En el verano de 1571 el puerto de Sevilla vio partir una de las naves más extraordinarias que jamás habían surcado los mares. La galera Real de don Juan de Austria, hermano de Felipe II y capitán general de la Santa Liga, abandonaba el Guadalquivir rumbo al Mediterráneo. Su destino era ser la nave capitana de la coalición de reinos cristianos que iba a enfrentarse a la armada turca y frenar así su expansión hacia Occidente. La batalla tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en el golfo de Lepanto, y se saldó con la victoria de la Santa Liga. Pero no fue su innegable poder militar lo que hizo verdaderamente excepcional a la Real, sino el programa decorativo de tema pagano y mitológico realizado por los mejores artistas sevillanos de la época.
Media popa de la reproducción de la Real.
En el siglo XVI Sevilla estaba considerada como uno de los centros económicos y artísticos más importantes del mundo. La continua llegada de barcos procedentes de América cargados de especias, oro y plata, hizo recalar en la ciudad no solo a mercaderes, banqueros o comerciantes, sino también a artistas que, muchas veces llegados de otros lugares del imperio español, influenciaron con sus ideas artísticas al ambiente humanístico de Sevilla y, por ende, a sus más destacados miembros.
Sin embargo, este esplendor creativo se ceñía, al menos en lo que a grandes programaciones decorativas se refiere, al ámbito religioso. Si bien es cierto que son numerosos los escritores y poetas sevillanos que realizarán obras literarias de contenido pagano o mitológico, en la pintura y la escultura predominarán de forma absoluta los temas religiosos y de simbología cristiana.
No obstante, en 1569, una serie de hechos fortuitos harán que Sevilla se convierta en la sede de los trabajos decorativos de la galera Real y que los artistas sevillanos puedan dar rienda suelta a una creatividad basada en la mitología y el paganismo.
Aleta de estribor de la popa de la Real.
Felipe II necesitaba una nave capitana capaz de representar ese poder de forma incontestable