En el año 2020 se celebró el quinto centenario del nacimiento del artista baezano. Sin embargo, el estallido de la pandemia de COVID-19 provocó que muchas de las actividades previstas por la comisión creada al efecto por los ayuntamientos de Astorga y Baeza se tuvieran que anular, o bien retrasarse. Este es el caso del libro de Manuel Arias, actual Jefe del Departamento de Escultura del Museo del Prado, centrado en el gran artista andaluz del Renacimiento.
Se trata de un libro importante y esencial para conocer mejor la vida y la obra del baezano, sobre todo a partir de su regreso de Italia en 1557 hasta su fallecimiento en Madrid, en 1568. Esta publicación, de gran formato, está excelentemente ilustrada y ha supuesto un esfuerzo editorial notable digno del artista y de las instituciones que lo han financiado.
El autor hace un recorrido minucioso sobre la figura y la obra de Becerra, con gran aparato crítico, dando a conocer nuevas fuentes que permiten documentar más y mejor todo lo relacionado con los aspectos citados. La obra, además, nos permite comprender el proceso de trabajo de esta gran figura, que, si bien tuvo en sus comienzos la influencia del pintor Antón Becerra, su padre, su larga estancia en Roma y en Florencia lo puso en relación con grandes artistas del momento como Vasari o Volterra, seguidores de Miguel Ángel y con los que trabajó.
Fruto de esos trabajos y de la asimilación de la manera de hacer de los artistas italianos, a lo que se une su capacidad de trabajo y su bella plástica es la conformación de un artista recio y solvente que va a introducir en España el llamado Romanismo. El retablo mayor de la catedral de Astorga es un claro ejemplo de esta manera de concebir y llevar a cabo las nuevas aportaciones del Renacimiento. Además, su influencia en toda la mitad Norte del país fue extraordinaria en la segunda mitad del siglo XVI. En esta publicación se demuestra la manera de abordar la obra por parte del artista, que adopta el método italiano basado en la elaboración de dibujos a tamaño natural, la realización de modelos de bulto tridimensionales, lo que unido a su dominio del diseño a la italiana, y su gran capacidad de dirección y coordinación de un buen equipo de oficiales hacen posible concluir obras de gran alcance.
Arias Martínez, Manuel Gaspar Becerra en España (1520-15G8), entre la pintura y la escultura. Instituto de Estudios Giennenses y Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, Jaén, 2020, 495 pp.
Se presenta toda su producción desde el retablo de Berceruelo (Valladolid) hasta la obra póstuma del retablo de Santa María de Mediavilla de Medina de Rioseco, pasando por su obra magna de Astorga que lo retuvo en aquella ciudad desde 1558 a 1562 en que Felipe II lo llamó para hacerle importantes encargos como pintor real en el palacio del Pardo, en el palacio de Valsain y en el Alcázar Real de Madrid. En la torre de la Reina del Pardo se conservan sus bellísimos frescos con un programa iconográfico mitológico que venía a reforzar la posición del rey como triunfador en sus disputas con los protestantes. Se presentan otras obras de su producción y se referencian las atribuciones clarificando adscripciones y planteando dudas.
Es un artista grande, reconocido, pero con la desgracia de que muchas obras notables diseñadas por él se han perdido. Así todos los frescos del Alcázar de Madrid debido al incendio de 1734, o el retablo de las Descalzas Reales, en 1862.
Becerra fue un magnífico dibujante, pintor excelente y escultor que desarrolló un proceso de trabajo vertiginoso en la etapa final de su vida, coordinando a un importante equipo de colaboradores. Con tan solo 48 años falleció en Madrid y fue enterrado en la capilla que había adquirido en el convento de Nuestra Señora de la Victoria, hoy desaparecido.
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