A partir del Concilio de Trento (1563), en medio de una efervescencia espiritual y un desorden religioso generalizado, se creó un movimiento reformador en el seno de la Iglesia Católica cuyos seguidores optaron por erigirse en modelo de comportamiento basado en una mayor austeridad y sencillez en las formas, y en utilizar la predicación como la mejor manera de llegar al corazón de unas gentes cada vez más confusas en cuanto a la doctrina de la Iglesia, entre ellos los moriscos. Una de aquellas figuras fue Juan de Ávila, "Apóstol de Andalucía". El granadino Hernando de Vargas (1513-1593) fue uno de los discípulos que le siguieron.
Hablar del granadino Hernando de Vargas (Granada, 1513-Utiel, 1593) implica hacer referencia necesariamente a la rebelión de los moriscos de la Andalucía oriental y a la figura de San Juan de Ávila, sacerdote, escritor ascético español y doctor de la Iglesia Universal. Porque fue precisamente uno de los biógrafos de este insigne maestro, el Lcdo. Luis Muñoz, quien publicó la primera aproximación a la biografía de nuestro personaje, completada con el tiempo por algunas aportaciones de autores posteriores y que resumimos a continuación añadiendo nuevos datos.
Hernando de Vargas fue uno de aquellos personajes que surgieron a lo largo del siglo XVI para dar respuesta a la crisis religiosa que se venía produciendo en toda Europa, como consecuencia de la degeneración de la piedad medieval y la corrupción generalizada de la jerarquía eclesiástica católica. Nació en Granada hacia 1513. Aquí realizó sus estudios de Artes y Teología.
Era hijo de Fernando de Vargas y de María de Roxas, ciudadanos nobles de esta ciudad. Ordenado sacerdote, aceptó el curato de Berja, "lugar populoso distante un día de camino de Granada" y allí se dedicó a la predicación a los moriscos hasta el día en que se produjo la sublevación. A partir de entonces su vida fue errante pero con unas ideas muy claras tomadas de su maestro Juan de Ávila: pregonar una mayor austeridad y sencillez en lo religioso, una vida limpia de toda codicia, y la predicación a la población morisca como solución al problema de las falsas conversiones.
Hernando de Vargas fue un alumno aventajado de Juan de Ávila (en el cuadro).
San Juan de Ávila. Escultura de A. Bernal Redondo ubicada en la Mezquita-Catedral de Córdoba.
NAVIDADES DE SANGRE. Hasta el año 1500, casi toda la población de la Baja Alpujarra era musulmana. A partir de 1501 se empezaron a producir las conversiones masivas y se puede decir que, a mediados del siglo XVI, un altísimo porcentaje de su población era morisca. Durante aquellos años hubo mucho desorden en la zona. Ya en las vísperas de la Pascua de Resurrección del año 1568 los cristianos saquearon el Albaicín granadino y mataron a los moriscos que encontraron a su paso. Unos días antes de la Navidad de aquel mismo año la situación explotó de nuevo en las "tahas" (distritos) de Poqueira, Cádiar, Orgiva y Ugíjar. La revuelta rápidamente se extendió por las tierras de Almería, Norte de Granada y la Sierra de Ronda.
En Berja atacaron sin cuartel a los cristianos viejos y a los conversos. Algunos huyeron a la vecina Adra, otros se refugiaron en los torreones de sus casas y el resto se encerró en la antigua torre de la iglesia de Santa María de la Anunciación, pero sin armas ni municiones. Solo los que huyeron se salvaron. Las actas jurídicas de Ugíjar dicen que fueron entre 120 y 130 los cristianos asesinados al día siguiente con saetas, estoques y arcabuces, entre ellos los curas de la iglesia parroquial virgitana.
En aquellos días, Hernando de Vargas era cura de aquella población, pero la misma noche de la rebelión un viejo morisco, criado suyo, le avisó a tiempo sobre lo que estaba ocurriendo para que huyera al monte. Pasó toda la noche subido a una encina, viendo cómo se cometían sacrilegios y se incendiaba la iglesia. Después de permanecer escondido tres días se dirigió a Granada, dio cuenta al arzobispo de lo que había visto y renunció tanto al curato ("por no ser más pastor de lobos con apariencia de ouejas") como al "beneficio" o "prebenda" que tenía en dicha iglesia; vendió su hacienda y sus libros y el dinero obtenido lo repartió entre los pobres.
El día de Navidad de 1568 los moriscos de Berja saquearon las casas de los cristianos y asediaron sus torres y la antigua iglesia, donde se habían refugiado
Degüello de cristianos en la localidad granadina de Cadiar durante la rebelión de las Alpujarras.
LA ESTANCIA EN ARAGÓN. Hernando se fue a tierras castellanas (Toledo) y después pasó al Reino de Aragón en compañía del obispo de Sidonia, donde anduvo predicando durante años a los moriscos por diversos lugares (Ricla, Torrellas, Tarazona y otros pueblos aragoneses). Estuvo alojado en La Almunia (hoy La Almunia de Doña Godina, Zaragoza) en una casa solariega de un familiar suyo llamado don Miguel de Vargas.
Decía su biógrafo que en ningún momento tocó con sus manos dinero. Tal era el aborrecimiento que tenía hacia la codicia: "en los púlpitos y las pláticas jamás dejaba de hacer declamación de este vicio". El año de 1573 Felipe II tuvo noticia de que los moriscos de Ricla habían hecho una cruz cerca de La Almunia y que la utilizaban para hacerle grandes "desacatos". El monarca ordenó a los prelados de sus reinos que acudiesen prestos a la zona a predicar y corregir el comportamiento de aquellos blasfemos. Fue allí (o en Torrellas) donde pocos años después dirigiéndose a aquellas obstinadas gentes manifestó su famosa "profecía" diciéndoles: "Pues no queréis dar en la cuenta ni arrancar de vuestros endurecidos corazones esta infernal y maldita secta de Mahoma, os hago saber que este día ha nacido un Príncipe en Castilla que os ha de expeler de España y castigar vuestra rebeldía y dureza".
Efectivamente, aquel mismo día (14 de abril de 1578) nacía en Madrid el príncipe Felipe, que sería el tercero de los reyes de España con este nombre. Por este hecho, el nombre de Hernando de Vargas aparece mencionado en multitud de libros y tratados sobre este monarca y sobre la expulsión de los moriscos, incluso a nivel internacional, como ocurre con la obra de H. T. Buckle History of the Civilization in England (1861) traducida a varias lenguas.
RECLAMADO EN UTIEL. Como su predicación no conseguía enmendar las vidas de aquellas gentes mahometanas "no quiso sembrar en piedras tan duras y vínose al Obispado de Cuenca". Lo hizo hacia 1589, en concreto a la villa de Utiel (hoy provincia de Valencia) tras haber sido llamado por el obispo (¿de Cuenca?) y por su amigo el utielano don Gonzalo Muñoz Iranzo, que, a la sazón, era canónigo penitenciario de la catedral conquense.
En realidad no era la primera vez que Hernando había estado en Utiel. Cuatro años antes ya había visitado esta villa, a instancias de dicho canónigo, para bendecir personalmente el Colegio–Seminario del Salvador que acababa de inaugurar, lo que le reportó una gran satisfacción por ser un admirador de aquella obra hecha por el canónigo para los niños y niñas utielanos, sin importar su condición social, donde se les enseñaría la doctrina cristiana y donde "los mayores y estudiantes aprendan los principios de gramática y Latinidad para que de aquí salgan buenos ministros para la Iglesia… para mejor servir a Dios". Pocas ciudades de Castilla y Aragón podían disfrutar en aquel tiempo de este tipo de establecimientos.
En una carta fechada el 29 de septiembre de 1590 dirigida al mencionado don Miguel de Vargas, de La Almunia, decía: "El obispo, y el canónigo (Muñoz) me hicieron volver a predicar a este pueblo (Utiel), y en verdad que se haze en él grande fruto en las almas, más con todo esto la mía esta muy afligida con ver unos hombres, que trahen delante un Santo, y detrás de ellos un diablo de Codicia, y en el alma otro Judas…".
Hernando no volvió a marchar y se quedó en Utiel hasta su muerte. Se dice que, sabedor del final de sus días, predijo su propia muerte pues el día de San Mateo (21 de septiembre) de 1593 se dirigió a los fieles desde el púlpito del imponente templo parroquial utielano y les dijo: "Ya estaréis cansados de mis sermones, dentro de pocos días no me veréis más". Expiró el 1 de octubre de 1593 a los 80 años de edad. Su cuerpo fue enterrado en la pequeña capilla de aquel Colegio del Salvador de Utiel que él mismo había bendecido en su inauguración pocos años antes (1585).
Desde antes de que Lutero publicara sus famosas 95 tesis, todas las propuestas reformistas incluso dentro de la Iglesia Católica reclamaban una vuelta a los orígenes y a las reglas primitivas que se habían ido relajando. Los más críticos exigían una vida religiosa centrada en más rigor en el vestido, la comida, el habla e incluso en la oración y más centrada en las necesidades sociales. La reacción de la Iglesia vino de la mano de acontecimientos de gran transcendencia como fue la convocatoria del Concilio de Trento (1545–1563). Es en esta época, coincidiendo con la llamada "Edad de Oro" de la cultura española, cuando surgen con fuerza la ascética y la mística en nuestra literatura, cuya floración será coincidente con el impulso dado al catolicismo por el movimiento de la Contrarreforma. Escritores como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, el propio San Juan de Ávila (Epistolario Espiritual) o Fray Luis de Granada, que fue su primer biógrafo, serán con quienes estos géneros llegarán a su punto culminante. Hernando de Vargas fue un seguidor más de aquella corriente, siguiendo los fundamentos de vida espiritual propuesta por Juan de Ávila.
Una vez conseguida la reforma del clero la mejor manera de que los jóvenes no cayeran en las malas influencias de las corrientes reformistas era controlar la educación de forma integral desde los primeros conocimientos. Por eso, una de las directrices obligatorias que surgieron del concilio tridentino fue precisamente la creación de Colegios-Seminarios especializados que dieran una adecuada formación sacerdotal, dotaran a la Iglesia Católica de personas preparadas para hacer frente a la ignorancia del clero y crearan verdaderos especialistas en predicar el Evangelio de acuerdo con los nuevos cánones surgidos de dicho concilio (Sesión XXIII, 15-7-1563, Cap. XVIII). Sin embargo en España, baluarte europeo de la Contrarreforma, los cánones de Trento no despertaron demasiado interés entre los clérigos de base. Así lo denunciaba el propio Juan de Ávila en Advertencias al Concilio de Toledo (1565-1566) censurando a los obispos que según él no estaban al servicio de los verdaderos pobres. No obstante, hay que decir que la Iglesia española realizó un verdadero esfuerzo por intentar reformar las costumbres corruptas de aquel clero acomodado y mezquino postmedieval.
Luis Muñoz calificó a Utiel de "mil vezes felicissima villa" por estar allí enterrado el cuerpo del venerable Vargas. Alcanzó en poco tiempo fama de beatitud y hasta de santidad y pronto vendrían las primeras profanaciones de su tumba en busca de sus reliquias.
No descansó en paz. Siete años después de su muerte se presentaron en Utiel gentes aragonesas para visitar su sepulcro. No se sabe bien cómo ocurrió, pero lo cierto es que un día se encontró roto el ataúd y descubrieron su cuerpo mutilado (le faltaba el brazo derecho y la mano izquierda) aunque se mantenía incorrupto. Se puso una nueva lápida y así quedó hasta que muchos años más tarde, en noviembre de 1811, las tropas invasoras francesas de nuevo profanaron su tumba y calcinaron sus restos. Los despojos que quedaron se volvieron a introducir en una pequeña urna y se guardaron en una hornacina en una pared del mismo oratorio, cerca del altar.
En esta ocasión se protegieron con una reja, aunque de poco le valió porque en 1936 la capilla volvió a ser saqueada por unos milicianos y de nuevo la sepultura del venerable fue profanada. Apareció la arquilla y los restos de nuestro personaje esparcidos en el patio interior del edificio. El cronista de la ciudad los recogió celosamente y los volvió a depositar en su nicho disimulados con ladrillos sobrepuestos. Al día siguiente alguien había enlucido con yeso aquel nicho y se dejó así hasta que llegasen tiempos de paz. Acabada la guerra se presentaron de nuevo en el lugar las autoridades eclesiásticas y municipales para abrir el nicho y dar nueva y digna sepultura a lo que quedaba de aquellos restos, y al romper el tabiquillo se encontraron con la sorpresa de que estaba vacío. Nada se pudo aclarar sobre lo ocurrido. En 1966 parte del edificio se vino abajo por el abandono en que se encontraba y poco después se derribó. Hoy su solar está ocupado por una amplia calle y la moderna Casa Municipal de Cultura de Utiel. Nadie ha sabido nunca qué fue de los restos del insigne y venerable varón Hernando de Vargas, del que en algún momento se pretendió solicitar su canonización. Desaparecieron para siempre y se perdieron para la historia.
El culto y la veneración a las reliquias es un fenómeno que se practica desde los primeros siglos del cristianismo. Mientras duraron las persecuciones los cristianos veneraron los cuerpos de sus mártires como auténticos "tesoros" (restos, recuerdos). En el siglo IV Santa Helena (madre del emperador Constantino) se interesó en la recuperación de reliquias tan importantes como la Vera Cruz (Lignum Crucis) y otras de la Pasión (hoy en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, en Roma). En la Edad Media, las gentes no dudaban en viajar cientos de kilómetros para beneficiarse de los supuestos efectos milagrosos de algunas de ellas. Cuerpos enteros o pedazos minúsculos de santos o beatos, y objetos diversos que habían estado en contacto con Jesucristo, la Virgen María, los apóstoles o alguno de los miembros del amplio santoral fueron objetos muy deseados que se guardaban en recipientes especiales (relicarios) y se colocaban en las iglesias o circulaban por doquier dando lugar a un verdadero comercio y coleccionismo. También los laicos las adquirían para su uso privado o para llevarlas en escapularios, convencidos de sus efectos milagrosos o protectores. Aunque debían ser aceptadas por la Iglesia, su mercantilización produjo multitud de abusos y fraudes. Este interés por la posesión de reliquias sagradas se ha mantenido prácticamente hasta nuestros días.
Breve historia de la Fundación del Canónigo Gonzalo Muñoz y del Colegio de San Salvador de Utiel (1586-2011).
Ed. autor, Valencia, 2011.
Vida y virtudes del venerable varón el P. Maestro Ivan de Avila, predicador apostólico, con algunos elogios de las virtudes y vidas de sus más principales discípulos.
Vol. II. Imprenta Real, Madrid, 1635.
Historia de la Baja Alpujarra. Instituto de Estudios Almerienses,
Almería, 1989.
Consideraciones prácticas para el sindicado del Justícia de Aragón, sus Lugarthenientes y otros oficiales. Tomo II. Imprenta de Luis Cauallo,
Nápoles, 1668.