EL TRUEQUE. Con la ocupación alemana de Francia, Franco decidió mover su diplomacia aprovechándose de la debilidad francesa y de sus buenas relaciones con el gobierno de Berlín. La intención era que Francia procediese a la devolución de varias obras de arte españolas, destacables por su valor simbólico y propagandístico, como señalaremos más adelante.
Uno de los primeros movimientos fue la designación, el 3 de julio de 1940, de Francisco Iñiguez Almech, como comisario general del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional. Unos meses más tarde, el 24 de septiembre de 1940, el embajador español en París, José Félix de Lequerica (1890-1963), escribió al ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (1901-2003), y cuñado de Franco, comunicándole que ya habían realizado los contactos con los directores de museos franceses para recobrar obras de arte de especial interés para España. Pero ¿cúales eran las obras de arte que tanto interés tenía Franco en recuperar? Encabezaba la lista de reivindicaciones la Dama de Elche seguida de obras pictóricas tan destacables como la Inmaculada de Murillo. Las obras de arte reclamadas formaban un conjunto heterogéneo, ya que a las dos mencionadas hay que añadir el tesoro visigodo de Guarrazar, los capiteles de Montealegre, el estelón de Tajo Montero, y varios documentos procedentes del Archivo General de Simancas.
En un principio el gobierno francés de Petáin se mostró renuente. Hay que reseñar que existe un cierto paralelismo entre Franco y Petáin, puesto que sus biografías son muy similares. Ambos eran militares profesionales, sus infancias transcurrieron en un ambiente muy conservador, eran muy religiosos y participaron en guerras que los encumbraron en sus respectivos países. Petáin tras la batalla de Verdún (1916), durante la Primera Guerra Mundial, se convirtió en un verdadero héroe para los franceses, mientras que Franco, en el transcurso de las guerras coloniales en Marruecos, alcanzó bastante popularidad. El mariscal francés y el general español se conocían personalmente desde la Campaña de Alhucemas (1925) en Marruecos. Parece que había un buen entendimiento entre ambos militares, que se estrechó cuando el gobierno de la República francesa nombró a Petáin como embajador ante el gobierno de Franco en el periodo 1939-40.
El contexto internacional influyó notoriamente en el ambiente de las negociaciones entre Francia y España. El 23 de octubre de 1940 Hitler se entrevistó con Franco en la estación de Hendaya. Sobre este célebre encuentro se han derramado ríos de tinta buscando la mejor interpretación. Franco, interesado en participar en la guerra pero limitado por las carencias de un país en posguerra, pidió concesiones territoriales a costa de Francia (Marruecos francés, parte de Argelia y la ampliación de la Guinea española). Hitler rechazó las exigencias españolas puesto que al día siguiente tenía concertado una entrevista con Petáin en Montoire. En este encuentro el mariscal francés y jefe de Estado de la Francia de Vichy emprendió el camino de la “colaboración” con la Alemania hitleriana. Franco no consiguió su imperio colonial a costa de la vencida Francia pero sí obtuvo un éxito propagandístico con la devolución de varias obras de arte españolas.
Una pintura, en especial, sobresalía entre el listado de reivindicaciones españolas. La conocida por todos como Inmaculada de Murillo fue un encargo del canónigo Justino de Neve (1625-1685) posiblemente para su oratorio privado. El destino de la Inmaculada de Murillo fue tortuoso puesto que, durante la Guerra de Independencia (1808-1814), salió de España en manos del mariscal Soult en 1813 y fue depositada en el Museo del Louvre. Así pues se considera que la pintura de Murillo salió de España producto del saqueo de las tropas de Napoleón, es decir, en un acto de guerra. Es lo que refería Hernández Díaz en su escrito: “Sabido es que una de las consecuencias más lamentables de la dominación francesa en nuestra patria, fue el éxodo de obras de arte a la nación vecina (...)”. Se recuerda que el 6 de noviembre de 1940, el mariscal Phillipe Pétain recorrió las salas del Museo Ingres de Montauban, cerca de Toulouse, donde estaban expuestas varias obras de arte valiosas, procedentes del Louvre, trasladadas allí, para alejarlas de París y los posibles bombardeos sobre la capital francesa. Una anécdota refleja la incredulidad del jefe de estado francés ante la pintura de Murillo. Petáin se detiene ante la Inmaculada de Murillo, y observa con detalle los numerosos angelitos que rodean la figura de la Virgen María. Después de observar el cuadro el militar francés exclamó a modo de despedida: “¡Tantos angelitos para una Virgen!”.
Las negociaciones franco-españolas continuaban a buen ritmo. En el lote de devolución, aparte de la Dama de Elche, también se reclamó un importante número de esculturas ibéricas, custodiadas en los almacenes del Museo del Louvre procedentes de los yacimientos españoles de Osuna, Elche, El Salobral y Agost. También devolvió Francia 51.000 documentos procedentes del Archivo General de Simancas que fueron confiscados por Napoleón y trasladados a Francia. El 25 de noviembre de 1940 el Consejo de Ministros español autorizó al director general de Bellas Artes para que prosiguiera las gestiones de forma oficial y dictaminó el conjunto de obras francesas y españolas que integrarían el intercambio.