Columnas
Dossier

Mujeres del entorno de Alfonso X

El poder de la corona

JUAN FRANCISCO JIMÉNEZ ALCÁZAR
UNIVERSIDAD DE MURCIA
ISABEL DEL VAL VALDIVIESO
UNIVERSIDAD DE VALLADOLID

Hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor Plantagenet, nieta de Leonor de Aquitania, Berenguela de Castilla (1179-1246) fue regente, sucesora de su hermano Enrique I, madre de un rey, Fernando III, y poderosa abuela de otro, Alfonso X. Dejó el trono a su hijo Fernando III, debido a que las tensiones políticas desaconsejaban su reinado. Para entonces, Berenguela ya estaba separada del padre de su hijo, Alfonso IX de León, al que fue unida en matrimonio obedeciendo a los intereses políticos de sus respectivos reinos; es decir siguiendo el mismo camino que sus hermanas Blanca y Leonor, otras dos mujeres que destacaron en política y que fueron casadas, respectivamente, con Luis VIII de Francia y Jaime I de Aragón. En palabras de Ballesteros, "Dios no concedió vida larga a sus hijos varones [de Leonor de Plantagenet], pero la compensó con hijas excepcionales, que superaron a los hombres en la dirección de los pueblos".

Aunque tuvo que renunciar a la corona, se mantuvo en el ámbito del poder y fue protagonista del gobierno castellano. Rodrigo Ximénez de Rada dijo que: "era ella muy sabia et muy entendida duenna et entendie los peligros de las cosas". Y mucho después, en el siglo XX, Ballesteros la definió como "rectora de los destinos del reino, que guiaba a los jóvenes e inexpertos príncipes por el áspero sendero de la gobernación".

Actuó como casamentera para lograr ventajosas alianzas, e intervino en actividades políticas que alcanzaron otros objetivos, como la firma del tratado de Toro (1218) entre Alfonso IX y su hijo Fernando, cuyo objetivo era disipar las desavenencias entre Castilla y León. Fue, además, la que abrió las puertas para que en 1230, a la muerte de su padre, Fernando III se hiciera también con la corona de León a través de la Concordia de Benavente. Así, cuando Alfonso X accedió al trono en 1252 lo hizo con un patrimonio real forjado por la acción política de su abuela.

Durante el reinado de su hijo, Berenguela intervino en muchos asuntos relativos al gobierno del reino. Los documentos la titulan reina, lo que pone de manifiesto una situación de gobierno compartido que se mantuvo después de la boda de Fernando III con Beatriz de Suabia. De esa unión, que ella contribuyó a forjar, nació su nieto Alfonso, del que también se ocupó, pues probablemente fue la que le asignó como ayo a su mayordomo García Fernández, persona de su entera confianza, lo mismo que su mujer Mayor Arias, miembro del linaje gallego de Limia.

Cuando Berenguela falleció en 1246, su nieto Alfonso ya había participado activamente en asuntos políticos y militares como heredero de los reinos de Castilla y León. Hasta ese momento debió de tener contacto con su abuela, de la que dijo [fue la que] "ordenó todas las cosas e fechos del regno" y que fue "muy savia e muy entendida duenna".

EL REY SABIO

Durante la Edad Media las mujeres de la realeza tuvieron un importante papel en los asuntos familiares y políticos. Muchas intervinieron en temas de gobierno, y todas desempeñaron un imprescindible papel simbólico que reforzaba el poder de la corona y enaltecía a la familia reinante. Las casadas tuvieron que aceptar los matrimonios impuestos por los intereses de sus respectivas familias y reinos, pero eso no está en contradicción con su dinámico papel y su protagonismo allí donde discurrió su vida adulta. En el entorno de Alfonso X encontramos un buen número de ejemplos.

Miniatura de Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla, padres de Fernando III y abuelos de Alfonso X.

imagen

LA MADRE. Si su abuela escribió una página en la historia aún no ponderada lo suficiente, su madre, Beatriz (1205-1235), lo hizo sobre el desarrollo de lo que finalmente fue Alfonso el Sabio. Pertenecía a la familia imperial alemana de los Hohenstaufen. Su abuelo había sido uno de los personajes más significados del medievo europeo, Federico I Barbarroja. Su tío, Enrique VI, y su padre, Felipe de Suabia, también fueron emperadores, y su madre, Irene, era hija del emperador bizantino Isaac II y hermana de Alejo IV Ángel. A la muerte de sus padres, Beatriz quedó al cuidado de su primo, el nuevo "rey de romanos" (como se designaba a los emperadores alemanes), Federico II, que la educó dotándola de una excelente base cultural y científica. Cuando llega a la corte de Castilla, Beatriz era una joven con amplios conocimientos y un evidente gusto por la cultura y la ciencia, inclinación que supo transmitir a su primogénito Alfonso. El arzobispo Ximénez de Rada escribió unas palabras que loan la personalidad de la reina: "muy buena, bella, discreta y casta".

Tuvo a su primer hijo en 1221, que fue llamado Alfonso, como su abuelo y bisabuelo. Como era costumbre, el bebé fue criado por una nodriza, Urraca Pérez, que recibió como reconocimiento las heredades de Portillo y de Villalinferno. El papel de estas "amas de cría" queda muy ponderado en Las Partidas, lo que da buena muestra de la importancia que para Alfonso X tuvo su propia experiencia vital y su profundo agradecimiento a la suya.

También se le asignó un ayo, decisión en la que parece que intervino su abuela, eligiendo a García Fernández de Villamayor, que le había sido fiel durante los conflictos con los nobles. Desde entonces García se mantuvo en su entorno como responsable de su Casa, junto a su esposa, Mayor Arias. Ambos se encargaron de criarlo en Celada del Camino y Villaldemiro. Al igual que a su nodriza, Alfonso guardó un gran recuerdo del matrimonio que se encargó de él en esos primeros años, memoria que se manifestó en el repartimiento de Sevilla con la concesión de la alquería de Benacazón.

Aunque estuviera alejado de la madre, parece que Alfonso se sintió unido a ella y que se vio muy afectado por una enfermedad que la tuvo a las puertas de la muerte y de la que se salvó "de milagro", o al menos eso hace pensar la materia de la cantiga 256 que narra sea ese episodio, que tuvo lugar en Cuenca.

Durante las ausencias de su marido motivadas por las campañas bélicas, Beatriz intervino en cuestiones de gobierno. Y más allá de eso, dejó huella de su paso por la corte en los nombres de alguno de sus hijos, Fadrique (adaptación del germánico Federico), Felipe y Manuel (de clara procedencia bizantina). Fue enterrada en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas (Burgos). En 1279 Alfonso X hizo trasladar sus restos a la catedral de Sevilla, para que reposasen junto a los de Fernando III.

LA MADRASTRA Y SU HIJA. Tras enviudar, Fernando III volvió a casarse, en esta ocasión con Juana de Ponthieu (o de Dammartin), noble francesa, heredera del condado de Ponthieu. De nuevo fue Berenguela la que medió en este acuerdo. El matrimonio se celebró en 1237. Tras la conquista de Sevilla, Fernando le entregó el donadío de Carmona, aunque retornó al realengo al año siguiente de llegar al trono Alfonso X.

Cuando llega a la corte de Castilla, Beatriz era una joven con amplios conocimientos y un evidente gusto por la cultura y por la ciencia, inclinación que supo transmitir a su primogénito Alfonso

Escultura de Beatriz de Suabia tallada en su sepulcro situado en el lado de la Epístola de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla.

imagen

Todo apunta a que las relaciones entre Alfonso y su madrastra no fueron buenas, aunque parece que él la trató siempre con deferencia. Con todo, el regreso de doña Juana a sus dominios franceses en una fecha indeterminada, entre 1256 y 1257, supondría un cierto alivio para el rey Sabio. Sea como sea, debido a intereses políticos de ambas partes, se especuló con la posibilidad de casar a Alfonso con Felipa de Ponthieu, hermana de la nueva reina de Castilla; y cuando el infante contrajo matrimonio con Violante de Aragón en Valladolid en 1249, aunque su padre no asistió a la ceremonia, sí lo hizo la reina Juana.

De las tres hermanas de Alfonso X se sabe muy poco. La menor, María debió morir al poco de nacer; la mayor, Leonor, falleció joven, y Berenguela profesó en el monasterio de las Huelgas de Burgos. Pero tuvo también una medio hermana, Leonor de Castilla, hija de Juana de Ponthieu. En un intento de solventar los problemas territoriales de Gascuña entre castellanos e ingleses, arrastrados desde que Leonor Plantagenet llevase este territorio como dote al casarse con Alfonso VIII de Castilla, se concertó el matrimonio entre Leonor y el futuro Eduardo I de Inglaterra. La boda tuvo lugar ese mismo año en Burgos, donde Alfonso armó caballero al príncipe inglés.

Leonor acompañó en todo momento a su marido. Estuvo con él en la IX Cruzada, donde se enteraron de su nueva condición de monarcas por la muerte de Enrique III de Inglaterra. También le acompañó en las campañas contra Gales, donde dio a luz al futuro Eduardo II. La unión de la pareja fue tan estrecha que, en el camino del cuerpo de Leonor hacia su descanso definitivo en la abadía de Westminster, Eduardo mandó que en cada parada de la comitiva fúnebre se erigiese una cruz, y son las conocidas como Cruces de Leonor (Eleanorcrosses). Solo se conservan tres; la de Charing Cross es una estación de tren en Londres y se consideró durante siglos el punto de referencia del centro de la capital inglesa.

LA ESPOSA. Tras los fallidos intentos de encontrar un matrimonio adecuado al heredero, las vistas en Almizra (1244) solventaron la cuestión. En ese espacio en el que se firmó el acuerdo, entre el Campo de Mirra y Caudete, Alfonso conoció a su futura mujer, Violante, que era aún una niña. El acuerdo no fue fácil, debido a que los castellanos querían que la novia trajera como dote la plaza de Játiva, lo que no estaba dispuesto a aceptar Jaime I de Aragón. Según el Llibre dels Feits, fueron Violante de Hungría (reina de Aragón), Diego López de Haro y el maestre de Santiago quienes recondujeron la situación.

La infanta marchó a Valladolid para ser educada por sus ayos aragoneses, Jofré de Loaysa y su esposa Jacometa. Según González Jiménez, en el alcázar vallisoletano y en un acto íntimo se celebró en 1246 el compromiso matrimonial en presencia de pocos testigos, entre ellos los ayos de Violante, y la nodriza de Alfonso. El matrimonio se celebró el 29 de enero de 1249 en la colegiata de Valladolid, cuando Violante tenía trece años y Alfonso veintisiete. La reina tardó en tener hijos, pero a partir de 1253, año en que nació Berenguela, tuvo diez vástagos, seis de ellos mujeres.

Además de como madre, su protagonismo en Castilla también fue político, como lo demuestra su intervención frente a la rebelión mudéjar de 1264, cuando escribió a su padre, Jaime I, para que acudiera en auxilio de los intereses de su esposo en el sureste peninsular. Años después, las relaciones entre los cónyuges empeoraron a raíz del problema sucesorio entre el infante Sancho y su sobrino Alfonso de la Cerda. Esos hechos, que provocaron una fractura política, fueron en buena parte los responsables de que Violante abandonara el reino y marchase a Aragón.

Beatriz de Suabia fue enterrada en el monasterio burgalés de las Huelgas. En 1279, Alfonso X hizo trasladar sus restos a la catedral de Sevilla, para que reposase junto a su marido Fernando III

Beatriz de Castilla, reina consorte de Portugal.

imagen

Ese traslado al final de su vida fue posible por los lazos políticos e incluso afectivos que había mantenido con su familia aragonesa. Lo pone de manifiesto que quiso ser enterrada en el mismo lugar que su madre, y que su hermano Sancho de Aragón llegó a ser arzobispo de Toledo. Así acabó sus días en Aragón una reina de Castilla con criterio propio, que ejerció el poder valiéndose de la mediación, la intercesión y el patrocinio. Esta última actividad la desarrolló sobre todo en beneficio de órdenes mendicantes femeninas y masculinas.

LAS HIJAS. Su primogénita, Berenguela, señora de Guadalajara, fue reconocida como heredera en las Cortes de Toledo de 1254. Pero en octubre de 1255 nació Fernando (de la Cerda), y se convertía, según la tradición y la doctrina que Alfonso consolidó en Las Partidas, en el heredero de Castilla y León. Durante su breve etapa de heredera, se negoció su matrimonio con el heredero del trono de Francia, pero esa vía se cerró en el momento en que la infanta perdió esa condición. Al final de la vida de su padre se alineó con él frente a su hermano Sancho y su madre, lo que explica que en su testamento el rey le dejara, como recoge Martínez, "todos los heredamientos que le dimos en los reinos de Castilla et de León después de que a nos vino de Sevilla et habiéndola don Sancho desheredado de cuanto nos la dimos".

Según Ballesteros, la infanta Beatriz fue solicitada en matrimonio por el sultán de Egipto Al-Malec, posibilidad que no fue mal acogida por el rey pero que fue rechazada por ella según narra la Crónica General y es recogido por Ballesteros: "dixo al rey su padre que al gran Khan le diesen gran cadena e non quiso casar con él". Contrajo matrimonio con Guillermo, marqués de Monferrato; el novio acudió a casarse a Castilla (Murcia) en 1241, y la novia fue muy bien dotada por su padre.

Leonor acompañó al rey junto a su madre en el viaje que realizó a Beaucaire para el fecho del imperio. Fue una empresa que acarreó grandes disgustos a Alfonso X, en cuyo transcurso él mismo estuvo enfermo y durante el regreso perdió a la tercera de sus hijas, Leonor, que fue enterrada en Caleruega.

La menor, Violante, que había nacido en 1265, entró en el mercado matrimonial de la mano de los intereses políticos de su padre. En 1272, al firmarse un tratado de paz con Navarra, se concertó su matrimonio con el heredero de ese reino, Teobaldo, pero la boda no se realizó por fallecimiento del novio. Diez años después, en 1282, se casó con el señor de Vizcaya, Diego López de Haro.

De las otras dos hijas, Isabel murió siendo niña y Constanza ingresó en el monasterio de las Huelgas de Burgos.

Pero hay más. El rey Alfonso tuvo varias amantes y varios hijos e hijas fuera del matrimonio. Entre esas concubinas destaca Mayor Guillén de Guzmán, una mujer noble con posesiones y recursos, a la que el rey entregó, para ella y sus hijos, la villa de Elche, y que fundó en Alcocer un monasterio franciscano femenino. La fuerza del vínculo personal entre Alfonso y Mayor tuvo mucho más calado que el que estableció con Violante, como lo demuestra que en el invierno de 1243, recién firmado el tratado de Alcaraz en Murcia, el rey regresó a tierras castellanas, entre otras razones porque Mayor había dado a luz a Beatriz, su primera hija.

El acuerdo matrimonial no fue fácil, debido a que los castellanos querían que la novia, Violante de Aragón, trajera como dote la plaza de Játiva, lo que no estaba dispuesto a aceptar Jaime I de Aragón

De ella quizá tuvo dos hijas, Urraca (cuya maternidad es dudosa), a la que su padre lega propiedades y elevadas sumas de dinero, y Beatriz, que siempre estuvo muy próxima al rey, llegando a trasladarse desde Portugal a Sevilla a finales de 1282 para estar junto a él, a pesar de la oposición de su hijo, el rey Don Dinis, que apoyaba a Sancho frente a Alfonso X. Parece que el rey también profesó un gran cariño por su hija Beatriz a la que, en el tratado de Badajoz (1252), entregó en matrimonio a Alfonso III de Portugal, en lo que constituye uno de los casos más significativos de legitimación de una hija nacida fuera del matrimonio. Esa unión la convertía en reina de Portugal, aunque también implicaba la unión de una niña de diez años con un hombre de casi cuarenta. Fruto de esa pareja fue el rey Don Dinis, al que su madre siempre estuvo muy unida a pesar de no compartir algunas opciones políticas.

Podríamos continuar con la enumeración de personajes femeninos, otras amantes, las nietas (como María Díaz de Haro, señora de Tordehumos, o Blanca, hija de la reina portuguesa Beatriz, a la que en su testamento legó 100.000 maravedís para su casamiento) o las nueras (entre las que destaca con luz propia María de Molina). Pero no vamos a hacerlo. Basten los perfiles ofrecidos para demostrar que en el entorno alfonsí hubo figuras femeninas que merecen un lugar muy destacado en ese brillante siglo XIII. Basten también esos ejemplos para afirmar una vez más que las mujeres contribuyeron al igual que los varones al desarrollo de la sociedad, a solucionar problemas, o a crearlos, en definitiva para demostrar que el conocimiento de la historia exige el acercamiento a todos sus actores, sean varones o mujeres.

Más información:
  • Ballesteros Beretta, Antonio

    Alfonso X el Sabio
    El Albir, Barcelona, 1984.

  • González Jiménez, Manuel

    Alfonso X el Sabio
    Ariel, Barcelona, 2004.

  • Fuente, María José

    Violante de Aragón, reina de Castilla.
    Dykinson, Madrid, 2017.

  • Martínez, H. Salvador

    Alfonso X, el Sabio. Una biografía.
    Polifemo, Madrid, 2003.

  • Salazar Acha, Jaime de

    "Precisiones y nuevos datos sobre el entorno familiar de Alfonso X El Sabio, fundador de Ciudad Real" en Cuadernos de estudios manchegos, nº 20, 1990, pp. 211-231.