Columnas
In memoriam

Mª José de la Pascua Sánchez, en su memoria (1956-2021)

Recordando a mi compañera

GLORIA ESPIGADO TOCINO
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz, Mª José de la Pascua, referente de los estudios de género de este país, falleció el pasado 21 de noviembre a la edad de G5 años.

Hacer el esfuerzo de recordar cuando la memoria tiende a ser esquiva para no aceptar la realidad. La realidad de que ya no estés entre nosotros. Jamás me vi en una como esta, en el esfuerzo de glosar la vida de una gran historiadora, de una persona intelectualmente brillante, pero, sobre todo, de una compañera y amiga entrañable. Es por ello que esta semblanza no la puedo hacer, me perdonarán, desde la objetivad que entraña una relación de méritos que, en el caso de Mª José, por lo demás, eran excelentes y sobrados. Me obligo a recordar y me veo como la joven becaria que era entrando en su despacho allá por 1989. Quién nos iba a decir que ese simple acto daba comienzo a una amistad que ha durado más de 30 años hasta que la muerte injusta y temprana nos ha privado de continuarla. Ella me atendió, como era, amable y cercana, aceptando leer el borrador de un artículo que le entregaba para conocer su criterio que yo valoraba como definitivo. El artículo, mejorado con sus anotaciones, se publicó en Trocadero, revista del Departamento, que ella dirigió entre 1991 y 2003. A partir de aquí, la Historia de las Mujeres nos unió académicamente en años continuados de trabajo y complicidad en infinidad de tareas compartidas. Lo primero fue, en los años en que en la Universidad española comenzaban a discurrir los estudios de género, con la creación de seminarios, grupos de investigación y asociaciones en las que participamos, la constitución del Grupo de Investigación “Género e Historia” del Plan Andaluz de Investigación. Grupo del que ella fue responsable desde su origen en 1995 hasta 2010, fecha en el que me cedió el testigo. Fueron años de una actividad intensa que contemplaría la organización de congresos, exposiciones y seminarios, como el V Coloquio de la Asociación Española de Historia de las Mujeres (AEIHM) en 1997, asociación a la que pertenecía desde sus orígenes, formando parte de su junta directiva entre 1992 y 2002; también el Congreso dedicado a la figura de Frasquita Larrea, en el 2000; o el que siguió en 2003, Mujer y deseo. Exposiciones como Mujeres emprendedoras, gaditanas de un siglo, sin olvidar los continuados proyectos de investigación que compartimos hasta el último que aún está en curso y falto ya de su magisterio.
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Fuera de los plenarios, frente al público académico, escenarios en los que inspiraba un sentimiento de respeto y admiración por sus relevantes intervenciones, tuve la fortuna de conocer su día a día como profesora e investigadora concienzuda e incansable en la trastienda de estos actos. Su libreta, repleta de anotaciones (con su letra afilada y diminuta), resistente al ordenador en primera instancia, rebosaban saber humanista, dado su conocimiento e interés no solo por la historia, sino por otras disciplinas que frecuentaba en sus lecturas y que enriquecían sus investigaciones. Horas de trabajo, de viajes, de conversaciones donde lo profesional y lo personal se confundían y me revelaban su excepcional calidad humana. Poseía un conocimiento experto y profundo de los contextos donde las subjetividades de la modernidad española se expresaban. La ciudad de Cádiz, en los años dorados del comercio indiano, le proporcionó el espacio privilegiado de estudio para sus grandes temas de reflexión histórica: la muerte, las migraciones, los afectos, la historia de las mujeres, etc. Ella supo ir del estudio de las mentalidades al canal abierto por la historia sociocultural, siendo pionera en nuestro país del análisis complejo de la historia de las emociones.
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