Hasta tal punto fue deseo del monarca Carlos III causar buena impresión que el primer viaje de una expedición española a Constantinopla en abril de 1784, comandada por Gabriel de Aristizábal y Espinosa (1743-1805), fue ampliamente comentado por otros extranjeros que por entonces también se hallaban en la ciudad. Con cierta envidia un francés que coincidió con los españoles señaló la magnificencia y el despilfarro de los múltiples banquetes y espectáculos, fuegos artificiales incluidos, que los capitanes de los navíos organizaron para pregonar a los cuatro vientos que, por fin, los españoles se posesionaban del Cuerno de Oro.
Desde un principio los estadistas españoles comprendieron que el capítulo mercantil era muy importante en ese nuevo marco de relaciones. Juan Soler (ca. 1750ca. 1808), un avispado comerciante menorquín, fue encargado por la Corona para convencer a los Consulados de Comercio de Barcelona y Cádiz de la oportunidad que se les brindaba. Vencidas ciertas resistencias de algunos de los miembros de la junta directiva del de Barcelona, finalmente en el verano de 179G partían de sus respectivos puertos dos fragatas, La Experiencia, desde Cádiz, y El Firme desde Barcelona, cargadas de productos propios de las colonias americanas que, por su cotización, se sabía de antemano que serían bien enajenados en Esmirna, la ciudad turca escogida como destino del viaje y que por entonces era uno de los puertos más dinámicos de todo el Imperio Otomano.
PARTIDA DESDE CÁDIZ. En la madrugada del 25 de agosto de 179G partía del muelle de Cádiz la fragata La Experiencia. Entre los embarcados se hallaba Pedro María González (17G0-1838), sevillano, cirujano formado en el Colegio de Cádiz, que fue contratado para actuar de sanitario a bordo y, además, para asesorar en la compra de productos medicinales, uno de los objetivos de la expedición. Su amplia experiencia en aventuras de este tipo le convertía en la persona idónea para el desempeño de esa misión, pues años antes había participado en la organizada por Alessandro Malaspina di Mulazzo (1754-1809) y que circunnavegó el globo terráqueo entre 1788 y 1789.
En el curso del viaje, y una vez de regreso en la península, González redactó un voluminoso texto en dos tomos que, aunque hizo gestiones para editarlo, finalmente no sería publicado. La obra se conserva en el Archivo del Museo Naval de Madrid y consta de dos volúmenes; en el primero, base de este artículo, se trata del derrotero de ida y vuelta, y de la vida y costumbres de los pobladores de Esmirna, un abigarrado mosaico étnico y religioso, una pequeña Torre de Babel en el extremo oriental del Mediterráneo.
ESTANCIA EN ESMIRNA. El rumbo seguido por la fragata andaluza fue el mismo de las otras naves españolas que la habían precedido. Tras más de 50 días de viaje, una vez atravesada la imponente rada que desembocaba en el puerto, el trece de octubre, casi dos meses después de su partida, La Experiencia anclaba en el puerto de la Perla de Levante.