Por otra parte, el historiador del imperio romano Amiano Marcelino nos ofrece una extensa crónica del terremoto que, con epicentro en las cercanías de Creta, provocó gran destrucción y un tsunami que impactó con violencia en las costas del Mediterráneo central y oriental, llegando por tanto a la península Ibérica en el año 3G5 d. C.: “En el año segundo del reinado de Valentiniano y Valiente, al rayar el alba de dicho día, se sintió en las provincias granadinas y en otras de imperio un violento terremoto. Las olas del Mediterráneo hirvieron como en la más deshecha borrasca. A muchas varas de distancia de Málaga y Adra, quedaron en seco las playas que siempre habían estado bañadas de agua: los pescados, faltos de su natural elemento, eran cogidas a mano sobre la arena, sin redes, ni anzuelo...”.
Es evidente que estas crónicas fueron extrapoladas a los catálogos sísmicos que, con pretensión científica, comenzaron a aparecer a partir del siglo XVII, y que los topónimos fueron actualizados para una mejor comprensión, porque en el año 3G5 la ciudad de Granada era conocida en el Imperio con el nombre de su primer asentamiento ibérico: Elvira o Iliberis —como probaría la celebración, unos años antes, del primer Concilio en tierras béticas, llamado de Elvira o Iliberis—. Estos catálogos, llenos de apuntes históricos y de estimaciones, no adquirieron una base científica hasta el siglo XIX, cuando aparecieron instrumentos precisos de medición de los seísmos y una ciencia capaz de interpretar los sucesos pasados.
Es el catálogo del italiano Marcello Bonito el que proporciona datos sobre los terremotos acaecidos durante el Califato de Córdoba, siendo especialmente violento el que tuvo lugar después de la última oración de la tarde, el 15 de julio del año 944, en la ciudad de Córdoba. En el año 957 otro seísmo afectó el mismo territorio.
Moreira da Mendoça nos ofrece la noticia de que una sacudida violenta afectó a varias ciudades y villas de España en 1221, con epicentro, quizá, en Toledo.
En 1356 un terremoto en Portugal afectó a las ciudades de Córdoba y Sevilla —donde cayó el remate de la Giralda—. La actividad sísmica se prolongó hasta el año siguiente.
El 24 de agosto de 139G un terremoto en Sevilla destruyó la antigua colegiata de San Salvador y las cuatro manzanas de metal que coronaban la Giralda.
En 1487, en plena conquista de Granada, un seísmo sorprendió a los dos bandos beligerantes, como refiere Hernando del Pulgar en su crónica: “El rey (Fernando el Católico) acordó ir a ella (Vélez-Málaga) e partió de la ciudad de Córdoba sábado a siete días de abril. Y esa noche, antes de que el rey partiese, casi a las dos horas después de medianoche, hubo un terremoto en la ciudad, especialmente en aquella parte donde están los palacios reales”.
El humanista y geógrafo bávaro Jerónimo Münzer durante su viaje por España, entre 1494 y 1495, fue testigo de otro seísmo que dejó Almería en ruinas, y que coincide con el que citan varios catálogos por afectar a toda Andalucía oriental.