Columnas

Emilia Pardo Bazán sí fue académica

Rechazada por la RAE, fue aclamada en la de Córdoba

En 1912, la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba nombró académica por unanimidad a la escritora gallega, una posición que, por su condición de mujer, le había sido vedada por la Real Academia de la Lengua Española en medio de una gran polémica. El impulsor de la iniciativa fue Enrique Romero de Torres, el hermano del reputado pintor. "Esta academia ha dado una lección a la otra", escribió agradecida la genial autora de Los Pazos de Ulloa.

MARÍA DEL MAR IBÁÑEZ CAMACHO
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÓRDOBA

Enrique Romero de Torres (1872-1956).

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El 12 de mayo de este año se cumplió el centenario del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), la eminente escritora gallega, tan de actualidad últimamente a causa de los vaivenes de la titularidad de la que fuera su casa, el hermoso Pazo de las Torres de Meirás. También porque recientemente saltó a los medios su romance con Galdós que, si bien era conocido, se vio reavivado por la publicación de las cartas ardientes que los enamorados se cruzaron.

Hay otra cuestión palpitante relacionada con su figura, su aspiración frustrada de ingresar en la Real Academia de la Lengua Española. Recientemente, la institución en un intento de hacer justicia al respecto, le ha adjudicado el inexistente sillón n.º 47, lamentando que no se le permitiera ser académica por su condición de mujer. Pero la condesa fue desagraviada en vida por otra institución, la entonces Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, que la acogió entre sus filas en 1912.

Conocemos las circunstancias en que se produjo gracias a algunos documentos del Archivo de la Familia Romero de Torres. Allí se conservan dos postales —una escena típicamente campesina desarrollada en Mondáriz y una vista desde una ventana de su pazo, que ella llama Torres de Meirás— y una carta firmadas por la escritora.

Forman parte de la correspondencia de Enrique Romero de Torres (1872-1956). Su figura, no tan mediática como la de su hermano Julio, supone una presencia constante en los ambientes culturales y patrimoniales de Córdoba y aún de España. Desde su cargo de director del Museo de Bellas Artes, comisario de Excavaciones Arqueológicas, académico e investigador, mantuvo relación con el entorno intelectual de su época. Igualmente, al compartir el círculo de amistades de su hermano, tuvo acceso a destacados personajes establecidos por esos años en la villa y corte de Madrid.

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Anverso y reverso de la carta enviada en 1913 por Emilia Pardo Bazán a Enrique Romero de Torres agradeciendo su nombramiento.

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El primer rastro de la amistad entre Emilia Pardo Bazán y Julio Romero de Torres lo encontramos en un artículo que ella escribe sobre la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en Madrid entre mayo y julio de 1912. La condesa, que tuvo en el periodismo una de sus actividades más prolíficas, fue la primera mujer corresponsal de España, y trabajó durante años para el periódico La Nación, que todavía se edita en Buenos Aires. En el escrito, publicado el 7 de julio con el título La Crónica de España: la exposición de pintura, se congratula de la amplia asistencia de público y refiere: "En la exposición de este año han escandalizado los cuadros de Romero de Torres suscitando apasionadas polémicas. Hay dos Romero de Torres, ambos cordobeses y supongo que hermanos, pues viven juntos en Madrid". El comentario deja entrever que los protagonistas de esta historia aún no se conocen personalmente. Emilia continúa: "El que ha atraído la atención en estos momentos es Julio… Sus cuadros destacan en mi memoria y sensibilidad, como una nota aparte, poética, refinada y curiosa. Le agradezco que me haya llevado de la mano a un país de ensueño, fuera de la realidad vulgar".

Ese año Julio se presentó en Madrid con La Consagración de la Copla como cuadro principal y, aunque no fue premiado, las protestas de intelectuales, artistas y periodistas fueron un clamor que compensó al pintor de los sinsabores provocados por el desdén del jurado. La escritora relata la percepción del público con quien se alinea: "Yo soy testigo de que los visitantes nos deteníamos con placer ante los cuadros de Romero de Torres. Algo nos llamaba, algo nos sujetaba. Un sueño había cruzado".

El artículo del tabloide argentino fue reproducido en el Diario de Córdoba de 12 de agosto de 1912 con el título: "La Condesa de Pardo Bazán y Julio Romero de Torres". No sería peregrino suponer que Carlos, otro hermano de los Romero establecido en Argentina, se encargara de mantener a la familia al tanto de las noticias de allende los mares y, especialmente, de cualquier publicación sobre la carrera pictórica de su hermano menor.

Ese mismo verano tuvo lugar en La Coruña un evento que llevó a Julio a tierras gallegas. Se celebraba una exposición de arte en cuyas paredes colgó La Sibila de La Alpujarra. Por esas mismas fechas el periódico La Tribuna fletó un tren expreso que supuso el desembarco de más de 500 "excursionistas" procedentes de Madrid. Entre todos aquellos periodistas, fotógrafos y caricaturistas, aterrizó nuestro artista en la ciudad norteña. Cerca de un mes pasó allí Julio, a quien la prensa describe como "un hombre vestido de azul, muy alto, muy flaco, con una corbata blanca y un leve bigote negro".

La estancia en La Coruña nos da pista del encuentro entre el pintor y la escritora, aunque no consta si se conocían de antes. La prensa recoge la tarde en que acude a visitarla a su pazo, junto al pintor Llorens y el periodista Alfredo Tello. La noticia dice: "Los notables artistas hicieron en un automóvil la agradable excursión y permanecieron en Meirás varias horas recorriendo la magnífica posesión y admirando su belleza y la esplendidez de la señorial residencia, así como las interesantes obras de arte que la decoran".

Muchas fueron las barreras que nuestra protagonista consiguió derribar. Mujer pionera, se esforzó en vivir de su trabajo, aunque nació en una posición acomodada. Recibió una esmerada educación, era políglota y aficionada a los viajes. Dio sus pasos como escritora siendo muy joven: sus escritos se publicaron en revistas de tirada general, no en publicaciones destinadas solo al público femenino, y su carrera literaria fue brillante en pie de igualdad con sus contemporáneos varones como Galdós, Valera, Pereda, Menéndez Pelayo... También rompió moldes sociales en muchas ocasiones. Tuvo una vida privada liberal; se separó de su marido cuando este la hizo elegir entre las letras o el matrimonio y se le conocen varias relaciones con intelectuales del momento.

Era una convencida de la necesidad de educar a las mujeres como factor imprescindible para la modernización de la sociedad española, oponiéndose a las teorías que defendían una supuesta inferioridad intelectual de la mujer basándose en las diferencias orgánicas entre ambos sexos. Del mismo modo, reivindicaba su presencia en la vida pública.

Su prestigio personal y las corrientes favorables a posturas más progresistas le valieron algunos reconocimientos, como la concesión del título de condesa de Pardo Bazán otorgado por Alfonso XIII en 1906 por su importancia en el mundo literario. En 1910 fue nombrada consejera de Instrucción Pública. Poco después se publicó un Real Decreto que autorizó por igual la matrícula de alumnos y alumnas permitiendo acceder a ambos sexos a la Enseñanza Superior en igualdad de condiciones.

Pero había un anhelo que se le escapaba: su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española. Conocida es la beligerancia con que la condesa se postuló para obtener un sillón en la institución desde 1889, y la no menos beligerante negativa del sector académico más conservador, encabezado por el cordobés Juan Valera. El agrio enfrentamiento hizo correr ríos de tinta en la prensa durante años y está reflejado en la correspondencia de varios académicos, partidarios y detractores, estos últimos encabezados por el citado Valera que llegó a referirse a la aspirante como "esa sandía con patas". La bibliografía sobre la autora recoge ampliamente este tema enmarcándolo en un contexto de debate entre posturas progresistas e inmovilistas.

El pintor Julio Romero de Torres en 1913.

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Es ahora cuando entran en escena los documentos conservados por la familia Romero de Torres. Corría el mes de marzo de 1912 y había reverdecido la cuestión académica. La prensa cordobesa se hace eco publicando una nota que refiere cómo sus paisanos e ilustres literatos piden para ella el sillón vacante. Efectivamente, la campaña mediática fue muy fuerte en tierras gallegas requiriendo incisivamente una plaza para su paisana. Y la polémica se extiende a los periódicos de tirada nacional. Pero todos los esfuerzos son inútiles y la academia responde a la condesa denegando su solicitud "… porque los acuerdos reglamentarios de 10 de febrero de 1853, de 28 de marzo de 1912 y 2 de abril del mismo año disponen terminantemente que las Señoras no pueden formar parte de este Instituto".

La negativa no dejó indiferente a una sociedad que avanzaba decidida a la integración de las mujeres en la vida pública y que se hacía visible al apoyar la causa pardobazanista. En este entorno liberal se encontraban los Romero de Torres. Así lo atestigua su amistad con Jacinto Benavente, el cordobés Cristóbal de Castro —quien dejó claro su posicionamiento liberal en defensa de la mujer— o Carmen de Burgos, también periodista y primera mujer española corresponsal de guerra.

Había un anhelo que se le escapaba: su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española. conocida es la beligerancia con que la condesa se postuló para obtener un sillón en la institución desde 1889

Buscando el desagravio a tan dolorosa cuestión, Enrique Romero de Torres propuso a doña Emilia como socio correspondiente de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. En carta fechada en 1949, Enrique escribe al conde de Romanones quien había publicado un artículo titulado "¿Y por qué no?" lamentando la exclusión de la mujer en la Real Academia. Enrique relata:

"Soy tan de su parecer que ya en 1913 (sic), cuando la eximia escritora Condesa de Pardo Bazán pretendió ingresar por derecho propio en dicha Academia y esta le puso el veto… entonces yo, a pesar de mi modesta personalidad pero guiado por mi admiración… tuve el honor y el placer a un tiempo de presentarla… en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba".

Más adelante, refiriéndose a la empecinada negativa de la Academia Española, comenta con extrañeza: "existe el precedente de que a finales del s. XVIII otorgó el título de académica honoraria a la noble dama doña María Isidra Quintina y de la Cerda". Y transcribe la lápida funeraria de esta mujer que terminó sus días en Córdoba siendo enterrada en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas. En ella se hace relación a los méritos intelectuales que le valieron su doctorado en Filosofía y Letras Humanas, su cátedra honoraria de la Universidad de Alcalá y su título de Académica Honoraria de la Real Española.

Otro dato clave lo encontramos en una carta de 1943 de Fernando González Soriano secretario de la Academia, contestando a Enrique, quien le había solicitado el acta de la sesión en que se produjo la elección, en estos términos: "… y la falta de 'hoja de propuesta' pues seguramente fue hecha de palabra —como tantas otras—, atendiendo más que al reglamento a la buena disposición y mejor amistad de los concurrentes cuya confianza autorizó la omisión de un trámite que ahora hubiera ahorrado tiempo y, sobre todo, no dejaría en el anónimo el autor de la feliz iniciativa".

La carta adjunta un sobre en el que consta con letra de Enrique la siguiente inscripción: "(Ojo). Propuesta hecha por mí aunque no conste en el acta para que se nombrara como se nombró académico a Doña Emilia Pardo Bazán".

El tema del acceso de la escritora a la institución cordobesa, así como el de otras mujeres, ha sido estudiado por la profesora Porro, si bien quedaba pendiente determinar quién había sido el proponente en este caso.

Continuando con la carta enviada por González Soriano, en ella se transcribe el contenido del acta relativo a la cuestión y la nómina de asistentes a la sesión. Al día siguiente el Diario de Córdoba recoge la noticia indicando el nombramiento por aclamación de académica correspondiente por Madrid "a la ilustre literata, honra de las letras patrias". El mismo rotativo, en su edición del 13 de enero de 1913 en la que Ricardo de Montis hace balance del pasado año literario, evoca el asunto diciendo: "Es digno de mención el hecho de que, apartándose de la tradición seguida por la mayoría de estas corporaciones, abriera sus puertas a la mujer para la que hasta ahora, en España, han estado cerradas las de casi todas las academias e incluyera en las listas de académicos correspondientes el nombre de la ilustre escritora doña Emilia Pardo Bazán".

ACLAMACIÓN. Hay que señalar la elección por aclamación, poniendo de manifiesto el talante progresista e incluso rompedor del elenco académico en ese momento. El periodista Montis se muestra orgulloso de ello y coloca a nuestra ciudad entre las más adelantadas socialmente del país.

A primeros de marzo de 1913 está fechada la primera de las misivas de la condesa dirigida a Enrique Romero de Torres. Está manuscrita en papel orlado en negro debido al fallecimiento en noviembre de 1912 de su marido José Fernando Quiroga Pérez de Deza. El texto deja claro que cuando le llegó la noticia de la admisión en la entidad cordobesa acababa de enviudar, lo que sin duda minimizó el alcance de este hecho. Aún así, una vez pasados cinco meses, la escritora no duda en ser franca con Enrique y mostrarle en una significativa frase, su sentimiento al respecto: "Esta academia ha dado una lección a la otra".

Y continúa exponiendo sus esperanzas pues parece que después del largo batallar, se ha dado por vencida y fía al futuro el que se haga justicia: "Esperemos que dentro de algunos años las ideas se habrán modificado, si quiera sea solamente al impulso de las que ya en Europa se extienden de un modo tan avasallador".

El Archivo de la Familia Romero de Torres
  • Contiene el conjunto documental textual y fotográfico, generado por la Familia Romero de Torres durante su existencia, desde mediados del s. XIX hasta 1988 en que fallece María, hija del pintor Julio Romero y última descendiente directa de la saga. Está depositado en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba, donde ha sido organizado, descrito y puesto a disposición de los investigadores. Es una fuente histórica de primer orden pues sus miembros se dedicaron al arte y a la preservación del patrimonio. Sus amplias relaciones personales hacen desfilar ante nosotros a algunos de los personajes más representativos de un época.

En la carta le comunica que envía adjunta la respuesta oficial a la academia, pero particularmente le muestra a Enrique su gratitud. Con la expresión: "privadamente reciba usted mi gratitud y téngame por su admiradora", confirma que fue él quien propuso su candidatura como académica. Una pequeña postdata incluye un detalle jugoso, pues la condesa pregunta si la academia tiene medalla o distintivo "porque me sería grato poder usarla alguna vez".

Como recoge la noticia publicada en el Defensor de Córdoba el 9 de marzo de 1913, titulada La Academia de Ciencias. Sesión de anoche: "… se dio lectura a una carta de Doña Emilia Pardo Bazán, en la que dio gracias por el nombramiento de académico correspondiente que en mérito a su figura literaria acaba de conferírsele. (…) Acuérdase por unanimidad regalar a la ilustre dama, las insignias de la Academia y expedirle gratuitamente el título correspondiente".

En la citada carta al conde de Romanones, Enrique dice: "…cuando fui a visitarla en Madrid para tener el gusto de conocerla personalmente, me la mostró colocada en artística vitrina, y me dijo que la llevaba con verdadero orgullo en todas las recepciones oficiales". Desconocemos cuándo se produjo este encuentro, que sin duda debió estar lleno de emoción y cordialidad. Pasado el tiempo, ya en 1919, la condesa responde con dos hermosas postales a su amigo y valedor en respuesta a una petición de este, que ella se interesa por atender.

El hermoso gesto de la Real Academia cordobesa cobra aún mayor relevancia si lo ponemos en el contexto en que tuvo lugar y si subrayamos que su nombramiento se produjo por unanimidad. Fue un acto de justicia por la calidad de su escritura y la relevancia de su figura, y de desagravio ante los desaires de la RAE. Para hacernos una idea comentaremos que en 1916, doña Emilia fue nombrada catedrática de Lenguas y Literatura Neolatinas en la Universidad Central por designación directa del ministro de Instrucción Pública, el cordobés de Iznájar Julio Burell. Pero los alumnos fueron reticentes a aceptar su magisterio y no asistían a sus clases hasta el punto que su nombramiento decayó por falta de quorum. Mas gravoso es aún el dato de la fecha de entrada de la primera mujer en la RAE. El sillón dejado vacante por Miguel Mihura fue ocupado por Carmen Conde nada menos que en 1979.

Más información:
  • Burdiel, Isabel

    Emilia Pardo Bazán.
    Taurus, Barcelona, 2019.

  • Porro Herrera, M.ª José

    Primeras académicas de la Real Academia de Córdoba.
    Boletín de la Real Academia de Córdoba, 2007.

  • Ibáñez Camacho, Mª del Mar

    Inventario del Archivo de la Familia Romero de Torres (Recurso electrónico).
    Consejería de Cultura, 2010.