Columnas

Andalucía ante el Desastre de Annual

Un verano de hace cien años

1921 es para muchos españoles el año del Desastre de Annual, episodio ocurrido en la zona oriental del Protectorado español de Marruecos. Entre el 21 de julio y el 9 de agosto de ese año la comandancia general de Melilla colapsó ante el ataque de los rifeños de Abd-el-Krim. El 21 cayó Igueriben y al día siguiente Annual. A partir de entonces se inicia una desastrosa retirada; las posiciones fueron cayendo y el general Navarro consigue acogerse en el Monte Arruit; allí se defenderán 3.000 hombres hasta el 9 de agosto. Ese día fue masacrada casi toda la guarnición.

Pedro Luis Pérez Frías
Academia Andaluza de la Historia

La reocupación de Monte Arruit puso de manifiesto la magnitud de la tragedia.

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El año 1921 es para muchos españoles el del Desastre de Annual, episodio bélico ocurrido en el Norte de África, en la zona oriental del Protectorado español de Marruecos. Entre el 21 de julio y el 9 de agosto de ese año, el sistema defensivo y de ocupación establecido por el general Manuel Fernández Silvestre en el territorio de la comandancia general de Melilla, que él mandaba, colapsó y se desintegró ante el ataque de los rifeños dirigidos por Abd-el-Krim. El 21 cayó la posición de Igueriben y al día siguiente la de Annual; a partir de entonces se inicia una retirada que muy pronto se convierte en desbandada; las posiciones fueron cayendo en manos de los rifeños, hasta que el general Navarro y Ceballos-Escalera consigue acogerse a la de Monte Arruit, a 30 kilómetros de la plaza de Melilla: allí se defenderán 3.000 hombres hasta el 9 de agosto. Ese día, tras negociar la rendición, salen los españoles del campamento; los oficiales son apartados y, acto seguido, comienzan los rebeldes a disparar contra la tropa, masacrando a casi todos los efectivos.
Como indicaría el ministro de la Guerra, el vizconde de Eza, en una de sus primeras declaraciones a finales de julio, los hechos de Melilla constituyeron un desastre, que terminaría siendo conocido como “Desastre de Annual”, y tuvieron su antecedente inmediato en la pérdida de otra posición, la del monte Abarrán, el 1 de junio anterior. En esos dos meses y medio el ejército español en Marruecos, denominado oficialmente “ejército de España en África”, sufrió cerca de 13.000 bajas, muchas de ellas fueron de fallecidos o desaparecidos. A principios de ese año Andalucía estaba dividida, en cuanto a la cuestión castrense se refiere, entre tres regiones militares. La provincia de Jaén pertenecía a la primera, con capital en Madrid; la de Almería formaba parte de la tercera, cuya cabecera estaba en Valencia; y las restantes seis provincias conformaban la segunda región militar, cuya capital era Sevilla. El capitán general de esta última era el teniente general Salvador Arizón y Sánchez Fano. A sus órdenes estaban varios regimientos de las cuatro armas, Infantería, Caballería, Artillería e Ingenieros, y algunas unidades de Sanidad e Intendencia; acuartelados en distintas ciudades. La autoridad militar en cada una de las ocho provincias estaba a cargo de los gobernadores militares, todos generales excepto en el caso de Huelva y Jaén que eran coroneles; además, existía un noveno gobernador militar, también general, que era el jefe de la comandancia del Campo de Gibraltar y tenía jurisdicción en parte de las provincias de Cádiz y Málaga. Algunos de los responsables de esos gobiernos militares eran andaluces. Los andaluces también estaban presentes en otros puestos de la jerarquía castrense repartidos por toda España. Aunque el Protectorado Español de Marruecos contaba con una numerosa representación de unidades, encuadradas en el “ejército de España en África”, tenía escasos generales y ninguno de ellos era andaluz. Más difícil es cuantificar los militares andaluces presentes en España y el norte de África en empleos inferiores y, aún más, en lo referente a la tropa. Sin embargo, existen noticias de algunos de ellos, bien por su actuación directa en los hechos conocidos como “Desastre de Annual”, bien por su relación con las operaciones previas al 1 de junio de 1921, o las posteriores para recuperar el territorio perdido, a partir del 17 de septiembre de ese mismo año. Así, gracias a los estudios realizados sobre las élites militares de Alfonso XIII, sabemos que al menos 276 andaluces servían en el ejército a principios de 1921, incluyendo más de 40 generales.

El general Manuel Fernández Silvestre era buen conocedor de las cuestiones africanas.

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En dos meses y medio el ejército español en Marruecos sufrió 13.000 bajas, muchas de ellas fallecidos o desaparecidos

Algunos de estos mandos fallecieron antes del primero de junio, por lo que no vivieron el desastre. El resto vivirán los sucesos de Melilla, bien como protagonistas directos, bien como espectadores lejanos. Unos morirán en los combates o defendiendo las posiciones ante los rifeños, otros dirigirán el envío de tropas y la acogida a los heridos y enfermos llegados a la península, unos pocos expresarán sus críticas a lo acontecido desde la prensa o en el parlamento y alguno, como Juan Picasso González (Málaga, 1857), dirigirá la investigación sobre los trágicos hechos. El 1 de marzo de ese año fallecía en Sevilla Salvador Arizón, dejando vacante el cargo de capitán general de la segunda región; puesto para el que sería nombrado el teniente general Carlos de Borbón y Borbón, infante de España, el 26 de ese mes. El 11 de abril salió de Madrid el nuevo capitán general, acompañado de sus ayudantes, el teniente coronel de Caballería Pablo Montesino Fernández-Espartero, duque de la Victoria, y el comandante del cuerpo de Estado Mayor, Joaquín Aramburu Luque. A primera hora de la mañana del día 12 llegaba a la capital hispalense, donde fue recibido por las autoridades y tomó posesión del cargo. Apenas un mes antes de su llegada, el 8 de marzo, había sido asesinado el presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato Iradier, un asesinato que conmocionó a la sociedad andaluza y dio lugar a manifestaciones de duelo en todas las capitales de la región. Inmediatamente asumió la presidencia del Consejo de Ministros, de forma interina, Gabino Bugallal y Araujo, conde de Bugallal, que desempeñaría el cargo hasta el 13 de ese mismo mes, cuando Alfonso XIII nombra presidente a Manuel Allendesalazar y Muñoz de Salazar. El vizconde de Eza había ocupado el ministerio de Marina con Dato, al mismo tiempo que el de Guerra, y presentó su dimisión de aquella cartera aquel día, conservando la de Guerra. Allendesalazar nombró un nuevo responsable para Marina: Joaquín Fernández Prida. VIDA COTIDIANA. Andalucía en el primer semestre de 1921 no había estado exenta de sobresaltos, pero la sociedad no parecía tener gran preocupación por el desarrollo de los acontecimientos en el Protectorado Español. Así, entre los días 21 y 24 de mayo, recibió la visita del rey, acompañado del ministro de Fomento Juan de la Cierva, quienes recorrieron diversas localidades de Córdoba, Málaga y Sevilla. El 15 de junio la prensa recogía la apertura del expediente de juicio contradictorio para la concesión de la cruz laureada de San Fernando al teniente de Regulares José Enrique Varela Iglesias (San Fernando, 1891) por su actuación en el combate del monte Adama, en el territorio de la comandancia general de Larache, el 12 de mayo anterior. Ésta sería, finalmente, la segunda laureada concedida a este oficial. Pocos días después, el 29 del mismo mes, tenía lugar en la zona de la comandancia general de Ceuta la toma y ocupación de la posición Muñoz Crespo, en la que el Tercio de extranjeros entró por primera vez en combate, con una brillante actuación, aunque registró numerosas bajas entre las que estaba otro andaluz, el capitán de la 1a compañía de la primera bandera Pablo Arredondo Acuña (Baeza, Jaén, 1890) que resultó gravemente herido; la prensa se hizo eco de este suceso los días 30 de junio y 1 de julio. Unas semanas después el Tercio era enviado a Melilla. LA PRENSA. Ciertamente durante el año 1921 la prensa andaluza prestó atención a la acción de España en Marruecos de muy distinta forma; pero a partir del 22 de julio las cosas fueron cambiando lentamente, tanto en la prensa diaria como en la semanal y mensual.
Andaluces en la campaña de Melilla de 1921, según Antonio García Pérez
  • José María Lazaga Ruiz (San Fernando, Cádiz, 1896), alférez de navío, herido el 25 de julio durante la evacuación de Sidi-Dris, cinco veces, y fallecido a consecuencia de sus heridas el 31 de julio en el hospital Doker de Melilla. El 2 de agosto, sus restos fueron trasladados a su ciudad natal y enterrados en el panteón de marinos Ilustres.
  • Fernando Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1879), teniente coronel de Caballería, que al frente del regimiento Alcántara primero protegió la retirada de la columna Navarro hacia Monte Arruit y posteriormente se distinguió en la defensa de aquella posición, siendo gravemente herido y falleciendo a causa de la gangrena el día 5 de agosto.
  • Julio Llompart Larraz (Málaga, 1900), alumno de segundo año de la Academia de Infantería, participa en la defensa de la alcazaba de Zelúan desde el 24 de julio, donde fallece junto a su padre Julio Llompart César, auxiliar de segunda de Intendencia.
  • Pedro González Cabot (Santisteban del Puerto, Jaén, 1898), soldado de artillería, el 23 de julio llega herido de tres balazos a Monte Arruit llevando un niño de dos años, hijo de una mujer de Annual; ambos murieron masacrados por los rifeños el día 9 al salir del campamento y sus cadáveres se encontraron abrazados al recuperar la posición meses después.
  • Fernando Sicluna Burgos (San Fernando, Cádiz, 1878), comandante de Infantería, jefe de la posición de Tizza, cuya defensa dirige entre el 12 de agosto y el 29 de septiembre de 1921.
El mismo día 22 de julio, algunos periódicos daban la noticia de un ataque a Igueriben y a un convoy que acudía a aquella posición, pero sin citar su pérdida. La mayoría de las noticias se limitaban a recoger informaciones recibidas de Madrid. Los periódicos cordobeses La Voz y Diario de Córdoba de esa fecha no se ponían de acuerdo sobre si el ataque había sido sólo a Igueriben o había sido también atacada Annual. La confusión causada por la falta de información desde el propio gobierno queda de manifiesto en la noticia que publicaba el día 22 el citado Diario de Córdoba sobre el teniente coronel de Caballería Miguel Núñez de Prado y Susbielas (Montilla, Córdoba, 1882), herido el 19 de julio cerca de Annual cuando protegía un convoy para Igueriben, en un suelto titulado “Los cordobeses de África”, señalando que el combate había tenido lugar en Beni-Aros.
Esa aparente calma ante las operaciones en Marruecos cambiará muy pronto. El día 23 se daban las primeras noticias de la caída de Igueriben y se apuntaba la grave situación de Annual. Frente a la concisión del día anterior La Voz se extendía en dar detalles de la situación; en una noticia titulada “Circula el rumor de que en Marruecos ha habido combates muy sangrientos para nuestras tropas”, fechada en Madrid el 23 de madrugada. Otros dos periódicos cordobeses se sumaban ese día a las noticias sobre lo ocurrido en Melilla. El Defensor de Córdoba dedicaba sus páginas segunda y tercera, casi de forma íntegra, a dar una detallada información sobre ello, gracias a su corresponsal en Madrid “Prensa Asociada”, en la que incluía varios epígrafes bajo el título general “Graves sucesos en Melilla”. El otro periódico cordobés que publicaba información sobre estos sucesos era el Diario de Córdoba, recogiendo en sus páginas interiores las noticias llegadas de madrugada desde Madrid bajo el titular “Gravísimas noticias de Melilla. El Raisuni ha atacado la plaza”. En Almería, La Independencia se hacía eco en dos breves sueltos de los primeros rumores sobre lo ocurrido en Marruecos, con noticias procedentes de Cádiz y Melilla, pero transmitidas desde Madrid. Y en Cádiz, El Noticiero Gaditano de esa misma fecha era el que informaba en su tercera página sobre lo sucedido en Melilla con varios sueltos que, en su mayoría recogían noticias de Madrid, como el titular: “¿Qué pasa en Marruecos? Consejo de ministros presidido por el Rey. Nada se sabe en concreto”. No será hasta el domingo 24 de julio cuando la magnitud de lo sucedido tome cuerpo en la prensa andaluza y se haga presente en sus primeras páginas. MUJERES. Aunque en esos primeros momentos no tuvo un gran reflejo en la prensa, la actuación de la rama femenina de la Cruz Roja, las Juntas de Señoras y las Damas Enfermeras, tuvo gran importancia desde los primeros momentos en España y, en especial, en Andalucía. Primero asistiendo a las tropas que salían rumbo a Melilla y después atendiendo a los heridos que llegaron a la península y dirigiendo los hospitales de la institución. Cuatro mujeres fueron las figuras destacadas de este grupo. Matilde Cimiano Cruz y Pilar Landecho y Allendesalar, marquesa de Urquijo, actuaron desde los inicios del desastre en Málaga; de tal forma que ambas fueron nombradas hijas adoptivas de la ciudad de Málaga en una fecha tan temprana como el 12 de agosto de 1921, junto con sus respectivos esposos. Con la creciente llegada de heridos a la capital de la Costa del Sol las dos se implicaron en la creación de hospitales, como el grupo escolar Bergamín puesto en funcionamiento a principios de septiembre, donde Matilde Cimiano asumió la dirección de dos salas costeadas por los ferroviarios de la empresa Ferrocarriles Andaluces; o la aportación de fondos para costear salas en el hospital civil, como hizo Pilar Landecho. A finales de octubre llegó a Málaga Ángeles Molina y Angoloti, viuda de Lersundi, para hacerse cargo de la dirección de dos nuevos hospitales creados por la Cruz Roja, el Reina Victoria, en el Perchel, y el Bergamín, en el Limonar, que empezaron a funcionar el 6 de noviembre con la presencia de la Infanta Isabel, esposa del capitán general de Andalucía y Carmen Angoloti y Mesa, duquesa de la Victoria. Esta última había llegado a Melilla a finales de julio, vía Sevilla, con el encargo directo de la reina Victoria Eugenia de poner en marcha la asistencia hospitalaria de la Cruz Roja en aquel territorio.

El mismo día 22 de julio, algunos periódicos dieron la noticia de un ataque a Igueriben y a un convoy sin citar su pérdida

Plano que muestra la distribución del campamento principal de Annual, incluido en el Expediente Picasso.

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EXPEDIENTE PICASSO. Al margen de la opinión pública y de la prensa hay que señalar la actuación de los políticos, en especial de los parlamentarios andaluces, ya que tras las elecciones del 19 de diciembre de 1920 Andalucía contaba con cerca de 80 diputados en el Congreso. El 14 de agosto Alfonso XIII admite la dimisión presentada por Manuel Allendesalazar y nombra presidente del Consejo de Ministros a Antonio Maura y Montaner. También son aceptadas, con la misma fecha, las dimisiones de los ministros que conformaban el gabinete; entre ellas destacan, por su implicación en las operaciones de la Comandancia de Melilla y el desastre de Annual, las del vizconde de Eza, como ministro de la Guerra, y de Joaquín Fernández Prida, de la cartera de Marina. Nada más reanudar la actividad parlamentaria, en la sesión del Congreso de los Diputados del 20 de octubre, se da conocimiento de dos ruegos para poder conocer “las causas del desastre ocurrido en la parte oriental de la zona del Protectorado de España en África”. Además, se informa de un tercer ruego, relacionado con la actuación de la aviación en el desastre. En esa sesión toma la palabra Antonio Maura para explicar a los presentes la actuación del gobierno desde mediados de agosto y los planes de actuación, sobre todo en Marruecos: “(...) A la hora presente, Melilla está segura, su campo desembarazado, y expedito el fortificar aquella línea que garantice plenamente la seguridad de la plaza y evite su contacto con hostilidades, si acaso alguna vez hubieran de reproducirse. No es esto decir que en la zona de Melilla no haya de haber más operaciones militares; quiero significar tan solo que lo más principal y lo más áspero de ellas parece que está vencido y dominado”. En su discurso Maura también aludió al nombramiento del general Picasso para investigar las causas del desastre. “España piensa, cuando de Melilla o de África se ocupa, no solo en la recuperación de lo perdido, no solo en la prosecución del empeño nacional, sino en que no queden impunes las responsabilidades ni se pierda la lección de los escarmientos. Sería injusto si hablase yo en ello de este Gobierno, porque fueron nuestros predecesores, con haber durado tan pocos días su vida desde el desastre hasta nuestro advenimiento, los que se apresuraron a traducir en obras ese concepto mismo, y tuvieron el acierto insuperable de elegir a un general integérrimo, inteligentísimo, que cuando nosotros juramos el cargo estaba ya funcionando en Melilla, para el esclarecimiento de los hechos y la iniciación de aquellas acciones punitivas que han de tener cauce y forma legal, y para informar al Gobierno de lo que pudiera afectar al ejercicio de sus facultades gubernativas. La acción ha sido incesante; no ha sido necesario estimularla, porque ha sido todo lo rápida que las circunstancias permitían, y tengo entendido que tiene muy adelantado su trabajo el general Picasso”. La intervención del presidente del Consejo de Ministros dio lugar a la petición de palabra por varios de los diputados presentes. El primero en intervenir fue el marino y diputado por Cádiz Juan Bautista Lazaga y Patero, padre del alférez de navío José María Lazaga Ruiz, muerto en la evacuación de Sidi Dris. Sus palabras abrieron un amplio y agrio debate plagado de acusaciones al gobierno y de manifestaciones sobre la conducta del ejército entre el 1 de junio y el 9 de agosto e, incluso, en el mes de septiembre. La discusión parlamentaria se alargaría hasta el 29 de noviembre y en ella tomaron parte otros 25 diputados, tres de ellos representantes de provincias andaluzas: Julio Amado y Reygondaud de Villebardet, por Almería; Eduardo Ortega y Gasset, por Málaga; y José María Yanguas Messía, por Jaén. Además de Maura, los ministros de la Guerra y de Estado y el exministro vizconde de Eza.
Sin haber terminado este debate, el 1 de diciembre se presentó una proposición de ley que instaba al gobierno a gestionar la liberación de los prisioneros del Desastre. El Desastre de Annual entraba en una nueva fase. En los años siguientes se concedieron honores. Como el título de “Muy Benéfica” a Málaga, en 1922; o la Gran Cruz de Beneficencia a las cuatro mujeres anteriormente destacadas, Matilde Cimiano, Ángeles Molina, la duquesa de la Victoria y la marquesa de Urquijo. En el ámbito militar se concedieron quince cruces laureadas de San Fernando a título individual, tres de ellas a los andaluces Julio Benítez y Benítez (El Burgo, Málaga, 1878), Juan Velázquez y Gil de Arana (Córdoba, 1875) y Fernando Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1879). Además, en muchos ayuntamientos de Andalucía se rindió tributo a los caídos en aquel episodio, bien dando su nombre a vías urbanas, bien erigiendo monumentos en su memoria, o bien colocando placas recordatorias. Como ocurrió en Málaga, donde actualmente existen una calle, un monumento y un parque que llevan el nombre de “Comandante Benítez”, o en la localidad de El Burgo, donde también se recuerda al héroe.
Más información:
  • García Pérez, Antonio
    La Orden de San Fernando en Marruecos. La Guerra y su Preparación, Madrid, 1930.
  • Muñoz Lorente, Gerardo
    El Desastre de Annual. Los españoles que lucharon en África.
    Almuzara, Córdoba, 2021.
  • Pérez Frías, Pedro Luis
    Las élites militares de Alfonso XIII: Poder, técnica y valor.
    CSED Editorial, Astorga, 2013.
  • Núñez, Jesús et al
    Las campañas de Marruecos. 1909-1927. Almena, Madrid, 2001.