A comienzos del mes de febrero de 1922 varios miembros del gobierno se reunieron, junto a altos cargos militares y navales, en el malagueño pueblo de Pizarra. El secretismo de sus sesiones fue completo, vigilándose cualquier fuga de información durante tres días. La prensa nacional quedó expectante ante sus resultados finales que iban a decidir el futuro de la política española en el Protectorado de Marruecos, tras lograr la reconquista de territorios perdidos en el verano del año anterior por el avance de los rebeldes rifeños.
Antonio Maura, presidente del Gobierno en la época de la Conferencia de Pizarra, en una escultura de Mariano Benlliure.
Tras el desastre militar de Annual, en el verano de 1921, que había supuesto la pérdida de control español de toda la zona Oriental del Protectorado de Marruecos, se formó un gobierno bajo la presidencia del líder conservador Antonio Maura. Casi todas las fuerzas parlamentarias constitucionales proporcionaron alguno de sus miembros para formar el gabinete de concentración nacional, entre cuyos objetivos destacó el proyecto de reconquista del territorio perdido, en manos de los beniurriagueles y sus cabilas aliadas.
Para ello, se invirtieron sobresalientes esfuerzos económicos y humanos, de tal manera que la campaña bélica se inició en el mes de septiembre desde Melilla, alcanzando sucesivos éxitos de manera imparable. El 10 de enero de 1922 se logró la ocupación de Dar Drius, posición cercana a la línea que había sido pérdida en el verano anterior.
La planificación de las siguientes operaciones implicaba la fijación definitiva del concepto de Protectorado. Y si las fuerzas políticas que habían apoyado la formación del gobierno Maura se habían mostrado unánimes en el desarrollo de un programa que restableciera el honor militar y el prestigio de España, mostraron su desunión en cuanto, aparentemente, se logró ese objetivo.
El presidente defendía la ocupación militar reducida a los puntos estratégicos de la costa marroquí, para realizar desde ellos una lenta, pero eficaz, proyección civilizadora. Dicho plan no excluía la necesidad de un control efectivo de la bahía de Alhucemas —idea defendida desde hacía años por varias personalidades militares— que lograra derrotar a las cabilas rifeñas rebeldes de forma definitiva, bajo la autoridad de su líder Abd el-Krim. Y es que Alhucemas era uno de esos puntos costeros estratégicamente decisivos. El ministro de la Guerra —el conservador Juan de la Cierva— se mostró como el más entusiasta de esta idea, que supondría proseguir el final la acción militar hasta sus últimas consecuencias.
El liberal Manuel González Hontoria, ministro de Estado y excelente diplomático, conocedor a fondo del problema marroquí, coincidió con Maura, mientras que el catalanista Francesc Cambó, al frente de la cartera de Hacienda, mostró sus reservas, desde la propia formación del gabinete, respecto a una operación militar en Alhucemas, sobre todo si era un desembarco.
Debe tenerse en cuenta que en la mente de todos los europeos se encontraba el desastre militar de Galípoli, ocurrido durante la Primera Guerra Mundial. Entre marzo y abril de 1915, fuerzas terrestres británicas y francesas desembarcaron en el estrecho de los Dardanelos, con apoyo de su armada, con el objetivo de derrotar a los turcos y lograr la ocupación de su capital, Constantinopla. La derrota de los aliados fue completa y su evacuación desastrosa, de tal manera que se cifró en 188.000 los muertos, heridos y desaparecidos. Si a ese impacto sumamos el recuerdo de Annual, no todos los militares y políticos españoles estaban convencidos de alcanzar un desembarco exitoso en Alhucemas. Era, indudablemente, una maniobra con riesgos.
TOMA DE ALHUCEMAS. El Consejo de Ministros se reunió el 30 de enero y el 3 de febrero de 1922, llegando finalmente a la conclusión unánime sobre la necesidad de realizar la toma de Alhucemas. Las diferencias se encontraron en el cómo y el cuándo de la operación. ¿Debía acometerse ese objetivo o se reservaba hasta lograr el dominio completo de la orilla derecha del río Kert, lo cual ni siquiera había logrado el general Fernández Silvestre, muerto en Annual? En el caso de abordar inmediatamente la conquista de Alhucemas ¿debía realizarse por mar o por tierra?