Columnas
Ocurrió hace 90 años

Tablada, el complot que nunca existió

Las fake news y Sanjurjo sabotearon la candidatura infantiana

RAFAEL GUERRERO MORENO
PERIODISTA Y DOCTOR EN HISTORIA

El Complot de Tablada es un episodio acaecido en Sevilla hace 90 años, interpretado durante mucho tiempo como una conspiración urdida por un grupo de políticos y militares revolucionarios que fue desactivada por la intervención del Gobierno provisional de la Segunda República que envió al general Sanjurjo para poner orden. La prensa conservadora denunció la inminencia de una violenta toma de Sevilla por las masas jornaleras para proclamar el comunismo libertario y la independencia de Andalucía. Todo ello en vísperas de las Elecciones Constituyentes. Recientes estudios coinciden en afirmar todo lo contrario: lo de Tablada fue un gran bulo intencionado o una fake news, es decir, la historia de un complot que nunca existió.

La proclamación de la Segunda República a raíz de la derrota de las candidaturas monárquicas en las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 provocó una aceleración de los acontecimientos políticos, ya que se trataba de un radical y sustancial cambio de régimen para democratizar las instituciones, primero con nombramientos y después con la convocatoria de elecciones para elaborar una Carta Magna acorde con los nuevos tiempos.

El contexto mayoritariamente ilusionante con que fue recibida la democracia republicana contrastaba, sin embargo, con una realidad social lastrada por una profunda crisis económica, heredada de la monarquía encarnada por Alfonso XIII y por la dictadura de Primo de Rivera, que desarrolló una "política suicida de un enorme gasto público descompensada por una insuficiente política fiscal", en palabras del historiador Juan Ortiz Villalba, quien culpa a la monarquía y a su dictadura, y no a la República, de esa alta tensión social. A la gran crisis mundial del capitalismo del crack del 29, España sumaba un legado de tensiones sociales que, especialmente en Sevilla, se habían disparado por la caída de las inversiones públicas tras la conclusión de la Exposición Iberoamericana de 1929. De hecho, en 1930 hubo dos grandes huelgas generales en Sevilla y, semanas después de proclamarse la República, hubo también quema de algunos conventos e iglesias.

Con esa realidad en la que estar en paro equivalía a caer en la miseria, porque entonces no había subsidios, no es extraño que la tensión social se masticara por las calles. Además, los aparatos policial, militar y judicial no habían sido modificados con el cambio de régimen, lo que contribuyó a desatar tal represión que desde la proclamación de la República hasta la "semana sangrienta" de julio se llegaron a declarar tres estados de guerra en la provincia, usando al ejército para reprimir las protestas sociales.

Las tasas de paro eran altísimas, con obreros hambrientos que malvivían en casuchas y corralas de vecinos sin servicios de agua potable y saneamiento, con altas tasas de enfermedades infecciosas, analfabetismo y delincuencia.

Esa falta de expectativas heredada de la monarquía disparó la conciencia y la afiliación sindical, con más hegemonía urbana de la CNT y rural de la UGT, que oscilaba entre el 60 y el 70%, según el investigador José María García Márquez.

LA CANDIDATURA. Persuadido de que Andalucía necesitaba más protagonismo político en la construcción de la nueva República, el entonces notario de Coria del Río, Blas Infante, promovió una candidatura muy original tanto en sus propuestas como en sus integrantes, que generó gran preocupación y alarma no solo en los sectores más tradicionales, sino también entre republicanos de centro izquierda y socialistas, es decir, la base sociológica que sostenía al Gobierno provisional en Madrid de la conjunción republicano-socialista.

Imagen de Ramón Franco.

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Juan Manuel Durán, Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda, protagonistas del vuelo transatlántico del Plus Ultra.

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Pese a ser el gran muñidor de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, Blas Infante quiso pasar a un segundo plano y poner por delante como cartel electoral al que posiblemente fuera el hombre más famoso de España, nada menos que Ramón Franco, el héroe del Plus Ultra, la primera travesía mundial del Atlántico Sur entre España y América realizada en enero de 1926. Pese a su corta oratoria, el comandante Ramón Franco era un hombre que levantaba pasiones. Junto al general Queipo de Llano, había protagonizado la fracasada sublevación republicana contra la monarquía en la base aérea de Cuatro Vientos en Madrid a finales de 1930; ambos tuvieron que exiliarse para eludir ser fusilados como los capitanes Hernández y Galán que también se habían levantado en Jaca.

Ya de vuelta a España tras la proclamación de la República, Ramón Franco fue aclamado y nombrado rápidamente director general de la Aeronáutica Militar. Ideológicamente, el hermano menor del que sería Caudillo se había radicalizado progresivamente hacia la extrema izquierda, sobre todo tras su enfrentamiento con el dictador Primo de Rivera, a quien culpaba de haber saboteado su intento de cruzar el Atlántico Norte.

Aparte de poner al frente de la candidatura a todo un héroe internacional, Blas Infante también incluyó a otro militar, el capitán Rexach, y al mecánico de vuelo del Plus Ultra Pablo Rada. Considerando la importancia de la reforma agraria para Andalucía, también formó parte de la lista el prestigioso ingeniero agrónomo valenciano Pascual Carrión. Es decir, se trataba de una candidatura innovadora impulsada por el gran líder del andalucismo que mezclaba una aparente coctelera explosiva: militares de prestigio, profesionales consagrados, escritores y, por si fuera poco, contaba con el importante apoyo externo del anarquismo, como fuerza sindical hegemónica en la Andalucía del Bajo Guadalquivir, expresado por uno de sus principales líderes en España, el médico Pedro Vallina.

El doctor Vallina fue una pieza clave para ampliar el caladero de votos de una candidatura regeneracionista al margen de los partidos políticos, ya que, aunque no consintió por principios participar en ella, sí que contribuyó a movilizar a su favor a los anarquistas, tradicionalmente anclados en la abstención.

Como principal responsable ideológico de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, Blas Infante pretendía dotar a Andalucía de un protagonismo en la construcción de una nueva República popular que desterrara los vicios atávicos de la vieja política. En palabras del investigador Manuel Ruiz Romero, Infante "quería renovar a la España espesa del siglo XIX y hacerlo desde la periferia, proponiendo un estado federal, un reparto más justo de la propiedad de la tierra, el laicismo con la separación Iglesia-Estado y el feminismo, conceptos tradicionales del andalucismo, cuyos valores eran entonces mucho más difíciles de defender que ahora, casi un siglo después".

La cuestión territorial trascendía en esta candidatura de la visión federal para acercarse a la confederal —de ahí el eslogan "Viva Andalucía libre"—, incluyendo incluso a Portugal en una hipotética Confederación Ibérica, en la que Andalucía asumiría por motivos históricos comprensibles y de proximidad geográfica las competencias en las relaciones exteriores con el mundo árabe, en tiempo además en el que el norte de Marruecos y el Sáhara Occidental estaban bajo administración española.

"Era una candidatura muy radical, cierto, pero porque iba a la raíz de los problemas" sostiene el catedrático de Antropología Isidoro Moreno recordando además algo importante: que "Blas Infante era un revolucionario pese a ser notario, por lo que era peligroso entre la burguesía y era tomado como un traidor a su clase".

La Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza de Infante mezclaba a militares y profesionales con el apoyo externo de los anarquistas. Estaba encabezada por Ramón Franco

Ramón Franco murió intentando bombardear a sus propios votantes
  • Tras el relativo fracaso de la candidatura regeneracionista promovida por Blas Infante en las elecciones a Cortes constituyentes de 1931 las trayectorias del que sería Padre de la Patria Andaluza y de Ramón Franco se separaron. El gran ideólogo del andalucismo profundizó en el compromiso político con su tierra impulsando en 1933 en la Asamblea de Córdoba el Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Autonomía. Y después de la victoria del Frente Popular en 1936 fue aclamado por la Asamblea de Sevilla en julio de 1936 como presidente de honor de la futura Junta Regional Proautonómica de Andalucía.

    Por su parte, Ramón Franco fue cesado como director general de Aeronáutica tras los sucesos de Tablada. Fracasó como diputado y fue nombrado agregado aéreo en la Embajada española en Washington hasta el inicio de la Guerra Civil, cuando decidió dar un vuelco en sus convicciones políticas y pedir amparo a su hermano Francisco —futuro caudillo— para alinearse con los sublevados.

    Aquel héroe de la aviación de tan radical posición republicana que acompañó a Infante en la aventura política de junio del 31 murió en accidente aéreo en 1938 pilotando un avión militar en una de sus habituales incursiones desde Baleares para bombardear ciudades mediterráneas como Barcelona, pasando tristemente a la Historia —en palabras de Álvarez Rey— "como el único político que acaba bombardeando a sus propios electores".

PROPAGANDA AÉREA. Al carácter rupturista del programa y del perfil variopinto de los candidatos se unió la originalidad de hacer campaña electoral, ya que por vez primeras se utilizó la aviación para repartir propaganda. Ahí entra en juego la ahora centenaria base aérea de Tablada que entonces tenía doble uso civil y militar. "La experiencia de lanzar octavillas desde el aire en Sevilla fue pionera en el mundo", asegura Isidoro Moreno, y lo corrobora la investigadora del Centro de Estudios Andaluces Eva Cataño matizando que "eran avionetas privadas pilotadas por los candidatos militares Ramón Franco y Antonio Rexach y no coches oficiales pagados por el Estado, como era habitual en las campañas".

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Las reglas del juego electoral eran muy distintas a las actuales en España: las circunscripciones electorales no eran solo provinciales y existía la posibilidad abierta a los candidatos para aspirar al escaño por diferentes lugares: como hizo Ramón Franco simultaneando su presencia en Madrid y en Barcelona, en este caso en las listas de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), o como hizo el propio Infante también por Córdoba. Los militares también podían ser candidatos, como lo fueron los generales Queipo de Llano, por Salamanca, y Cabanellas, por Jaén. En el contexto de esta confusa permisividad de usos del aeródromo hispalense y de laxitud para la participación política de los militares podría enmarcarse el afaire del mal llamado "Complot de Tablada".

Dispuesto ya a entrar a fondo en campaña, el héroe del Plus Ultra aterrizó en Tablada el 21 de junio con otros civiles. Tanto el catedrático de Historia Contemporánea Leandro Álvarez Rey, como el historiador y militar Joaquín Gil Honduvilla, sostienen la tesis de que Franco aprovechó su ascendencia política como director general de Aeronáutica militar para convertir de facto parte de las instalaciones de la base militar en sede oficiosa de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza. Y que eso alteró la vida normal del acuartelamiento con su presencia y la de otros candidatos, en especial el mecánico Pablo Rada, que promovió algunas protestas de la tropa por la mala calidad del rancho.

El profesor de la Universiad de Córdoba Antonio Manuel Rodríguez admite que "Tablada fue el error estratégico de la candidatura", pero niega tajantemente que el aeródromo se convirtiera en un centro revolucionario, al tiempo que minimiza la trascendencia de la protesta de la tropa como "una revuelta más de las que se vivieron por las calles de Sevilla, un plante de soldados que pasaban hambre. No hubo revolución ni sedición. Todo fue un bulo".

Entre reuniones y mítines, Franco y Rexach sobrevolaron con avionetas particulares pintadas de rojo varias veces el cielo de Sevilla lanzando octavillas con los nombres de los candidatos y proclamas de "Viva Andalucía libre", lo que provocó no solo escándalo entre los sectores políticos y mediáticos más conservadores, sino también preocupación e inquietud entre socialistas y republicanos moderados en el tradicional feudo electoral de Martínez Barrio.

Mayoritariamente en manos conservadoras o ultraconservadoras, la prensa sevillana comenzó a orientar su objetivo en desprestigiar a la candidatura infantiana exagerando los conatos de indisciplina entre los soldados y vinculándolos a la presencia en el aeródromo de Ramón Franco y sus compañeros de candidatura. Pero también distorsionó sus propuestas políticas enfatizando no solo que pretendían saquear los bancos, islamizar Sevilla y repartir las tierras y las mujeres, sino también alertando del inminente riesgo de una violenta toma de Sevilla por masas de campesinos y jornaleros encabezadas por el líder anarquista Vallina para proclamar el estado independiente andaluz. En suma, recordando a la revolución soviética con la toma del Palacio de Invierno en San Petersburgo acaecida, por cierto, tan solo 14 años antes.

La experiencia de lanzar propaganda electoral desde el aire en Sevilla fue pionera en el mundo, con avionetas privadas pintadas de rojo, desde las que se arrojaban proclamas de "Viva Andalucía libre"

Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, Blas Infante es el segundo sentado de la derecha.

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Para colmo, el 24 de junio de 1931 Ramón Franco sufrió en Lora del Río un extraño accidente durante un mitin al desplomarse el escenario desde donde se dirigía al público, lo que fue interpretado por sus compañeros como un sabotaje intencionado que le produjo una fractura de fémur de la que se recuperaría en la base militar. ¿Accidente o atentado? Lo cierto es que generó una serie de visitas en aviones militares de colegas de milicia para mostrar la solidaridad con su director general y gran héroe de la aviación española por el supuesto sabotaje de que habría sido objeto.

Mientras la prensa lanzaba bulos y fake news que iban calando entre la población a pocos días de la cita con las urnas, oficiales monárquicos de la base volaron a Madrid a espaldas del jefe para denunciar lo que consideraban una situación insostenible y el grave peligro revolucionario que se cernía sobre Sevilla, a juzgar por los envenenados ríos de tinta vertidos en los medios. Álvarez Rey asegura que "entonces la información periodística era muy sesgada. El poder de la prensa sevillana estaba en la derecha, que no cesaba en sus mensajes alarmistas y que aseguraba que la principal preocupación era lo que pasaba en Tablada".

Los bulos de la prensa y las denuncias interesadas de los oficiales conservadores de Tablada hicieron mella en el ministro de la Gobernación, Miguel Maura, que decidió enviar a la capital hispalense en la víspera electoral nada menos que a José Sanjurjo, el general africanista que dirigía la Guardia Civil, con amplios poderes a aplacar la supuesta intentona revolucionaria.

Todos los expertos investigadores consultados coinciden en que la actuación de este general africanista de marcado perfil conservador, por no decir también conspirador, en Sevilla fue desproporcionada, comenzando por García Márquez: "No podemos entender Tablada sin conocer a Sanjurjo. Viene a quitar a Camacho y a reponer al frente de la base a Barrón, el comandante que se había negado a izar la bandera republicana. Sanjurjo es el elefante que entra en una cacharrería para dinamitar el conflicto de Tablada".

Como estudioso de aquellos hechos, el historiador militar Gil Honduvilla reconoce que "Sanjurjo llegó a Sevilla revestido de poder por el ministro Maura para acabar con el atisbo de complot, deteniendo a varios oficiales, entre ellos al teniente coronel Camacho, a quien cesa como jefe de la base, y arrestando a cabos y soldados acusándoles de indisciplina".

Francisco Carmona Obrero, comisario de Policía y doctor en Historia con una tesis sobre el orden público en la Segunda República, coincide en valorar como desmedida la reacción de Sanjurjo precisando que "la policía había sido eficaz cuando la quema de iglesias y conventos de mayo del 31 y no había razón para recurrir al ejército ante unos vuelos de avionetas y un complot político inexistente. Era un pretexto para eliminar a Ramón Franco".

La prensa fabricó bulos que mermaron las expectativas electorales de una candidatura impulsada por Blas Infante que pretendía reforzar el papel de Andalucía en la construcción de la nueva República

Excluido del cuadro de honor
  • Antonio Camacho Benítez (Málaga, 1892) había formado parte con destacados aviadores como Ramón Franco y Gallarza de la décima promoción del curso de pilotos en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos. Había participado como capitán y comandante en la Guerra del Rif, obteniendo diversas medallas y condecoraciones por su valor y sus méritos bélicos. Tras la proclamación de la Segunda República fue nombrado jefe de la base sevillana de Tablada en sustitución del comandante Barrón, un monárquico que se había negado a izar la bandera tricolor en el cuartel.

    Cuando llegó Sanjurjo a Sevilla, en la víspera de la jornada electoral del 29 de junio de 1931 ante los insistentes rumores —fake news— de una inminente invasión campesina de la capital, sacó el ejército a la calle, cesó al teniente coronel Camacho y repuso al frente de la base al comandante Barrón.

    Posteriormente, durante la Guerra Civil Camacho ostentó destacados cargos en el alto mando militar de la Aviación republicana, llegando a ser subsecretario del Aire cuando el socialista Indalecio Prieto fue ministro de Defensa Nacional. Al final de la guerra fue uno de los generales que más se opuso a los planes del presidente Negrín de prolongar el conflicto bélico. Camacho abandonó España rumbo al exilio, primero Inglaterra y después México, donde murió en 1974 sin que la dictadura autorizase nunca su regreso a España. Tampoco sus cenizas pudieron llegar a Getafe —cuya base también dirigió—, como deseaban sus descendientes.

    Pues bien, el documental titulado El complot de Tablada (2020), dirigido por José Antonio Torres, con guión de José Antonio Torres y Rafael Guerrero y producido por Plano Katharsis, denuncia cómo el nombre y la foto de este jefe militar demócrata andaluz son los únicos que no aparecen en el cuadro de honor de los directores de la base aérea en sus cien años de historia. Los dos meses que la dirigió —entre abril y junio de 1931— son atribuidos al comandante monárquico Barrón, que se negó a colocar en alto la bandera tricolor republicana.

    Condenado al exilio y al olvido, el nombre de Antonio Camacho Benítez fue borrado por el franquismo de la Historia y la democracia hasta ahora no ha hecho nada por recuperar su memoria.

CONSEJO DE GUERRA. La conjunción republicano-socialista ganó con claridad aquellas elecciones en Sevilla, dejando a gran distancia a la candidatura de Blas Infante. Como era de esperar por su popularidad, Ramón Franco fue el más votado entre los miembros de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, pero al final prefirió decantarse por el acta de diputado por Barcelona en las listas de ERC. Blas Infante fue el segundo con más sufragios pero prefirió reclamar —sin éxito— la anulación de los comicios a perseverar en la pugna electoral en la segunda vuelta, que finalmente permitió obtener escaño en el Congreso al escritor José Antonio Balbontín, quien con el tiempo se convertiría en el primer diputado comunista de España.

En cualquier caso, los promotores de esta singular candidatura se mostraron convencidos de que sus expectativas electorales se vieron muy perjudicadas por aquel montaje político-mediático. Así lo aprecia Isidoro Moreno: "El montaje fue un éxito porque se frustraron las expectativas de la candidatura, que al final fue segunda en Sevilla, a mucha distancia de la primera, la republicano-socialista". Profundamente decepcionado, Infante se encerró en su casa y escribió ese verano con amargura el libro La verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía, donde criticó con furia al Gobierno provisional republicano de conjunción republicano-socialista y detalló el boicot de que había sido objeto su proyecto político.

CONSEJO DE GUERRA. La desmesurada intervención del general Sanjurjo derivó también en la instrucción de un consejo de guerra contra 20 militares, a quienes también se responsabilizaba de un traslado interno dentro de la base de 600 bombas en el contexto de la acusación contra los presuntos conjurados. Ningún civil fue encausado pese a que Infante y otros candidatos civiles pidieron sin éxito ser incluidos.

Fue una larga tramitación judicial que culminó con una sentencia que absolvió a la mayoría de los encausados, lo que viene a demostrar la falta de argumentos de la acusación y el montaje de las pruebas sobre las que se cimentó. "Hubo indisciplina, de acuerdo, pero nunca un intento de promover una revolución armada y violenta", asegura Ruiz Romero, mientras que Gil Honduvilla asevera que "la justicia militar nunca se planteó que hubiera un intento de rebelión y demostró que pese al cúmulo de casualidades como las bombas, los vuelos militares, los privados lanzando propaganda y las indisciplinas por el rancho deficiente, no hubo una acción contra el Gobierno de la República".

Así pues, tras haber consultado a destacados especialistas de diversas tendencias ideológicas, pero caracterizados por su contrastada solvencia investigadora, podríamos concluir con la reflexión del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla Leandro Álvarez Rey: "El complot de Tablada es la historia de un complot que nunca existió. Sólo hubo problemas de indisciplina por la llegada de Ramón Franco a la base militar que el Gobierno provisional aprovechó para quitárselos de enmedio en la contienda electoral".

Los bulos aludían a saquear los bancos, islamizar Sevilla, repartir mujeres y tierras y alertaban del inminente asalto masivo de la ciudad por jornaleros anarquistas armados encabezados por Vallina

Ramón Franco fue el más votado entre los miembros de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, pero prefirió optar por el acta de diputado por Barcelona en las listas de ERC.

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La sentencia absolutoria para la mayoría de los veinte militares juzgados en consejo de guerra demostró que la acusación se basó en bulos y montajes y que no hubo intento de rebelión ni sedición

La verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía de Blas Infante fue publicado por la Junta Liberalista de Sevilla en 1931.

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Más información:
  • Infante Pérez, Blas

    La verdad sobre el complot de Tablada y el estado libre de Andalucía.
    Edición con prólogo de Antonio Manuel Rodríguez Ramos e introducción de Salvador Cruz Artacho. Fundación Pública Andaluza Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, 2017.

  • Ruiz Romero, Manuel

    El bulo sobre el complot de Tablada. Sevilla (1931).
    Almuzara, Córdoba, 2018.

  • Cataño García, Eva

    El complot de Tablada en la prensa de 1931. Factoría de Ideas, Fundación Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, 2016.

  • Gil Honduvilla, Joaquín

    "Los sucesos de Tablada de junio de 1931 y sus consecuencias", en Revista de Historia Militar, Madrid, 2011.

  • García Márquez, José María

    La 'Semana sangrienta' de julio de 1931 en Sevilla. Entre la historia y la manipulación. Aconcagua Libros, Sevilla, 2019.