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El campo andaluz, semillero de democracia

LAURA CABEZAS VACA
UNIVERSIDAD DE GRANADA

La semilla de la democracia arraigó con especial intensidad en el agro andaluz y fue regada, con enormes dificultades, por muchos de sus habitantes desde 1939. Sin tener en cuenta la influencia de los movimientos de oposición campesina, resulta difícil comprender la construcción democrática posterior. A pesar de ello, el campo ha sido tradicionalmente visto como un espacio pasivo, atrasado, irreconciliable con la modernidad.

El campo andaluz durante el franquismo: de la represión a la lucha por la democracia nace tempestivamente para desmontar esta visión a través de una síntesis de lo investigado en las últimas décadas. Impulsada por Comisiones Obreras de Andalucía y por la Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía, la obra recoge las aportaciones de seis historiadores expertos en la materia que realizan un análisis riguroso, donde la historia muestra su valor como instrumento necesario —hoy más que nunca— para fortalecer la memoria democrática andaluza.

El libro recorre los años de la dictadura, desde su implantación hasta sus últimos días y la llegada de la democracia. Así, en los dos primeros capítulos se analiza cómo la represión ejercida por el estado franquista intentó, y consiguió —solo en parte, como se puede comprobar según se avanza en la lectura— desmantelar la capacidad reivindicativa en el campo andaluz. Francisco Cobo Romero analiza los condicionantes del proceso represivo y contradice la generalizada idea que lo sitúa como una respuesta a la violencia de la guerra. Para este autor, la represión franquista debe entenderse como el instrumento del ejercicio institucionalizado de la violencia política del Nuevo Estado, orientado a exterminar a aquellas organizaciones que apoyaron un modelo político reformista. Desde una visión poliédrica, que dirige la mirada no solo a la vertiente física, sino también al carácter social y económico que tuvo la represión, Salvador Cruz Artacho viene a corroborar tal idea, demostrando la estrecha relación que en Andalucía existió entre la represión y el mundo agrario y sus conflictos laborales. Una violencia que alcanzó sus más altas cotas en las zonas donde la implementación de reformas había sido mayor en los años anteriores al conflicto.

VV.AA.
El campo andaluz durante el franquismo: de la represión a la lucha por la democracia.
CCOO-Andalucía, Sevilla, 288 pp.

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La instauración del orden franquista introdujo cambios socioeconómicos determinantes en el campo andaluz, que son examinados por Grazia Sciacchitano. Se destaca en primer lugar el espíritu productivo que caracterizó el desmantelamiento de la reforma agraria republicana, por encima de los criterios distributivos que habían predominado en la etapa anterior, especialmente a partir de 1959, para pasar a continuación a analizar la posición del PCE desde el final de la autarquía. En este contexto, la Ley de Convenios Colectivos de 1958 marcaría un punto de inflexión que supuso el regreso a la actividad de los sindicatos, dentro de los cauces impuestos por la dictadura. La lucha por la propiedad de la tierra perdería entonces su protagonismo en favor de la exigencia de mejora de las condiciones de trabajo, sin que por ello cambiase el eje que había animado la lucha desde sus inicios: el deseo de democratización del campo.

Los intentos de resistencia surgidos a partir de finales de los cincuenta son objeto del estudio desarrollado por Alfonso Martínez Foronda, que analiza un caso emblemático como es el Marco de Jerez. En esta zona, la experiencia movilizadora fue excepcional debido a una serie de características como la singular distribución de la tierra, la larga tradición anarcosindicalista, una extremada dependencia de mano de obra especializada, y sobre todo, una clara conciencia de los jornaleros campesinos de su poder. Sin embargo, la resistencia no fue nunca fácil ni tampoco unívoca. El uso de la ley del 58 y del Sindicato Vertical se conjugó con el surgimiento de Oposición Sindical Obrera, sindicato clandestino, que actuó especialmente en la década de 1960.

Los años finales de la dictadura estuvieron, en efecto, marcados por una fuerte conflictividad social. Teresa María Ortega López y Antonio Segovia Ganivet exploran, en el capítulo que cierra el libro, las estrategias y movimientos de oposición encabezados por el Partido Comunista y CCOO en esos años. Las transformaciones experimentadas por la sociedad rural española determinaron la inserción de profundas modificaciones en el programa agrario del PCE, que hubo de adaptarse a una nueva realidad. Si bien el paso a la democracia no trajo una mejora sustancial de las condiciones de vida de los trabajadores del campo, significó la puesta en marcha de una serie de propuestas que habían determinado una lucha latente durante más de cuatro décadas.