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Entre mares

El imaginario asiático en Andalucía

Ana Ruiz Gutiérrez
Universidad de Granada
El hallazgo de la ruta del tornaviaje y el definitivo asentamiento en las islas Filipinas sientan las bases que durante 250 años mantendrá unidos Manila y Acapulco, extenderá sus redes hacia otros enclaves americanos y culminará con la llegada a Sevilla de los ansiados productos asiáticos. Estas naves y esta ruta, conocida como “El Galeón de Manila”, desafiarán anualmente la inmensidad del océano en “el más largo y terrible de todos los viajes que se hacen por el mundo”, permitiendo un trasvase comercial y cultural entre tres continentes que cambiará la forma del ver y entender el mundo. Esta “primera globalización”, que mantuvo en contacto las dos orillas del Pacífico, permitió el intercambio entre regiones distantes y diversas, de personas, objetos e ideas, incidiendo de forma inevitable en la conformación de sus realidades sociohistóricas. A través del Galeón de Manila se intercambiaban una suerte de géneros de toda índole, desde los pertrechos para la navegación y avituallamiento para la tripulación, hasta las ansiadas mercaderías asiáticas a las que le daremos seguimiento en Andalucía. Se iniciaba el embarque con el matalotaje imprescindible para el pertrecho de las naves. Por un lado, el abasto para la embarcación, principalmente materias primas como lona y agujas calzadas de acero, así como suministros militares para la defensa. Por otro, el abasto para la tripulación, víveres castellanos como el aceite, la harina, el vinagre y el vino, dieta seca como la almendra, la avellana, bizcocho, haba, garbanzo, jamón, lenteja, pasa, pescado seco y tocino, además de dulces, almíbares, chocolate, etc. Así como productos castellanos, tejidos, libros y papel, materiales para la curación, además de pertrechos navales y militares. Como curiosidad, comentar que entre la gambuza de la expedición de Fernando de Magallanes, con la que dio la vuelta al mundo, se encontraban productos andaluces, desde las anchovas malagueñas, ganado sanluqueño, vinos de Jerez y vinagres de Moguer (Huelva), así como uvas pasas de Almuñécar (Granada). Productos que se implementarían en las expediciones venideras a cambio de productos asiáticos y novohispanos así como de las afamadas especias. Una vez asegurado el avituallamiento se cargaban un sinfín de productos provenientes no solo de Filipinas, sino de China, Japón, Indonesia, Siam, Birmania y hasta de las lejanas tierras de Ceilán, India y Persia. De China fundamentalmente sedas crudas y manufacturadas, tafetanes, muselinas, mobiliario, así como abanicos y porcelanas propios y elaborados para la exportación; de Japón, mobiliario lacado y con incrustaciones de concha, objetos de plata, porcelana y tejidos naturales, como la fibra de abacá, objetos de oro y esculturas de eboraria de Filipinas. Así como de Camboya, el marfil; de Indonesia, la pimienta, el clavo y la nuez moscada; de Siam, el benjuí; de Birmania, las ánforas de Martabán; de Ceilán, los diamantes y la canela; de la India, las telas de algodón y las piedras preciosas y de Persia, tejidos y alfombras. Con objeto de fomentar la explotación de los recursos de las islas, la Real Compañía de Filipinas estableció un departamento científico a cargo del botánico Juan de Cuéllar, que además de explorar las virtudes de la pimienta o la canela del archipiélago, envió toda una serie de muestras de diversa índole (plantas, maderas, marfiles, tejidos, muebles, aguadas, bezoares, figuras de esteatita, etc.) a la atención de la corte de Madrid. Si bien es cierto que en 1765 fue la Armada Española la que comenzó la ruta directa de Filipinas con España, no fue hasta la fundación de la Real Compañía de Filipinas en 1785, cuando se regulará este circuito. Así las mercaderías desembarcarían en la metrópoli por una doble vía, la que atraviesa México y el Atlántico y la que enlaza directamente Manila con Cádiz a través del Cabo de Buena Esperanza sin pasar por Nueva España.
Puerta de Asia

En el marco de las conmemoraciones del V centenario de la primera vuelta al mundo llevada a cabo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, que se iniciaron en el año 2019 y se extenderán hasta el 2022, pretendemos visibilizar la relevancia que tuvo este acontecimiento histórico en el intercambio artístico global, incidiendo en el contexto andaluz. Desde la búsqueda del paso entre el Pacífico y el Atlántico por Vasco Nuñez de Balboa en 1513, hasta la ansiada conquista del camino de ida y vuelta hacia Asia por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, junto con el establecimiento de la ruta comercial transpacífica de la Nao de China por Andrés de Urdaneta. Tragedias y éxitos han conformado la historia marítima hispánica, definiendo geografías navegables que transformaron definitivamente los confines del orbe conocido.

A través del Galeón de Manila se intercambiaron géneros de toda índole: pertrechos para la navegación, avituallamiento para la tripulación y mercaderías asiáticas que llegaron a Andalucía.

Anónimo. Arqueta indoportuguesa, siglo XVI.

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Todo ello repercutió en una mayor cantidad de objetos transportados y en una mayor variedad de los mismos. Así, a los marfiles de temas devocionales y a las porcelanas para usos suntuarios se sumaron otros artículos como los abanicos de diversos materiales (de carey, de laca, de hueso, de marfil) o los famosos mantones de Manila, confeccionados con seda china. Al igual que ocurriera en México, también en España el influjo oriental, paralelo al gusto por las chinoiseries del resto de Europa, se manifestará no solo en el mayor consumo de objetos procedentes de Asia, sino también en una serie de producciones propias, ejemplificadas singularmente por los gabinetes de porcelana de los pa-lacios de Aranjuez y Madrid o por la porcelana de diseño oriental de Alcora o del Buen Retiro. Ajuares domésticos, tejidos y ornamentos litúrgicos, eboraria hispanofilipina y piezas singulares, como piedras bezoares, colmillos de diversos animales, e incluso elefantes vivos, llegaban desde China, Japón y otros puntos de Asia, a través de la ruta transpacífica del Galeón de Manila, conformando en la actualidad un rico patrimonio actualmente disperso en colecciones públicas y privadas de Andalucía, y en la mayoría de las ocasiones de difícil accesibilidad. MENAJE DOMÉSTICO. En el grupo de enseres diarios, no por ello menos valiosos, destacan los elaborados en materiales de calidad, principalmente plata, porcelana, maderas nobles y seda. En plata, se distinguen los utensilios domésticos como palanganas, platones, platillos y bandejas, entre otros. Como menaje de casa y ropa de cama, encontramos mantelerías, sábanas, colchas y, más ocasionalmente pabellones y colgaduras, generalmente de seda procedente de China o algodones de la India. El flujo de mantas y esteras fue constante, siendo las más valoradas las de Ilocos, que generalmente se vendían bien en el puerto de destino, aunque también servían para guarnecer los objetos delicados en las bodegas de las naves, envolviendo tibores y loza fina. De los petates y esteras poco se conoce, realizadas en fibras naturales son escasos los ejemplos que se conservan, precisamente por la fragilidad del material. En Écija se conservan las únicas esteras conocidas hasta el momento en Andalucía, donadas por doña Francisca Javiera de Nieto, esposa del ecijano don Rafael María de Aguilar y Ponce de León, gobernador de las islas Filipinas de 1793 a 1806. Elaboradas de palma natural y teñidas en rojo y verde, estas excepcionales alfombras conservan aún las inscripciones que aluden a su donante, la señora gobernadora doña Francisca Javiera de Nieto, dándonos una idea de la relevancia de la pareja en las islas.

Tibor. Dinastía Qing, reinado del emperador Quianlong (1735-1746), China.

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Una vez asegurado el avituallamiento, se cargaban en él un sinfín de productos provenientes de Filipinas, China, Japón, Indonesia, Siam, Birmania y hasta de las lejanas tierras de Ceilán, India y Persia.

Otro conjunto importante de mercancías asiáticas en Andalucía es el mobiliario. En los listados aparecen reflejados escritorios, escribanías, arcas, baúles y cajas, e incluso mesas y armarios. No todo el mobiliario se remitía desde Japón. En los inventarios aparece otro conjunto importante en número, que son los ejemplares chinos: “baúl maque negro de China y dentro de él una colgadura de raso grana bordada de seda de china, un baúl de maque con 100 libras de canela de China”, recoge el registro de carga de la fragata Palas procedente de Manila (Filipinas), que llegó a Cádiz en 1772. También de la India se transportaron muebles de diversa índole que llegaban a Manila a través de la presencia de los portugueses en Goa, Malaca y Cochin. De la región de Gujarat son recurrentes las arquetas de madera con láminas de madreperla engastadas en plata del siglo XVI, como las que se custodian en multitud de conventos y parroquias de Andalucía, como en el con-vento de Santa Isabel de Marchena.
Porcelanas, barros y vidriados asiáticos fueron los grandes protagonistas de los hogares de familias nobles, incluso por supuesto de la familia real, principalmente a partir del siglo XVIII con la conexión directa de la Real Compañía de Filipinas con Cádiz, aunque tenemos constancia de su llegada desde el siglo XVI. Tazas, platos, platillos, poncheras, escudillas, frascos, dulceras, salseras, soperas, vinagreras, en su mayoría “de China” pero también de Japón, formaban parte del menaje de estas casas. La mayor parte de la porcelana se elaboraba en los alfares chinos de Jingdezhen (provincia de Jiangxi), mientras que las piezas japonesas se elaboraban en los alfares de Arita, en la prefectura de Saga al norte de la isla de Kyūshū. La porcelana china llegaba a Cádiz embalada en cajones por la vía filipina, que antes se había distribuido en México y en otros territorios americanos. Las colecciones más relevantes en este sentido han sido propiedad de la realeza. Un ejemplo de ello es la colección de Isabel de Farnesio que en parte se puede contemplar en el palacio de la Granja de San Ildefonso, y que se adquirió en el puerto de Cádiz durante los años que la familia real pasó en Andalucía, (1729-1733), adquiriendo no solamente vajillas de porcelana conocidas como de exportación, generalmente blasonadas con el emblema familiar, sino también otros objetos como lacas chinas, biombos, abanicos, etc. En Andalucía procedentes tanto de China como de Japón, se encuentran piezas de gran interés, como una pareja de tibores chinos de la dinastía Qing, reinado del emperador Quianlong, entre 1735-1746 pertenecientes a la familia rosa, que ornamenta la capilla de San Miguel de la catedral de Granada gracias al mecenazgo del arzobispo Juan Manuel Moscoso y Peralta (Arequipa, Perú, 1723-Granada, 1811), que ocupó la silla arzobispal desde 1789 hasta su fallecimiento. EL CONFLICTO DE LA SEDA. La presencia de seda cruda y manufacturada que desde China se embarcaba en los cargamentos del Galeón supuso una constante tensión y por ende un conflicto de intereses con la seda peninsular, especialmente andaluza, procedente de Granada y de Sevilla, ya que su llegada masiva se hacía a bajo coste. Chaúles, estameñas, encajes, terciopelos, muselinas y rasos convivían por tanto con la estrella de los tejidos por excelencia en este intercambio mercantil, la seda. Múltiples manufacturas textiles asiáticas para la vestimenta en forma de sayas, casa-cas, ceñidores, jubones y hasta quimonos de Japón, se recuperan en los inventarios de Manila y cargamentos del Galeón. Sin olvidarnos de los ornamentos de seda para la liturgia, conservándose bastantes ejemplos de casullas y ternos completos. En Andalucía, por ejemplo, existen excepcionales ejemplares en la iglesia de la Santa Cruz de Écija.

Otro conjunto importante de mercancías asiáticas en Andalucía es el mobiliario. En los listados aparecen escritorios, escribanías, baúles, cajas, mesas y armarios procedentes de China y también de Japón.

Mantón de Manila y su caja. Dinastía Qing (1644-1911). China.

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El complemento por excelencia en la vestimenta femenina son los mal llamados mantones de Manila, que provenían en realidad de las fábricas de China y adoptaron el nombre del puerto del que parten hacia la península, tras el establecimiento de la Real Compañía de Filipinas en el siglo XVIII. Pronto dejó de ser un objeto de lujo vinculado a la burguesía para ser adaptado gracias a las trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, convirtiéndose en insignia de la mujer andaluza. Otro de los accesorios cotidianos en los registros del Galeón, fue el abanico, desde los realizados con plumas de pavo real, carey, hueso, madera de sándalo, bambú, oro, marfil, a los conocidos elaborados para la exportación, como de “mil caras”, por la superposición de finas láminas de marfil para los rostros de los personajes que aparecen decorando el país, destacando el minucioso trabajo que se hace en el varillaje, del mismo material, aunque en ocasiones nos podemos encontrar la utilización de nácar o carey. No cabe duda de que las joyas fueron objeto de deseo desde la llegada de los españoles al archipiélago, cuando contemplaron admirados los adornos de oro con los que se adornaban el cuerpo los tagalos ya desde época prehispánica. Una gran colección de estos cinturones, cadenas y pendientes, junto con máscaras funerarias y esculturas, se conserva en el Museo Ayala de Manila en Filipinas. Brazaletes, cadenas, anillos y cruces de oro, se adornaban con piedras preciosas y perlas, junto con rosarios, relicarios, decenarios, vinajeras, cálices y custodias complementando los ornamentos litúrgicos, elaborados de maderas, plata, oro y tumbaga, fueron usuales en los registros de las embarcaciones. Algunos ejemplos de cálices y otras piezas de filigrana, en ocasiones difíciles de identificar, se custodian en parroquias sevillanas como en la iglesia de Santa María la Blanca. MARFILES. Insuficientes son las referencias de artes plásticas en los embarques. Estampas, láminas, esculturas de marfil y algún cuero pintado, de China, Japón o elaboradas en Filipinas, aparecen entre los embargos de las residencias e inventarios de galeones. Aunque felizmente aún se conserva en territorio andaluz una acentuada huella artística asiática gracias a la eboraria hispanofilipina, esculturas muchas de ellas que se encuentran en la actualidad en los lugares para los que fueron donadas. Indudablemente, la trascendencia de Andalucía occidental, principalmente de Sevilla y Cádiz en el comercio con las Indias Occidentales y Orientales, supuso que hoy en día podamos contemplar la mayor parte de las piezas hispanofilipinas en ambas ciudades, no solo en colecciones particulares de familias nobles, sino formando parte del patrimonio eclesiástico, como el caso de la comunidad franciscana del monasterio de Loreto de la localidad sevillana de Espartinas, donde se encuentra un espectacular cristo moribundo de marfil.
Biombos
  • Del mobiliario lacado japonés, el mueble por excelencia que circuló en la ruta del Pacífico fue el biombo. Así lo destacaba el sevillano Antonio de Morga (Sevilla, 1559-Quito,1636), oidor en las islas Filipinas y presidente de la Audiencia de Quito en su obra, Sucesos de las Islas Filipinas “(...) de Japón, vienen asimismo cada año del puerto de Nagasaki (...) harina de trigo, muy buena para el abasto de Manila, cecinas estimadas; algunas sedas tejidas de matices, curiosas, biombos al óleo y dorados, finos y bien guarnecidos”.

Anónimo. Abanico "mil caras". Dinastía Qing (1644-1911). China.

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Aunque como obras singulares, no podemos dejar de mencionar los curiosos ejemplares de los patronos de Cádiz, San Servando y San Germán que se custodian en el museo catedralicio gaditano, piezas ya del XIX, donde se combina la técnica de la talla en madera con la eboraria en las extremidades y el rostro. Además de la Sagrada Familia de la parroquia de San Sebastián de Higuera de la Sierra en Huelva. Por lo que respecta a Andalucía oriental, en Granada, destacan piezas como un Niño Jesús bendiciendo, una Santa Rosa de Lima, además de varios crucifica-dos, localizados en la basílica de San Juan de Dios y en el archivo-museo Casa de los Pisa. Así como varios cristos crucificados de marfil en la catedral de Málaga además de un cristo moribundo y unas excepcionales esculturas, por la magnífica conservación de su policromía, de San José y el Niño, que formaban parte de una Sagrada Familia, en la catedral de Jaén. Por fortuna, tras la finalización de esta ruta transpacífica en el siglo XIX, coincidiendo por la pérdida de las posesiones españolas de Ultramar, se siguieron implementando las colecciones andaluzas con piezas procedentes de Asia, destacando colecciones particulares tan diversas como la que conformó el padre Fernando García Gutiérrez S.J. para la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla o como la que se conserva en la Fundación Rodríguez Acosta gracias al pintor granadino, implementada por la del Instituto Gómez-Moreno. Así como la que se conserva de pintura academicista filipina en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, gracias a la donación del pintor y diplomático cordobés decimonónico Ángel Avilés y Merino, aunque la más conocida siga siendo España guiando a la Gloria a Filipinas de Juan Luna y Novicio (1857-1899), depositada por el Museo del Prado en el Ayuntamiento de Cádiz. El estudio del arte asiático en Andalucía nos aporta evidencias claras de la relevancia de este acervo artístico en el patrimonio cultural andaluz que siguiendo la estela de la nao de China singularizó nuestra comunidad para siempre con la querencia por la perla de Oriente.

La porcelana china llegaba a Cádiz embalada por la vía filipina. Antes se había distribuido en México y en otros territorios americanos. Las colecciones orientales más importantes fueron las de la realeza.

Anónimo. San José y el Niño, Filipinas, siglo XVII. Catedral de Jaén.

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Más información
  • Alfonso Mola, Marina y Martínez Shaw, Carlos (coords.)
    — Oriente en Palacio. Tesoros asiáticos en las colecciones reales españolas.
    Patrimonio Nacional, Madrid, 2003.
  • Estella Marcos, Margarita M. y Pérez de Tudela, Almudena
    — “Los relieves y esculturas de alabastro y marfil en la catedral de Jaén” en Galera Andreu, Pedro A. y Serrano Estrella, F. (coords.). La catedral de Jaén a examen II. Los bienes muebles en el contexto internacional.
    UJA Editorial, Jaén, 2019, pp. 107-125.
  • García León, Gerardo
    — “Esteras de origen filipino en Écija”,
    en Laboratorio de Arte 12, 1999, pp. 323-332
  • Krahe Noblet, Cinta y Simal Ló- pez, Mercedes
    — “Ornato y menaje de la China del Ja- pón en la España de Felipe V e Isabel de Farnesio (1700-1766)”
    en Cuadernos dieciochistas, XIX, 2018, pp. 9-51.
  • Morales, Alfredo J. (dir.)
    — Filipinas. Puerta de Oriente. De Legazpi a Malaspina.
    SEACEX, Manila/San Sebastián, 2003.
  • Morga, Antonio de
    — Sucesos de las Islas Filipinas. México: Cornelio Adriano César, 1609. Reeditada con prólo- go de Patricio Hidalgo Nuchera.
    Polifemo, Madrid, 1997.
  • Ruiz Gutiérrez, Ana
    — El Galeón de Manila. 1565-1815. Relaciones artísticas entre España y Filipinas.
    Alhulia-Universidad de Granada, Granada, 2016.