Columnas
Andalucía en sus documentos

Gazapos y malentendidos en la primera prensa andaluza

Por una historia crítica del periodismo andaluz (ss. XVII-XIX)

Mª CARMEN MONTOYA RODRÍGUEZ Y CARMEN ESPEJO-CALA
UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Es una evidencia la riqueza patrimonial que suponen la infinidad de títulos y nombres propios que conforman el legado periodístico andaluz, que arranca en el siglo XVII y se extiende hasta el presente. Trazamos en este artículo un panorama general de la investigación actual, subrayando las tareas más urgentes en relación con la producción anterior a la moderna prensa de masas. Por un lado, la actualización del corpus, incorporando nuevos hallazgos y esclareciendo errores que obstaculizan la comprensión del devenir histórico del periodismo. Por otro, la construcción de un marco de interpretación general de la prensa andaluza que permita vincularla con la historia sociocultural.

El estudio sobre las primeras manifestaciones periodísticas comenzó en el siglo XIX, cuando bibliófios e investigadores empezaron a interesarse sobre el pujante negocio en torno a las noticias que se gestó en la Andalucía de la Edad Moderna, puente entre América y el resto del mundo conocido. Sus trabajos, como los de sus colegas que emprendieron idénticos caminos de construcción de las historias nacionales del periodismo europeo, están animados por hondas convicciones nacionalistas y positivistas, propio del momento en que se gestaron. Estos criterios han frenado el desarrollo de una historia del periodismo pan-europeo y de los periodismos periféricos.

Hay que esperar al desarrollo de la autonomía para que aforen los primeros trabajos generalistas sobre la historia del periodismo andaluz. Escritos entre los años setenta y noventa por académicos que ejercieron, a su vez, profesionalmente el periodismo, son empresas colosales que recopilan infinidad de títulos y sacan a la luz los nombres propios de periodistas y empresarios que los impulsaron.

Este punto de partida indispensable ha permitido a los investigadores actuales concentrarse, primeramente, en la actualización del corpus de prensa andaluza y, más a largo plazo, en la construcción de un marco de interpretación general que, más allá de la saludable reivindicación identitaria, descubra rasgos comunes en las prácticas periodísticas andaluzas a través de los tiempos, y dote a estos de sentido, si es posible, en relación con la historia sociocultural de Andalucía.

La tarea revisionista del corpus de prensa andaluza no está exenta de dificultades. De manual en manual, de monografía en monografía, se arrastran errores, o incluso erratas, que dificultan la comprensión del devenir histórico. Las obras generales sobre el periodismo español de la Edad Moderna señalan la posición destacada de Sevilla en el mercado de los primeros impresos informativos de los siglos XVI y XVII, las relaciones de sucesos no periódicas. En cambio, seguramente por un deficiente conocimiento de los fondos conservados, no perciben la rápida evolución de las prensas de la capital andaluza hacia el gaceterismo y los formatos periódicos desde las primeras décadas del XVII.

Está comúnmente aceptado, por ejemplo, que la Gazeta Nueva que publica Juan Gómez de Blas en Sevilla a partir de 1661 no es más que una copia de la publicación madrileña del mismo nombre, auspiciada por Juan José de Austria y primera en su condición de periódico oficioso del reino. Sin embargo, ya el primer estudio en profundidad sobre la gaceta madrileña, publicado a mediados del siglo pasado, reconocía que la serie sevillana tiene su propio sello: incluye noticias locales, suprime o refunde noticias. De modo que en ningún caso puede hablarse de mera copia. Trabajos más recientes señalan que la Gazeta Nueva siguió editándose en Sevilla incluso tras la desaparición de la madrileña, al menos entre 1663 y 1675, aunque por desgracia son solo unos pocos números los que se conservan. Podemos concluir, por tanto, que el mercado de las gacetas en Andalucía fue más sólido de lo que suele afirmarse.

Hebdomadario útil sevillano (1758-1767), escrito e impreso por Joseph Navarro y Armijo, se ha considerado el primer semanario andaluz del siglo XVIII. En la foto aparece el primer número de su segunda época (30 de mayo de 1766).

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Las imprentas sevillanas ensayaron fórmulas periodísticas diarias para cubrir informativamente la campaña de Portugal en mayo-junio de 1704. Aunque no figura el impresor en el ejemplar, este puede atribuirse a Juan Francisco de Blas.

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No hay evidencia bibliográfica alguna, en cambio, que permita confirmar la existencia de un periódico llamado Noticias de Sevilla de 1619, que, de haber existido, hubiera tenido un título sorprendentemente moderno para su época. El dato, atribuido a Manuel Chaves Rey, primer historiador del periodismo sevillano, se desliza en varias monografías y manuales universitarios. Chaves quería desmentir la existencia de una publicación con este título fechada en 1791 y menciona otra de similar nombre en 1691 que no es un periódico. A expensas de que hallazgos posteriores puedan desmentirnos, consideramos muy posible que la confusión parta de una errata, un simple baile de dígitos, nunca corregido, que perpetúa el error.

Esta obsesión positivista por reivindicar los orígenes remotos del periodismo sevillano llevó a considerar como periódico la Gaceta de San Hermenegildo (1746-1747). Aunque conoció hasta cinco números, este papel promovido por el Colegio dominico de Santo Tomás, no es más que un panfleto denigrativo contra los jesuitas. En cambio, cayó en el olvido una falsa Gaceta de Madrid, de mucho mejor factura, donde los jesuitas Florencio de Gante y Gaspar de Sola, en sendos números, desenmascaran a los autores de aquella gaceta ofensiva.

En este marco de la literatura de combate hay que situar también las series periodísticas del jesuita Nicolás de Estrada, de pluma ágil y resuelta, silenciadas por su condición de productos efímeros. Precisamente contra él arremete el primer número de la Gaceta de San Hermenegildo, hecho detonante de su inclusión en el Índice de Libros Prohibidos de 1747.

PROEZA. La historiografía decimonónica concibió el XVIII como un siglo de decadencia, una afirmación que no concuerda con el vigor de las imprentas andaluzas durante la Guerra de Sucesión. Aunque muchas de las noticias y relaciones andaluzas son reediciones de prensa europea y madrileña, otras tantas son producción local, como la pionera Gaceta de Granada, llegando, incluso, a conseguir una proeza que escapó a ojos de investigadores que nos precedieron: la periodicidad diaria. No creemos que llegase a perdurar, pero el intento está acreditado en Noticias diarias de lo obrado por el exercito de nuestro rey y señor Don Phelipe Quinto hasta el dia treinta de mayo y de los lugares y castillos que se han tomado hasta dicho dia: Campo de Ronches, desde 21 á 30 de Mayo. Aunque no consta el taller responsable es cabal atribuirlo a Juan Francisco de Blas que en ese mes publicó en Sevilla, con licencia, otros títulos similares sobre la campaña de Portugal de 1704, con noticias recién llegadas del frente, como indica el reclamo comercial "venidas por expreso oy".

Hebdomadario útil sevillano (1758-1766), del impresor José Navarro y Armijo, será la primera cabecera consolidada en Andalucía e inspirará otros proyectos similares en Granada y Cádiz. Aunque durante el primer año se mantuvo bisemanal, su mérito pasa desapercibido a los historiadores por su imitación inicial del primer diario madrileño liderado por Nipho. Es un periodismo menos atractivo que la prensa cultural o política con legiones de seguidores, pero es necio negar el criterio de servicio público y utilidad que cumple este periodismo local.

La tarea está llena de dificultades: de manual en manual, de monografía en monografía, se arrastran errores, o incluso erratas, que dificultan la comprensión del devenir histórico de la prensa

Noticias locales en las gacetas sevillanas del siglo XVII
  • "De Sevilla. Jueves 27 de octubre a las cuatro de la tarde se voló en Sevilla la casa y molino de la pólvora, situada a una legua de la ciudad, hermoso y fuerte edificio, y asegurado con todas las prevenciones que requiere lo peligroso del ministerio a que estaba dedicado: el origen del daño no se ha podido averiguar, solo se sabe que se quemaron en ella 1.500 quintales de pólvora, y que a la violencia de su impulso se estremeció la tierra más de cuatro leguas en contorno, y que los fragmentos de las piedras, maderos y rejas de hierro volaron más de una legua. Perdieron la vida tres hombres, que por estar en esta ocasión cerca de la puerta de la casa no les alcanzó la principal violencia, y así se hallaron enteros sus cuerpos [...] Derribó también la mayor parte de las oficinas del molino, que por el riesgo del fuego estaban apartadas del edificio principal un tiro de mosquete, y a la ermita de Nuestra Señora de Valme (que estará tres) le desquició las puertas principales y desencajó las demás de la vivienda; y a no estar a barlovento estas dos fábricas, no hubieran quedado de ellas ni aún los cimientos".

    Gaceta Nueva de Sevilla (octubre de 1667).

Relación andaluza de las hazañas, hechos y valentías de Pepito el Jerezano es una parodia festiva de los antiguos romances épicos, que transcribe supuestamente la lengua andaluza. Este género impreso ha sido ignorado por muchos estudios sobre la comunicación.

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La posición central de las imprentas de Córdoba, Málaga y algunas localidades sevillanas como Carmona en la producción de romances noticieros ha sido prácticamente ignorada por la historiografía

Tampoco ha contribuido a su justa consideración que las criticas acompañaran a Navarro desde el inicio de su andadura —hubo quienes trataron de boicotear su empresa suministrando noticias falsas—, las peores las que le lanzó un papel infamatorio titulado Embromario, al que Chaves Rey incorpora en su repertorio sin conocer su carácter de prensa satírica ocasional. No ha trascendido, sin embargo, un segundo título, Envoltorio, que en años sucesivos volverá a ponerlo en jaque.

Queda aún mucho por esclarecer del "negocio de la polémica" en Andalucía. El fenómeno es particularmente interesante en el último cuarto del XVIII, en el que infinidad de papeles, panfletos y hojas sueltas anuncian ya el vigor de la prensa satírica decimonónica. Lo atestigua la polémica que libraron universitarios y tomistas, con ocasión de las festas de proclamación de Carlos IV en Sevilla. Conocemos más de setenta títulos llenos de dicterios que circularon por la ciudad entre abril y agosto.

Es una práctica cotidiana de escritura y lectura, capaz de activar resortes críticos y la conciencia ciudadana, y en una fecha muy anterior al período al que tradicionalmente se ha vinculado la libertad de expresión: el hecho revolucionario de 1808 y el decreto de libertad de prensa de 1810.

Se desconocía, por ejemplo, la actividad de Francisco de Alvarado —futuro Filósofo Rancio— anterior a las Cortes, quien precisamente en 1789 se confirma como libelista. Y junto a él otros profesores y profesionales libres, como Bonifacio Ximénez de Lorite, Antonio González de León o Antonio López de Palma, el más audaz rival de Alvarado. También Manuel Gil, que primero se curtiría en el género de las relaciones de festas, para desde ahí dar el salto a la política en la Junta de Sevilla, y al periodismo como compañero de los afrancesados Alberto Lista y Justino Matute en la Gaceta Ministerial de Sevilla de 1808-9.

El protagonismo de Cádiz en las primeras décadas del siglo XIX se reconoce en todas las historias del periodismo español, pero la investigación sobre sus fondos depara aún descubrimientos importantes. Hallazgos recientes en torno a figuras como las del Barón de la Bruère —pionero del periodismo en Valencia, Sevilla y Cádiz— o la del fraile Juan Antonio Olavarrieta —que se reinventó a sí mismo como José Joaquín de Clararrosa, editor de periódicos en Lima y Cádiz—, por mencionar solo un par de casos, demuestran la modernidad del perfil profesional que autores como estos representan, además de la necesidad de seguir indagando en archivos y bibliotecas para desvelar el alcance de la revolución cultural que vivieron Cádiz y Andalucía con el cambio de era.

La primera prensa satírica andaluza
  • José Navarro y Armijo responde desde el Hebdomadario útil sevillano del 4 de julio de 1760 a un crítico que "ha pretendido con este nuevo Embromario, embromar los útiles, y preciosos fines a que se dirigen mis publicas tareas". Sin dar a conocer su identidad, el autor del semanario descarga revelando el lugar donde puede adquirirse este papel: "frente de la Fábrica de los platos de peltre". Y más adelante increpa a su responsable: "bien pudiera usted haber dádole satisfacción de sus anteriores escritos, a el señor Médico de la Villa de Castilleja de la Cuesta, que bien tiene que dársela de su Prognostico impreso, y leer su doctísimo papel de los Eclipses de Sol, y Luna, que dio a luz y se vende en la librería, frente de Nuestra Señora del Pópulo y no andar probando fortuna en nuevos escritos". Las pistas conducen directamente a la imprenta vecina de Nicolás Vázquez que efectivamente se anuncia con esas señas, frente de la Fábrica de los platos de peltre, y había impreso en ese año el pronóstico sobre eclipses al que se refiere Navarro, obra de José Damián Mazias, el discípulo de los astrólogos.

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El Tío Tremenda (1813), "anticonstitucional y adicto a Fernando VII", es un buen exponente del periodismo satírico que se escribe en andaluz y desde la perspectiva regional.

PRENSA POPULAR. Otro ámbito de investigación prácticamente ignorado es el de la prensa popular. Aunque el pionero Julio Caro Baroja ya subrayó su "andalucismo", se ha prestado más atención al contenido andaluz de las historias reportadas que a las sofisticadas estrategias de producción y comercialización que se esconden tras estos romances populares y baratos, claramente menospreciados. Andalucía contó con impresores especializados que extendían su mercado a toda España, desde el siglo ilustrado hasta las primeras décadas del siglo XX. En este sentido, ocupan una posición central las imprentas de Córdoba, Málaga y algunas localidades sevillanas como Carmona en la producción de romances noticieros —generalmente dedicados a narrar sucesos truculentos o extraordinarios, a medio camino entre la moralina y la irreverencia jocosa—.

Precisamente, el rasgo popular está presente en numerosas prácticas del periodismo andaluz entre los siglos XVIII y XX, lo que de alguna manera puede haber contribuido al desinterés de muchos historiadores. En el caso del periodismo satírico del siglo XIX —presente en todas las provincias de la región—, hasta la llegada de trabajos bien recientes no había sabido leerse la función política de estas caricaturas que, lejos de ser un mero divertimento, concedieron a sus lectores el derecho a la crítica y a la participación en la vida pública.

El estudio del periodismo obrero andaluz de finales del XIX y comienzos del XX —el que se produce por ejemplo en el entorno de las minas de Riotinto, explotadas por una compañía británica— adolece de la misma carencia: una lectura poco profunda de los pasquines humorísticos y las canciones de carnaval publicados por el movimiento sindical destaca en ellos la mera perpetuación de los motivos folclóricos, sin apreciar el nuevo lenguaje de clase en el que se expresan ahora los viejos tópicos de la cultura popular.

El periodismo andaluz, como el de cualquier otra región, nació y se desarrolló al ritmo de las propias circunstancias socioeconómicas y culturales. De modo que cualquier narrativa que niegue sus rasgos identitarios y se limite a señalar su sincronía o retraso con respecto al periodismo de la capital, de Madrid, resulta forzada e injusta. La apuesta por los géneros populares o la preferencia por la sátira y el humor, por ejemplo, que resultan anacrónicos en el periodismo dominante en Europa, permitieron en cambio el desarrollo de espacios de expresión eficaces para la opinión pública andaluza.

Más información:
  • Aguilar Piñal, Francisco

    La prensa española en el siglo XVIII: diarios, revistas y pronósticos.
    CSIC, Madrid, 1978.

  • Checa Godoy, Antonio

    Historia de la prensa andaluza.
    Alfar, Sevilla, 2011 [1991].

  • García Galindo, Juan Antonio

    Prensa y sociedad en Málaga 1875-1923: la proyección nacional de un modelo de periodismo periférico: una historia del periodismo en el tránsito a la sociedad de comunicación de masas.
    Edinford, Málaga, 1995.

  • Proyecto I+D+i HICPAN

    (Historia Crítica del Periodismo Andaluz), https://hicpan.es/