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Castillos, leones y águilas

La primitiva Capilla de los Reyes en la Catedral de Sevilla

CARMEN BENÍTEZ GUERRERO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Muy poco queda hoy del monumento que una vez ocupó el lugar de la actual catedral de Sevilla. Desde la conquista de la ciudad el 23 de noviembre de 1248 hasta que la catedral gótica comenzó a construirse, ya en el siglo XV, los cristianos reutilizaron el edificio de la mezquita mayor musulmana levantada por los almohades, no sin antes llevar a cabo todos los rituales de purificación y consagración que la tradición marcaba. A los pies de la Giralda, recorriendo el muro Este del interior del templo, se fundó una capilla vinculada a la corona que sirvió como panteón funerario para Fernando III y que fue sustituida al realizarse la obra gótica. Fue su hijo y heredero, Alfonso X el Sabio, el principal promotor de aquel espacio, al que dotó con numerosas donaciones. El propio Alfonso reposó en esta capilla a su muerte el 4 de abril de 1284, posibilidad que dejó abierta en el codicilo de su testamento si no era posible su deseo de enterrarse en el monasterio de Santa María la Real de Murcia. Esta ciudad, tan querida como Sevilla por el monarca, había sido el primer lugar conquistado por él siendo todavía infante heredero.

La elección de un determinado lugar de sepultura por parte de los monarcas medievales tuvo siempre aparejadas una serie de significaciones, de igual modo evidentes en el caso sevillano. No era raro que Fernando III se enterrase en Sevilla, uno de los hitos más simbólicos del proceso reconquistador: capital peninsular del Imperio Almohade y sobrecargada de resonancias culturales desde tiempo visigodo, había sido la gran culminación de la lista de conquistas del rey Santo en el valle del Guadalquivir, en una fecha que coincidía, además, con el cumpleaños de Alfonso, infante heredero.

El rey Santo murió en Sevilla a los cuatro años de conquistar la ciudad. El relato de los hechos, varias décadas posterior al suceso, engrandece el dolor por su pérdida con la intención de ensalzar la importancia de su figura. En concreto, el texto nos dice que no se podría contar la maravilla de los grandes llantos que se hicieron por él en Sevilla y en todo el reino, que dejó la vida de este mundo un jueves de noche, y que fue enterrado en la recién restaurada catedral. Otro testimonio, también tardío, especifica que fue a los pies del altar de Santa María, en la capilla mayor. Allí se encontraban, por otra parte, las reliquias de san Leandro localizadas por el propio monarca y la imagen articulada de la Virgen de los Reyes que todavía hoy podemos observar en la actual Capilla Real.

Según una carta que fue enviada al rey de Aragón para informarle de las novedades en el reino vecino, a la ceremonia funeraria acudieron todos los hijos del rey Santo, así como el arzobispo de Toledo, y tan pronto como el monarca difunto fue enterrado, estando sobre su sepultura, levantaron por rey a don Alfonso el primer día de junio. Este acto de proclamación del nuevo rey sobre la sepultura de su predecesor una vez que se había cumplido con el rito funerario fue muy común en la corona castellano-leonesa. Tenía un sentido preciso, pues constituía un mecanismo de continuidad dinástica que ayudaba a legitimar el traspaso de la dignidad regia al nuevo monarca: la realeza era una condición superior al cuerpo mortal del rey.

El Rey Sabio

Como panteón funerario, la primitiva Capilla de los Reyes que Alfonso X mandó construir en la catedral de Sevilla reunió todos los elementos necesarios para elevar la memoria de su padre, Fernando III, y exaltar la imagen de la monarquía y la suya propia. La devoción por María, la reivindicación del trono imperial por parte del rey Sabio, o su idea de la realeza fueron algunos de los ingredientes que llenaron de contenido el conjunto, hoy desaparecido, que vio reposar al monarca después de su muerte.

Representación de Alfonso X en la actual Capilla Real de la Catedral de Sevilla.

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EL PROYECTO DE ALFONSO X. Para mantener viva la memoria de sus antepasados y crear un escenario de exaltación del poder real, Alfonso X proyectó la creación de una nueva capilla vinculada a la corona dentro de la catedral.

La utilización de la catedral como lugar de enterramiento no era común en Castilla, y sobre todo fue una auténtica novedad acotar un espacio particular en la parte más destacada del templo. Esta alteración de la costumbre, y muchos de los elementos que estuvieron presentes en la capilla, se han relacionado con las aspiraciones políticas de Alfonso X, además de con la influencia de la familia imperial alemana que le llegaba a través de su madre. También pudo influirle la visita que el monarca realizó al monasterio de San Pedro de Cardeña, foco de la heroica leyenda del Cid, en 1272.

Se trataba, en conjunto, de un espacio de amplias dimensiones, elevado y delimitado por una reja que permitía observar el interior sin necesidad de acceder al recinto. Los trabajos debieron comenzar en algún momento anterior a 1279, cuando la capilla ya se encontraba concluida. Lo sabemos porque en este año el rey trasladó a ella los restos de su madre Beatriz, que desde su muerte en noviembre de 1235 había permanecido sepultada en el monasterio de las Huelgas Reales de Burgos. A este mismo espacio se habían desplazado también los restos de Fernando III, y el hecho de que ambos se encontraran incorruptos llevó a desechar el proyecto de realizar un osario.

Parece que en este momento se incorporaron también las imágenes de los reyes difuntos, aunque algunos investigadores han propuesto que la de Beatriz fuese posterior. El realismo de las figuras buscaba servir como imagen viva de los monarcas, en tamaño natural y vestidos con sus prendas usuales, hasta tal punto que —según podemos saber, pues muchos datos se han perdido— tanto sus ropajes como los elementos con los que aparecen ataviados se corresponden con las vestiduras y ajuar con las que fueron enterrados. Habría que destacar la famosa espada que portaba el rey Santo y que fue adquiriendo con el tiempo cada vez más relevancia y simbolismo. La tradición la atribuía al conde Fernán González, héroe castellano de alto valor guerrero, y décadas más tarde se le atribuyeron incluso poderes curativos.

Las figuras —que llamamos simulacros y hoy se encuentran desafortunadamente desaparecidas— estaban sentadas en sillas de plata dentro de sus correspondientes tabernáculos, frente a las sepulturas también cubiertas de plata y simbolizadas con castillos, leones, águilas y cruces. Junto a ellas, día y noche, ardían cuatro lámparas igualmente plateadas. En un nivel superior a estas figuras y los sepulcros se situó la Virgen de los Reyes dentro de su propio tabernáculo de plata, según una descripción de 1345, con piedras preciosas del tamaño de castañas y nueces que relumbraban en la noche oscura.

Además de los aspectos visuales de la capilla, la memoria de la dinastía real se mantuvo viva gracias a otros elementos. La Crónica de Alfonso X, que relata los hechos del reinado de este monarca, cuenta cómo, cada año durante todo el tiempo que duró su gobierno, el rey Alfonso llevaba a cabo un aniversario para honrar la memoria de su padre. A él venía gente de todas las partes del Andalucía que traían pendones representativos de cada lugar y se colocaban junto al sepulcro con cirios que, por su tamaño, se mantenían ardiendo durante todo el día. Incluso el rey de Granada enviaba cien hombres con cirios blancos que se distribuían alrededor de la tumba de don Fernando. Y existía la costumbre, dice esta misma crónica, de que ni ese día ni el anterior se abriesen las tiendas o se realizase actividad artesanal alguna.

El rey Santo murió en Sevilla a los cuatro años de conquistar la ciudad. El relato de los hechos, varias décadas posterior al suceso, engrandece el dolor por su pérdida con la intención de ensalzar su figura

Historia posterior de la capilla
  • Tras su muerte, la capilla proyectada por Alfonso X conoció la intervención de su hijo Sancho, que debía adaptarla para acoger los restos de su padre, y que siguió proyectándose sobre el recuerdo de Fernando III. Parece que el rey Pedro I utilizó algunas de las riquezas de la capilla para costear la guerra con Aragón a mediados del siglo XIV, pero el cambio definitivo se produjo en 1433, cuando el monarca Juan II cedió el espacio para que se pudiese construir la nueva catedral gótica. En ese momento, los elementos que componían la capilla, incluidos los sepulcros y la Virgen, se llevaron a una dependencia alta en el Patio de los Naranjos, en la nave del Lagarto; no obstante, fueron de nuevo trasladados a otra nave orientada al Norte con el objetivo de evitar deterioros provocados por el calor. Las obras duraron varias décadas, y aunque la catedral se consagró en 1506, la nueva capilla se atrasó hasta 1579. Los tabernáculos originales se colocaron entonces en la nueva Capilla Real y parece que no sufrieron cambios significativos hasta que se inició el proceso de canonización de Fernando III ya en el siglo XVII. Fue Carlos II quien en 1677 ordenó que los sarcófagos de Alfonso X y su madre Beatriz se colocasen en los nichos laterales en los que pueden apreciarse hoy día, ya que ninguno de ellos contaba con la condición de santidad que acababa de reconocerse a san Fernando. Los sarcófagos de madre e hijo ya no volvieron a abrirse hasta 1948, con motivo del séptimo centenario de la conquista de la ciudad.


Cantiga de Santa María 292 en la que se representa la construcción de la Capilla Real (abajo a la derecha).

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ESCENARIO POLÍTICO. Pero además de ser panteón funerario, la Capilla de los Reyes funcionó como espacio de exaltación de la corona y de la propia familia real. Todos sus elementos, los enseres y decoraciones heráldicas, así como las ceremonias que en ella se llevaron a cabo, tenían como objetivo mostrar la majestuosidad de la monarquía castellano-leonesa, en este tiempo inmersa en un proceso de consolidación y autoafirmación. Como ha señalado Teresa Laguna, "Alfonso X no escatimó en recursos artísticos y manejó cuidadosamente los símbolos religiosos para explicar visualmente a sus súbditos las realidades y aspiraciones de la Corona". En efecto, el espacio evocaba algunas de las ideas que atravesaron el reinado de Alfonso X y que conformaron el ideario político del rey Sabio; el arte, una vez más, quedaba al servicio del poder.

Por ejemplo, la disposición de los sepulcros en un doble nivel con respecto a la Virgen no dejaba de subrayar la vinculación del poder regio con la divinidad y recordaba la idea del vicariato, es decir, el rey como representante de Dios en la tierra. Los fieles observaban la escena desde un plano inferior, pues como se dijo la capilla se encontraba elevada. El centro de toda la escenografía era, junto a la imagen de la Virgen, la figura de Fernando III, que para Alfonso X representaba al buen monarca, al rey modélico. Así se muestra en una de las obras del rey Sabio, el Setenario, donde ensalzaba su actividad militar y su capacidad para ampliar y consolidar el reino y se destacaban todas las cualidades que debe tener un rey, no sin dejar de establecer una relación consigo mismo como heredero. También se transmitía esta imagen ideal en la inscripción en mármol que llevaba, en varias lenguas, su sepulcro original. 

Alfonso no era sino el continuador de las acciones de su padre, su legítimo sucesor, y la capilla servía como escenificación de esta realidad, como un espacio de constante actualización de la memoria e imagen de Fernando III, que no solo había llevado casi a su última expresión el proceso reconquistador, sino que había reunificado en su persona los reinos de León y de Castilla. Y no se trataba de una cuestión sin importancia: debe recordarse que Alfonso X vivió la última década de su reinado rodeado de problemas políticos, enfrentado a diversos sectores del reino, cuestionado por su propio hijo y habiendo fracasado en sus reclamaciones imperiales. Con este último aspecto se ha relacionado también el conjunto de la capilla: en el contexto de sus aspiraciones imperiales, y después de chocar con la negativa del Papa, cobraba pleno sentido la figura de su madre Beatriz y su interés por trasladarla a la capilla para hacerla partícipe de la escenografía del poder que había proyectado.

En definitiva, la Capilla de los Reyes hace siglos construida en la catedral de Sevilla y hoy desaparecida no fue solo un espacio funerario, sino un auténtico escenario representativo y triunfal de la monarquía castellano-leonesa, y un instrumento de exaltación de la figura regia. En ella se combinaban todos los elementos a disposición del poder, las formas y los colores: los emblemas de Castilla y León, el águila como referencia explícita al Imperio; el rojo, frecuentemente ligado a la realeza, o el blanco, asociado a la luz de la divinidad. Con todo ello Alfonso X no dejaba de manifestar su concepto de realeza, de subrayar una vez más la herencia unificada de Castilla y León que había recibido de su padre y la pretendida herencia imperial legada por su madre: una compleja red de significados bajo la forma de castillos, leones y águilas.

Las fuentes medievales para conocer la capilla
  • Las únicas imágenes medievales que se conocen de la Capilla de los Reyes son unos sellos de finales del siglo XIII o principios del XIV conservados en la Biblioteca Capitular de Sevilla (véase imagen pág. 45), así como la miniatura de la Cantiga de Santa María número 292 de un manuscrito conservado hoy en Florencia, que se ilustró parcialmente en el siglo XIV (imagen superior). Su texto, que sí se compuso en tiempos de Alfonso X, también aporta algunos detalles sobre la capilla, lo que lo convierte en la fuente más cercana para conocimiento del lugar. No obstante, la descripción más detallada de la capilla se llevó a cabo en 1345, y por lo tanto incorporaba ya los elementos que habían realizado los monarcas que sucedieron al rey Sabio, y también la descripción de su propia sepultura.

Jorge de Toledo, el anillo de Fernando III y la Cantiga 292
  • Las piezas y elementos heráldicos labrados en plata destinados a la capilla se atribuyen normalmente al orfebre Jorge de Toledo. Entre tales elementos, destaca un relicario con más de 300 reliquias que conocemos como "Tablas alfonsíes". La pieza, aunque ha sufrido diversas restauraciones a lo largo del tiempo, se conserva todavía en el Tesoro de la Catedral de Sevilla, a la que fue legada por el rey Sabio al morir, junto con otros bienes. A este orfebre se atribuyen también los restos del chapitel gótico que cubre la Virgen de los Reyes, así como el anillo que estuvo en la mano del simulacro de Fernando III. Tanto orfebre como anillo protagonizan el milagro que se relata en la Cantiga 292. En ella, maestre Jorge presencia la aparición de Fernando III, ya difunto, que le ordena ir desde Toledo a Sevilla para ofrecer su anillo a la Virgen y comunicar a su hijo Alfonso la necesidad de reordenar el espacio funerario de la capilla. Concretamente, el rey Santo solicitaba a su hijo que situase su figura de rodillas ante la Virgen, en un plano de inferioridad, con la intención de mostrarle su servicio, lo que se ha interpretado como un intento de Alfonso X de justificar las novedades que representaba este espacio funerario. De cualquier modo, el documento de 1345 que describe la capilla menciona que la imagen de Santa María llevaba un anillo de oro con un rubí del tamaño de una avellana.

Junto a las insignias imperiales, la presencia de su madre, la reina Beatriz de Suabia, en la capilla buscaba simbolizar el argumento sanguíneo de la reclamación de Alfonso X al trono alemán

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Tablas alfonsíes, relicario donado por Alfonso X a la Catedral del Sevilla en 1284.

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Más información:
  • Fernández Fernández, Laura.

    "Muy noble, et mucho alto et mucho honrado. La construcción de la imagen de Fernando III", en C. de Ayala Martínez y M. F. Ríos Soloma: Fernando III: tiempo de cruzada, Sílex, Madrid, 2012, pp. 137-174.

  • Laguna Paúl, Teresa.

    ◗ "Devociones reales e imagen pública en Sevilla", en Anales de Historia del Arte, 23 (2), 2013, pp. 127-157.
    ◗ "Memoria de un espacio regio referencial. La capilla hispalense de Alfonso X", en O. Pérez et al., Retórica artística en el tardogótico castellano. Sílex, Madrid, 2018, pp. 213-240.