Escultura de Alfonso X el Sabio ubicada en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba. Obra de Juan Polo Velasco datada en 1965, en la que aparece el rey, ataviado de guerrero pero con manto, cetro y corona real. En su mano izquierda porta un voluminoso libro, simbolizando su faceta literaria, científica, histórica y jurídica.
Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, ha sido un monarca de una personalidad indiscutible para la historia medieval de España y también de Europa. Lo que explicaría, en gran parte, su abundante bibliografía. De suerte que, a día de hoy, estamos muy bien instruidos sobre su prolija y densa tarea de gobierno en la esfera de la administración política y cultural; un ámbito de conocimiento en el que Andalucía no ha sido una excepción.
Las muchas perseverancias instructivas, y también algunas otras incertidumbres políticas que caracterizaron su vida y su reinado (1221/1252-1284), reflejaron los éxitos y también los fracasos del rey, no solo en la esfera de las relaciones públicas del poder, las propias de un soberano del reino de Castilla, sino también en las de un hombre, ciertamente sabio para su época, en los aspectos más domésticos de su vida familiar y privada.
Culto y exquisito, protector de poetas, intelectuales, científicos, juristas y artistas europeos, generoso con sus amigos y sus privados, pero riguroso con sus enemigos, Alfonso X fue siempre un personaje controvertido, ya en su propio tiempo, caracterizado además por una evidente liberalidad, no exenta de cierta soberbia y jactancia personal que algunos contemporáneos reconocieron ya con admiración, ya con desdén, lo que ha suscitado intensas polémicas entre los cronistas, analistas e historiadores del monarca hasta fechas muy recientes. En este sentido, vindicando los trabajos de don Gaspar Ibáñez de Segovia, marqués de Mondéjar en el siglo XVIII, y de don Antonio Ballesteros en el XX, el profesor Manuel González Jiménez, uno de los mayores especialistas europeos en la obra de este monarca universal, procedió en un esplendido libro titulado Alfonso X el Sabio (Barcelona, 2004), a una profunda revisión encomiástica de su trascendental reinado. Pero matizando, desde luego, las muchas narraciones áulicas como, por ejemplo, la pedante descripción laudatoria del italiano gibelino, colaborador y cortesano alfonsí en Sevilla, Egidio Tebaldi de Parma, quien afirmaba hacia 1280 "que no creía que la naturaleza hubiera hecho un hombre más perfecto" que el rey Alfonso X.
El altísimo concepto que de sí mismo, y también de sus obras, tuvo el rey Sabio, puesto de manifiesto en el prefacio de Las Partidas al señalar la noble alcurnia de sus progenitores, ha sido uno de los argumentos que sustentaría durante siglos la imagen peyorativa del monarca difundida por el padre Juan de Mariana desde el siglo XVI al considerar a Alfonso X como un hombre erudito y sabio, desde luego; pero arrogante, petulante y "aborrecido por su pueblo" como rey. Para redondear la imagen displicente del monarca con este célebre párrafo que reproduce el profesor González Jiménez: "Don Alfonso Rey de Castilla era persona de alto ingenio, pero poco recatado, sus orejas soberbias, su lengua desenfrenada, más a propósito para las letras que para el gobierno de los vasallos: contemplaba el cielo y miraba las estrellas; mas en el entretanto perdió la tierra y los reinos".
En cualquier caso, la leyenda negra sobre la vida privada del rey Alfonso X no empañaría nunca en la historiografía alfonsí de todos los tiempos la grandeza de su obra regia en su conjunto y, sobre todo, las brillantes empresas literarias, artísticas y científicas que alentó durante su reinado y que, incluso, sus enemigos reconocieron por toda Europa.
Luces y sombras, públicas y privadas, desde luego, del reinado de Alfonso X. Un rey de actuación política tal vez discutible, o mejor desatinada en el reino de Castilla y en Europa; pero matizada sin duda por fracasos importantes y sonados como el "fecho del Imperio", el problema mudéjar en Andalucía y Murcia, el enfrentamiento con la nobleza y la crisis familiar y sucesoria. Y, sin embargo, un monarca de una imponente obra legislativa, literaria, humanística y científica, mas allá de las incompetencias ideológicas de algunas fábulas y leyendas negras alfonsíes alimentadas por refractarios enemigos. Un saber nuevo en el ámbito medieval europeo del siglo XIII que sería, en palabras de Francisco Márquez Villanueva, en su obra capital El concepto cultural alfonsí (Madrid, 1994), fruto sin de duda un ámbito ilustrativo innovador "de valor permanente y universal siempre".
Con motivo del VIII centenario del nacimiento de Alfonso X en Toledo el 23 de noviembre de 1221, el presente dosier de Andalucía en la Historia quiere vindicar y transferir los saberes alfonsíes a la sociedad andaluza, los de un monarca polifacético y adelantado a su época, que en Andalucía supuso además la etapa fundacional de la región tras las grandes conquistas de Fernando III (1225-1252). Un conjunto de trabajos muy variados y divulgativos, pero con el mismo hilo conductor alfonsí, que analizan las bases de la nueva estructuración territorial andaluza tras los grandes procesos conquistadores y repobladores de mediados del siglo XIII; el concepto imperial hispánico/europeo del monarca; su familia y su herencia dinástica; las prolijas relaciones del rey Sabio con los judíos y los mudéjares, en su mayor parte andaluces; las enfermedades de un príncipe que revelaron algunos de sus frustrados proyectos políticos; las mujeres de su corte; su proyecto funerario en Sevilla como símbolo del poder regio ante la sociedad de su tiempo y su legado cultural. No se trata ahora de abrir nuevas líneas de investigación sobre Alfonso X el Sabio cuanto de transferir y poner en valor su reinado, no siempre bien acreditado entre los andaluces.