Columnas

Esteban Salazar Chapela

Un republicano andaluz en el exilio londinense

Esteban Salazar Chapela es sin duda uno de los escritores más olvidados de la España peregrina. Su posición republicana y liberal, moderada al fin y al cabo en medio de una guerra fratricida, provocó que su obra quedase sepultada bajo la losa del paso del tiempo. Tras la reedición de En aquella Valencia hace ya algunos años, la reciente publicación de Perico en Londres, una de sus novelas más destacadas, viene a salvar esa injusticia histórica y a poner en valor su testimonio, tras cumplirse el ochenta aniversario del exilio republicano.

CRISTÓBAL VILLALOBOS
ESCRITOR E HISTORIADOR
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Con motivo del ochenta aniversario del exilio republicano (1939-2019) la editorial Renacimiento editó por primera vez en nuestro país, la novela más representativa del olvidado escritor malagueño Esteban Salazar Chapela, Perico en Londres. Una obra en la que se describe a la perfección la vida y los personajes del exilio español en Inglaterra. Un testimonio de gran valor, de un escritor que las circunstancias históricas han relegado al más absoluto ostracismo, a pesar de haber sido un testigo privilegiado de buena parte de nuestra historia más reciente y de dejar varias obras de interés para nuestra memoria. Salazar Chapela nació en el número G1 de la malagueña calle Ollerías en el año 1900. En la ciudad andaluza estudió Magisterio y se relacionó con miembros de la Generación del 27, como Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, José María Souvirón y José María Hinojosa. Proseguiría sus estudios de historia en Barcelona. Dispuesto a triunfar en el mundo de la literatura, parte en 1925 a la capital de España, donde en poco tiempo se labra una reputación como periodista colaborando en medios prestigiosos como El Sol, La Gaceta Literaria, La Voz o Revista de Occidente, donde publicaría reseñas y artículos. Su inquietud intelectual le llevaría también a participar en famosas tertulias como la del Café Pombo, liderada por Ramón Gómez de la Serna, y sería contratado por la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones para realizar tareas editoriales. Corría la década de los veinte a los treinta. Francisca Montiel Rayo, editora y rescatadora de sus obras, sin cuyo tesón no hubiésemos reparado en este escritor olvidado, lo encuadra en la generación del 27, pero entre los prosistas, eclipsados por la enorme transcendencia de los poetas de este grupo. Sin embargo, como recoge el Dicciohario Biográfico de la Real Academia de la Historia, él mismo se incluía con guasa en la “generación Saaa”, junto a sus amigos Ayala, Arconada y Alberti. Francisco Ayala en Recuerdos y olvidos lo retrató de la siguiente manera: “era un malagueño muy inteligente, ingenioso, generosísimo y desafortunado”. Desde 1934 sería columnista de opinión en La Voz. Cuando estalla la Guerra Civil ya había publicado una novela de relativo éxito, Pero sin hijos (1931), donde relataba la proclamación de la Segunda República. Su republicanismo en la línea de Azaña le llevaría a trabajar, ya durante la contienda civil, en el Servicio Español de Información del Ministerio de Propaganda y a escribir en revistas militantes de izquierdas como El Mono Azul. También lo haría en el Boletín del Instituto Español, editado en Inglaterra, y para publicaciones sudamericanas como Informaciones o El Nacional, donde defendía la causa de la República desde una perspectiva democrática y moderada.
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