Así quedó fijada la ciudad de Sevilla como sede del Parlamento y el Gobierno, y Granada como sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Pero el problema no quedaba resuelto, ya que el Estatuto seguía sin cumplir lo dictado en la Constitución. La solución a este desfase viene dada por el proceso de reforma estatutario, culminado con la aprobación en referéndum y su publicación como Ley Orgánica 2/2007. Esta reforma fue la oportunidad para corregir y adaptar algunas partes del texto estatutario y ya en el artículo 4 se refleja de forma expresa que la sede del Parlamento es la ciudad de Sevilla. Volviendo al año 1982, tras fijarse por acuerdo parlamentario la sede de la Cámara en Sevilla, el problema consistió en su ubicación física, un lugar que debía estar a la altura del significado de la institución. Este problema no había pasado por alto ya que, antes de su primera sesión ordinaria, el Parlamento se había tenido que reunir en la sesión más solemne de aquel momento, la Sesión Constitutiva. Las primeras elecciones autonómicas se celebraron el 23 de mayo de 1982. Tras la publicación de los resultados, el Consejo Permanente de la Junta dispuso en el Decreto 31/1982 que los diputados electos quedaban convocados “para constituir el Parlamento de Andalucía el día 21 (de junio) a las once horas en los Reales Alcázares de la ciudad de Sevilla”.

Sesión constitutiva del Parlamento en el Salón de Tapices del Real Alcázar (21 de junio de 1982).

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El Parlamento de nueva creación no cuenta en esos momentos con los recursos ni la infraestructura necesarios para solventar el tema de la sede por sí mismo, por lo que acepta el apoyo de otras instituciones y en este caso el del Ayuntamiento de Sevilla, propietario de los Reales Alcázares desde 1931. Conviene recordar las palabras pronunciadas por D. Antonio Ojeda, primer presidente del Parlamento, en aquella Sesión Constitutiva: “Tenemos ante nosotros una labor gigantesca, una obra ingente para realizar […] partimos también de una situación material precaria, pues ni siquiera contamos con los medios mínimos necesarios para cumplir nuestro trabajo, pero tenemos una gran ilusión, una voluntad política firme y un pueblo decidido a ilusionarse y luchar por su autonomía, por solucionar sus problemas y por recuperar su dignidad”.
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