Columnas

La familia Butler y los irlandeses de Cádiz

Vivir en el Puerto de Indias en el siglo XVIII

Cádiz fue uno de los destinos preferentes de muchos irlandeses obligados a abandonar su país en Época Moderna debido a la dominación protestante de Irlanda. Las férreas leyes penales impuestas despojaron a muchos nobles de tierras, títulos y de la posibilidad de estudiar o ejercer la carrera militar si no renunciaban a la religión católica. Francia y España fueron dos destinos preferentes de estos desheredados por ser países tradicionalmente católicos. Una de las familias que decidieron establecerse en Andalucía, concretamente en la capital gaditana, fueron los Butler, cuyo pasado hunde sus raíces en la Irlanda del siglo XII, y de la cual todavía quedan miembros en la actualidad en esta ciudad y el resto de España, así como otros continentes, sin olvidar su procedencia del país celta.

LOURDES MÁRQUEZ CARMONA
HISTORIADORA

Escudo de la Familia Butler. Castillo de Kilkenny.

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Dos de los movimientos migratorios más importantes desde Irlanda en época moderna fueron los denominados “Vuelo de los Condes”, en 1607, y “Vuelo de los Gansos Salvajes”, en 1691, ya que, como las aves migratorias, los auto desterrados siempre pensaron que regresarían a su tierra, aunque para la gran mayoría esa situación no sucedió. Ello les llevó a rehacer sus vidas en los nuevos países de acogida, desempeñando la carrera eclesiástica, militar o comercial.

Esta tercera opción era la que Cádiz ofrecía a principios del siglo XVIII, como gran puerto de Indias desde 1717 con el traslado desde Sevilla de las instituciones de la Casa de Contratación y el Consulado de Cargadores de Indias, y el Decreto de Libre Comercio firmado en 1778.

Las oportunidades de progresar que brindaba el comercio con los territorios españoles en América hizo que las redes familiares y comerciales irlandesas, al igual que la de otras naciones, se establecieran en esta urbe del sur de España.

Cádiz se convirtió así en un puerto muy atractivo para jóvenes emprendedores, que se formaron en el mundo mercantil, viviendo en un círculo endogámico durante algunas generaciones y en la que varios de ellos establecieron sus familias. Sin embargo, con el paso del tiempo muchos de sus descendientes olvidaron su procedencia y la conciencia del rol que desempeñaron como conectores en un mundo ya globalizado en la actividad comercial del arco atlántico y con una gran dispersión geoespacial familiar.

Vista de Cádiz.

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La colonia de extranjeros de Cádiz en el XVIII
  • Los nuevos habitantes procedentes de otros países, establecidos en la Bahía de Cádiz, trabajaron para sí mismos o para consolidadas casas comerciales europeas. Formaron notables colonias de extranjeros: francesa, británica (inglesa e irlandesa), holandesa, hamburguesa, genovesa o portuguesa, etc. Mantenían costumbres de sus países de origen, y preferentemente un sistema endogámico de casamiento durante varias generaciones. Era un procedimiento de retroalimentación entre el clan y la casa comercial, formada por los miembros de la unidad familiar. Asimismo, la mayoría de esos grupos foráneos contaban en la ciudad con una representación consular para la defensa de sus intereses comunes. Habitaban en lujosas casas palacios, muchas de las cuales se conservan en la actualidad, decoradas con elementos de mármol que se hicieron construir en zonas concretas, especialmente cercanas al puerto, y coronadas por torres vigías desde las que ejercían el control del tráfico portuario. Actualmente constituyen un importante patrimonio arquitectónico que aún pervive en la ciudad de Cádiz y que son buena muestra del esplendoroso pasado que tuvo en el siglo XVIII. Una de ellas, la Torre Tavira, era donde el vigía oficial de la Marina controlaba todo el tráfico marítimo de la bahía gaditana.
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