Este exótico itinerario no podría haber sido posible sin las exploraciones que desafiaron la frontera oriental. En este aspecto, Manchado López describe los primeros contactos con las nuevas tierras, así como las fundaciones y asentamientos. Tras el levantamiento de Manila -la ciudad más cosmopolita del Imperio Hispánico- comenzaba una vida, condicionada por la insularidad y su alejamiento con los centros de poder, donde se aspiraba a vivir como en cualquier localidad de Andalucía. La rica nómina de andaluces que ejercieron destacadas labores en aquellas tierras todavía está patente en diversos campos, como expresa Luengo Gutiérrez. Este impacto andaluz no solo se aprecia en la historia sino también en la toponimia filipina, que, en muchos casos, permanece vivo oralmente en las familias de la Comunidad Autónoma, incluso en sus colecciones documentales y artísticas.
El tráfico de arte entre Andalucía y Asia es el que centra la atención de Ruiz Gutiérrez. La incidencia del Patrimonio Oriental como legado en nuestra región es una investigación novedosa. Al margen del sincretismo en las manifestaciones de ambos extremos del imperio, Oriente y Occidente, también fue un puente artístico que logró un intercambio cultural, en el que destacan las porcelanas y otros objetos extremorientales. Estos restos materiales también se evidencian desde el plano humano, como Fernández Gómez ilustra, cuando las tierras andaluzas fueron testigo de la llegada de una embajada japonesa en 1614. Esta comitiva se alojó en Sanlúcar de Barrameda, Coria y Sevilla, conociendo los nipones Córdoba a su paso hacia Madrid, toda vez que a su retorno algunos de sus componentes quedaron en tierras de Coria, dando origen al apellido Japón.
A finales del siglo XIX las relaciones andaluzas y asiáticas entraron en una nueva etapa. La independencia de Filipinas está llena de hechos históricos protagonizados por andaluces, a los que dedica su trabajo Hidalgo Nuchera, al hablar de los verdaderos "últimos de Filipinas" 9 los prisioneros en manos de los tagalos al término de la contienda hispano-norteamericana. En su estudio resalta la labor del médico sevillano Rubiano Herrera, en cuyas memorias procuró no olvidar el cautiverio sufrido.
En el actual siglo XXI y al igual que hizo en su día el anterior doctor, el Centro Hispano-Filipino de Laujar de Andarax se esfuerza por recordar la historia común de Andalucía y Asia, trabajo que elaboran quienes subscriben esta introducción. Esta institución, que gira en torno a la figura del almeriense Pedro Murillo Velarde, entre cuyas muchas facetas se esforzó por divulgar la geografía asiática, tiene como fin primordial el intercambio cultural entre dos mundos estrechamente vinculados por quinientos años de historia común.