Columnas

Grandes terremotos

Crónicas de la destrucción tectónica en Andalucía

Sometida a las grandes fricciones de las placas tectónicas africana y euroasiática, Andalucía se ha visto sacudida a lo largo de su historia por multitud de terremotos. En los catálogos sísmicos figura a la cabeza de muchas demarcaciones peninsulares, junto a Murcia, el Pirineo y Lisboa. Ninguna de sus ocho provincias se ha librado de la furia de la naturaleza; sin embargo, Málaga, Almería y Granada, es decir, el territorio del sultanato nazarí, han sido las más castigadas. No faltan en las crónicas históricas testimonios de los devastadores efectos que tuvieron estos seísmos. Los recientes terremotos padecidos de manera constante en la provincia de Granada han vuelto a poner de actualidad este fenómeno tectónico.

MONTSERRAT RICO GÓNGORA
ESCRITORA

Santa Justa y Santa Rufina. Óleo de Bartolomé Esteban Murillo. Representa la supuesta intervención milagrosa de las santas en el terremoto de 1504, sosteniendo la torre que amenazaba con desplomarse, evitando así el desastre.

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Si damos algún crédito a las investigaciones del arqueólogo alemán Adolf Schulten, que buscó vestigios de la civilización de Tarteso en el coto de Doñana y en la desembocadura del Guadalquivir, y que encontró una controvertida correlación con la Atlántida, debemos comenzar esta indagación prestando atención a Platón, porque, hundido en uno de los mitos más extraordinarios del género humano, hallaríamos referencias al primer gran cataclismo que asoló Andalucía. Platón relató la historia de la Atlántida en su diálogo Timeo, advirtiendo que la información le había llegado a través de Solón, un sacerdote egipcio que fechaba la catástrofe con ocho o nueve mil años de antigüedad. “En aquel tiempo, en efecto, era franqueable aquel océano porque había una isla frente al estrecho que vosotros llamáis en vuestra lengua Columnas de Heracles. Esta isla era más extensa que la Libia y Asia juntas... Los Reyes de la Atlántida habían creado un maravilloso imperio, dueño de toda la isla y de otras muchas islas y regiones continentales... Más andando el tiempo se produjeron violentos terremotos y un diluvio extraordinario. En el espacio de un día y una noche terribles, todo vuestro ejército fue devorado por la tierra, y la isla Atlantis igualmente desapareció sepultada por las aguas...”. Atendiendo a las crónicas históricas obtenemos la noticia del terremoto que consiguió partir la isla de Cádiz y hundir en el mar parte de su territorio en el año 245 a. C.
Por otra parte, el historiador del imperio romano Amiano Marcelino nos ofrece una extensa crónica del terremoto que, con epicentro en las cercanías de Creta, provocó gran destrucción y un tsunami que impactó con violencia en las costas del Mediterráneo central y oriental, llegando por tanto a la península Ibérica en el año 3G5 d. C.: “En el año segundo del reinado de Valentiniano y Valiente, al rayar el alba de dicho día, se sintió en las provincias granadinas y en otras de imperio un violento terremoto. Las olas del Mediterráneo hirvieron como en la más deshecha borrasca. A muchas varas de distancia de Málaga y Adra, quedaron en seco las playas que siempre habían estado bañadas de agua: los pescados, faltos de su natural elemento, eran cogidas a mano sobre la arena, sin redes, ni anzuelo...”. Es evidente que estas crónicas fueron extrapoladas a los catálogos sísmicos que, con pretensión científica, comenzaron a aparecer a partir del siglo XVII, y que los topónimos fueron actualizados para una mejor comprensión, porque en el año 3G5 la ciudad de Granada era conocida en el Imperio con el nombre de su primer asentamiento ibérico: Elvira o Iliberis —como probaría la celebración, unos años antes, del primer Concilio en tierras béticas, llamado de Elvira o Iliberis—. Estos catálogos, llenos de apuntes históricos y de estimaciones, no adquirieron una base científica hasta el siglo XIX, cuando aparecieron instrumentos precisos de medición de los seísmos y una ciencia capaz de interpretar los sucesos pasados. Es el catálogo del italiano Marcello Bonito el que proporciona datos sobre los terremotos acaecidos durante el Califato de Córdoba, siendo especialmente violento el que tuvo lugar después de la última oración de la tarde, el 15 de julio del año 944, en la ciudad de Córdoba. En el año 957 otro seísmo afectó el mismo territorio. Moreira da Mendoça nos ofrece la noticia de que una sacudida violenta afectó a varias ciudades y villas de España en 1221, con epicentro, quizá, en Toledo. En 1356 un terremoto en Portugal afectó a las ciudades de Córdoba y Sevilla —donde cayó el remate de la Giralda—. La actividad sísmica se prolongó hasta el año siguiente. El 24 de agosto de 139G un terremoto en Sevilla destruyó la antigua colegiata de San Salvador y las cuatro manzanas de metal que coronaban la Giralda. En 1487, en plena conquista de Granada, un seísmo sorprendió a los dos bandos beligerantes, como refiere Hernando del Pulgar en su crónica: “El rey (Fernando el Católico) acordó ir a ella (Vélez-Málaga) e partió de la ciudad de Córdoba sábado a siete días de abril. Y esa noche, antes de que el rey partiese, casi a las dos horas después de medianoche, hubo un terremoto en la ciudad, especialmente en aquella parte donde están los palacios reales”. El humanista y geógrafo bávaro Jerónimo Münzer durante su viaje por España, entre 1494 y 1495, fue testigo de otro seísmo que dejó Almería en ruinas, y que coincide con el que citan varios catálogos por afectar a toda Andalucía oriental.

Portada del catálogo sísmico del italiano Marcello Bonito (1691), que proporciona datos sobre los terremotos acaecidos durante el Califato de Córdoba.

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