MISIONEROS. Una importante contribución andaluza en el archipiélago vendría ofrecida por la labor de tres misioneros responsables de sendos trabajos históricos y lingüísticos. Pedro Chirino es un jesuita conocido por ser autor de una crónica sobre el archipiélago publicada en 1604, y ampliada con un manuscrito ligeramente posterior. Francisco Varo, aunque desarrollaría gran parte de su labor en el sur de China, aprendió chino en Manila. Esta formación resultaría clave para elaborar posteriormente sus vocabularios de chino, y su gramática Arte de la lengua mandarina (1703), fuentes clave para entender la lengua utilizada en el sur del continente en ese momento.
Por otro lado, Noceda se dedicó a perfeccionar los diccionarios de tagalo-castellano, considerándose hoy un referente de entre los realizados bajo el gobierno español. Estos trabajos lingüísticos deben considerarse como un medio clave para la administración hispana en ese momento, ya que la decisión de mantener las lenguas originales en el adoctrinamiento religioso requería de los misioneros de un amplio conocimiento de las lenguas locales. Así, la nómina de andaluces puede ampliarse con otros casos anteriores, aunque con menor impacto posterior, como son los agustinos Diego de Ochoa y Salazar, o Juan de Quiñones.
En este sentido, la utilización de Filipinas como punto intermedio de formación camino de China fue habitual, con casos tan destacados como el del mártir granadino San Juan Alcover (1694-1748), ahorcado en China. Si las lenguas supusieron un campo de exploración clave para el siglo XVII filipino, el conocimiento geográfico puede identificarse como uno de los intereses de la siguiente centuria. Los diferentes retos comerciales, y una presencia hispana más estable, requirieron de un conocimiento más detallado del archipiélago. En este sentido el mapa de Murillo Velarde de 1734 autor a su vez de los diez tomos de la Geographia Historica (1752), supone un hito para el devenir del archipiélago precediendo los esfuerzos realizados en otros espacios coloniales.
Mientras que la labor de los misioneros andaluces en Filipinas ha recibido atención por la crítica, mucho menos interés han suscitado algunos integrantes de la administración. Otro oidor sevillano, Ciriaco González Carvajal, sería responsable en 1781 de la creación de la Sociedad Económica de Amigos de Manila, desde la que se pretendía explorar las posibilidades de expansión comercial del archipiélago en el cambiante escenario internacional. Un caso similar es el del juez y alcalde de Nueva Écija y Cagayán, José Velázquez. Se trata de un notorio periodista e historiador, perteneciente a la generación de Joaquín Guichot o Amador de los Ríos, que al final de su carrera fue destinado al archipiélago.
FAMILIAS. Durante el siglo XIX, las intensas relaciones comerciales del archipiélago con la península llevaron a que diferentes familias mantuvieran miembros en ambos puntos, fortaleciendo un intercambio continuo. Un caso sería el de la familia Montilla, original de Puente Genil, con casos como el de Manuel Montilla Melgar (1816-1864), su sobrino Carlos Montilla Fernández (¿-¿) o la escritora Sofía Montilla (1851-¿1902?).
El campo de la literatura también incluye figuras tan destacables como injustamente olvidadas, como la del sevillano Manuel María Rincón, director de El Diario de Manila, promotor de la Academia Filipina de la Lengua Española, así como autor de Feudalismo; el granadino Francisco de Paula Entrala, o Sofía Montilla, redactora de El Demócrata, El Globo, o El Comercio de Manila, llegando a ser propuesta para formar parte de la Asociación de la Prensa Internacional, además de trabajar en Manila como actriz.