El director de cine granadino, además de inventor visionario, fue el autor de audaces películas como su Tríptico Elemental de España donde conjuga la tecnología y la mística. Participó en las Misiones Pedagógicas llevando la cultura a las aldeas perdidas de España y en el programa de salvamento del patrimonio artístico durante la Guerra Civil.
Cómo podría captar este movimiento sin fin? El agua de las fuentes de la Alhambra se cuela en los fotogramas. José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982) intuye que ha filmado el sueño de la Historia. El tiempo atraviesa el objetivo de su cámara hasta instalarse dentro de la cinta. El joven poeta del cinema coloca un filtro verde y una lente de agua delante de la escena de las fuentes. Hay peces por el aire de Granada, rostros que flotan. Y piensa que esta grabación llevará escrita una frase que lo resume todo: "La Ciudad se olvidó del agua y se perdió".
Corre el año 1935 y José Val del Omar graba el alma de su ciudad natal. Llamará a esta cinta experimental Vibración de Granada. No será ésta la única ocasión en la que intente atrapar el espíritu de la ciudad. Su cámara aguarda secretamente ese momento para el que faltan aún muchos años. Tampoco lo sabe, pero tendrá que pasar una guerra y muchos días oscuros. Este joven granadino, que se asombra al rodar el corazón de las fuentes de la Alhambra, vivirá en el oscuro reino de los exilios interiores, será un inventor visionario, un tecnoartista, un poeta del cinema, un místico de la tecnología audiovisual, como si san Juan de la Cruz se hubiera puesto a filmar el oscuro secreto del alma escondida.
En este mismo año de 1935 en el que hemos detenido nuestro Google Time, el director de cine rodará en otros puntos de Granada. Un día de primavera decide viajar a la playa de Almuñécar porque ha tenido una idea para las Misiones Pedagógicas, el hermoso proyecto en el que acaba de embarcarse. Las Misiones Pedagógicas son un programa de educación popular impulsado por el gobierno de la República para llevar la cultura a las aldeas perdidas de España. Ese proyecto republicano, inspirado por el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, tuvo en Manuel B. Cossío a una figura clave, que consideró que la revolución pendiente del país estaba en la educación y la cultura. Junto a otros jóvenes que quieren cambiar el destino de los desheredados, de los condenados a trabajar de sol a sol, de los que mueren pronto y sin esperanza, recorre los viejos y olvidados caminos de la España miserable. Allí, esta juventud, que quedará arrasada por los vientos sucios de la guerra, lleva bibliotecas portátiles, cuadros, música, teatro y cine. El sueño de la cultura. La herramienta que debería cambiar el mundo.
José Val del Omar.
El director de cine granadino José Val del Omar.
Sin embargo, ese sueño también se perderá. Quedará tan olvidado como aquellos aldeanos que miraban asombrados las reproducciones de los cuadros del Museo del Prado, las películas proyectadas sobre viejas sábanas y que oían la música que mágicamente salía de un aparato que aquellos jóvenes misioneros de la cultura llamaban gramófono. Al terminar las veladas de cine miraban dentro del proyector para ver si se escondían allí los que aparecían en la pantalla.
EL MAR. Muchos años después, Val del Omar recordaría aquel día en el que en una aldea perdida de Castilla proyectó sus imágenes de la playa de Almuñécar. Fue después de mostrar una película de Charlot. La gente aún reía cuando de pronto vieron cómo aparecía el mar, un paisaje que nunca habían contemplado. Quedaron enmudecidos al entrar el Mediterráneo en aquel lugar perdido en medio de Castilla. Parecía que rompieran las olas dentro de la sala. Y la ropa humilde de aquella gente comenzó a oler a salitre y sol. Val del Omar decidió fotografiar los rostros de aquellos aldeanos que nunca habían visto ni el cine ni el mar. Probablemente fue un momento mágico en sus vidas. Todo eso lo borraría el horror de la guerra.
Val del Omar viajaba con sus amigos de las Misiones Pedagógicas a aquellos paisajes donde no habían llegado la luz eléctrica ni el automóvil, a pueblos mal alumbrados con luces de carburo y candiles de aceite, lugares donde solo se podía llegar por caminos de herradura. Venían en camiones y a veces montados en acémilas que cargaban los telones del retablo de fantoches, los libros de la biblioteca popular, el gramófono y los proyectores. Muchos años después Val del Omar, desde el abismo de su exilio interior, recordaría las risas de aquellos aldeanos y de sus compañeros misioneros. Muchos eran maestros, inspectores de enseñanza, pedagogos y artistas como Luis Cernuda, María Zambrano, García Lorca, Juan Bonafé, Alejandro Casona, Rafael Dieste o Ramón Gaya.
Val del Omar grabó algunos de aquellos momentos. Son los documentales de las Misiones que titularía Estampas 1932 y que realizó en colaboración con su ayudante y amigo Cristóbal Simancas. Algunas de las imágenes salieron de España en la maleta de Cristóbal Simancas que consiguió rescatarlas y llevarlas a su exilio en Venezuela. Las estampas se rodaron cuando Val del Omar estuvo con el Museo del Pueblo en la provincia de Murcia. El cineasta filmó también escenas de la Semana Santa de Lorca, Cartagena y Murcia. Tampoco sería la última vez que el realizador granadino se adentrara en el imaginario religioso. Demos un salto en el tiempo gracias a las posibilidades virtuales de nuestro Google Time.
FUEGO EN CASTILLA. Estamos en 1957. Hace frío y todo está oscuro. De pronto, se encienden unas luces de fantasmagoría. Suena el mecanismo de la cámara mientras devora las imágenes. En la noche, aparecen imágenes de santos, de mártires y dolorosas. Parecen crepitar en medio de las llamas de luz. Se mueven, levitan, danzan. Todo parece imposible, pero se debe al artificio de José Val del Omar. El realizador grabará durante varios meses las obras del Museo Nacional de Escultura Religiosa de Valladolid.
El resultado será: Fuego en Castilla. Tactilvisión del páramo del espanto, una filmación de aires sonámbulos. En ella se suceden las imágenes de santos y dolorosas esculpidas por Berruguete y Juan de Juni en un retablo irreal, místico y hermosamente delirante. Val del Omar consiguió que las esculturas danzaran gracias a los efectos de la iluminación pulsatoria, la visión táctil. Uno de sus grandes hallazgos visuales.
Pero no es lo único mágico. Se oyen un zapateado y el repiqueteo de unas uñas. Es una percusión imposible y hechizante, que se une a la contemplación alucinada de las esculturas que parecen arder por los efectos de la luz. Se trata del bailarín Vicente Escudero que decidió participar en el proyecto. Otro hijo de la vanguardia que también sobrevivió como pudo en los tiempos del franquismo. El sonido de su zapateado se convirtió en un inquietante y perturbador paisaje sonoro para ese aquelarre místico. Sobre las imágenes Val del Omar sobreimpresionó unos versos de Lorca: "En España todas las primaveras viene la muerte y levanta las cortinas". Y añadió el final con el que solía acabar sus películas: Sin Fin.
Después de la Guerra Civil, Val del Omar trabajó en los Estudios Chamartín donde creó el servicio de efectos especiales. Su impronta se descubre en algunas producciones como Unos pasos de mujer, Fortunato, Goyescas, El Abanderado o La maja del capote. También participó en programas de radio llevando la experiencia de Radio Mediterráneo en Valencia donde creó en 1940 el primer hilo musical. Fue en RNE donde conoció a Joaquín Rodrigo, que era jefe de arte y propaganda de la Organización de Ciegos Españoles (ONCE). Gracias a esta amistad, Val del Omar diseñó uno de los primeros magnetófonos para ciegos que se realizaron en España. Otros inventos que patenta son el Atril del Fonema Hispánico y el campanario fotoeléctrico para RNE. Allí funda además el Laboratorio Experimental de Electroacústica consiguiendo el primer registro estereofónico magnético de El amor brujo de Manuel de Falla.
Val del Omar decidió fotografiar los rostros de aquellos aldeanos que nunca habían visto ni el cine ni el mar. Fue un momento mágico en sus vidas. Todo eso lo borraría el horror de la guerra
Fuego en Castilla se presentó en el stand de España en el Festival de Cannes de 1961 asombrando al público. Coincidió con la proyección de la película Viridiana de Luis Buñuel, otra cinta que indagaba de forma sorprendente en el imaginario católico. Dos cintas brillantes y heterodoxas igualmente despreciadas por la cultura oficial del régimen franquista.
ANTES Y DESPUÉS DEL 36. Hay un Val del Omar antes y después de la guerra. Antes del horror, el director y fotógrafo granadino se consideraba un poeta del cine que filmaba poemas audiovisuales. Luego llegó el tiempo de la industria, que no del arte. La biografía de este tecnoartista fue una continua lucha contra las corrientes de la Historia. Durante la Guerra Civil trabajó para el Ministerio de Instrucción Pública elaborando diseños gráficos para campañas que pretendían acabar con el analfabetismo.
Y también colaboró con el artista Josep Renau en el salvamento del patrimonio artístico. Muchos de los maestros y jóvenes artistas que habían participado en las Misiones Pedagógicas formaron parte del programa para sacar las obras de arte del Madrid bombardeado por los aviones franquistas. Estos episodios están entre los más estremecedores de la vida de Val del Omar. Él había asistido a la creación del Museo del Pueblo, esa pinacoteca ambulante para la que sus amigos Juan Bonafé y Ramón Gaya habían copiado los cuadros de Velázquez, Murillo, Goya o Zurbarán que llevaron a las aldeas perdidas de España. Pero llegó la guerra y ahora tenía que cuidar de que los cuadros auténticos viajaran por esos mismos caminos embarrados y ahora llenos de muertos.
Nuestra herramienta de Google Time nos permite dar otro salto en el tiempo. Hay demasiada angustia en estos días de guerra. Ahora vemos a un Val del Omar en el que ya ha entrado el tiempo. Le pesan demasiado los desengaños, la pérdida de los amigos, la vida. Estamos en 1977 y nos asombra el caos fabuloso de la estancia en la que el cineasta lleva horas sumergiéndose en el misterioso mecanismo de un aparato. El lugar parece un desván, un zaquizamí, pero es el laboratorio PLAT, el espacio sagrado en el que habita el genio. El nombre de PLAT es un acrónimo que define este lugar concebido para pensar el arte total: Picto Lumínica Audio Táctil. El laboratorio es una habitación prodigiosa donde es posible encontrar algunos aparatos que resumen la crónica de sus técnicas visionarias: el zoom de 1928, la diafonía, la tactilvision, el Bi-Estándar, el Desbordamiento Apanorámico de la imagen, el Intermediate 16-35 o la Óptica Biónica. Una galería de efectos visuales que él carga de poesía y un poco de mística en sus filmaciones. El laboratorio PLAT tiene también algo de celda conventual donde reza este creyente del cinema. Por eso escribe: "Yo quería fugarme del negro de los libros. / Quería irme hacia la imagen luminosa. / Como las mariposas son atraídas por la luz".
En esta celda-laboratorio Val del Omar está ahora mismo recordando toda su vida. Y tiene la sensación de que es una filmación espectral, como si no hubiera grabado nada físico sino sólo el alma de las cosas. Comprende por qué casi nadie lo entendía. Sus amigos poetas no captaban sus audaces comentarios tecnológicos cuando conversaba con ellos, y cuando lo hacía con los técnicos, éstos tampoco entendían el sentido profundo de sus poéticas indicaciones. Era un genio incomprendido, un inventor fuera del tiempo que además vivió en las peores coordenadas: en un país que siempre ha despreciado a sus pioneros y en una época de tinieblas.
Este Val del Omar que rememora su vida desde el desván de los ingenios evoca el tiempo de la guerra en Valencia, su matrimonio con María Luisa Santos y el nacimiento de sus dos hijas, María José y Ana Zaida. Todo eso está en su mundo cinemático oculto dentro de metáforas visuales. Es el lado luminoso de su vida.
Luego están las pesadillas y también las desilusiones. Ahí están sus episodios de enfrentamiento con la burocracia franquista que rechazó algunos de sus visionarios inventos. Por ejemplo, su sistema de ahorro de película virgen, Bi-Standard para Televisión y Cine (BTC). Sobre su invento cayó el silencio y la desidia, mientras que en Italia los hermanos Taviani consiguieron hacer algo similar con el Techniscope. También intentó comercializar el Palpicolor, o el Cromatacto y el Teco 625, pero encontró la misma respuesta.
Hay un Val del Omar antes y después de la guerra. Antes del horror, se consideraba un poeta del cine que filmaba poemas audiovisuales. Luego llegó el tiempo de la industria, que no del arte
Algunos de estos proyectos están llenos de polvo en el laboratorio PLAT como imágenes sagradas en altares olvidados. Menos mal que Val del Omar estará ya fuera del tiempo cuando caiga el olvido también sobre todo esto. Cuando muera en 1982 a causa de un accidente automovilístico su familia donará los materiales del laboratorio PLAT a la Escuela Oficial de Cinematografía. En aquellos sótanos que estaban en la calle Esquinza, el mundo fabuloso de Val del Omar se asemejará a un desván del pasado lleno de herrumbre y polvo de fantasmas.
Pero dejemos que Val del Omar se asome a su posteridad, porque en los últimos años su obra está asistiendo a un sorprendente rescate. Él era la conexión con el mundo de la vanguardia desaparecido tristemente tras la Guerra Civil. Ese mundo de la Edad de Plata en el que España había conseguido entroncar con las corrientes artísticas internacionales. Ahora el mundo audiovisual de Val del Omar se ha convertido en la inspiración de muchos artistas contemporáneos desde el cineasta Chris Marker hasta el grupo Lagartija Nick o el músico El Niño de Elche.
Aquel niño granadino que en las noches de su infancia jugaba a hacer proyecciones con una vela en la oscuridad de su cuarto, consiguió ser un mago del cinema. Regresemos a la cinta Fuego en Castilla y su alucinado paseo sonámbulo entre imágenes sagradas. Ésta será su narración del alma de Castilla, pero quiere llegar a más. En 1953 rodará Aguaespejo granadino. Val del Omar ha vuelto a su Granada natal. Recuerda a su madre pianista y pintora, a la ciudad atrapada en el agua, a los espejos del tiempo que grabó en su filme de juventud, Vibración de Granada.
Con Aguaespejo granadino consiguió un rotundo éxito en la Berlinale, ya que mostró su técnica del Desbordamiento Apanorámico de la Imagen. Val del Omar conseguía proyectar en las paredes frontales y laterales y en el techo del teatro. El efecto era el de una pantalla cóncava que envolvía y casi devoraba al espectador. Fue allí donde lo llamaron el "Schönberg de la cámara".
Sin embargo, el cineasta sabe que tiene que completar su relato con otra cinta más que llamará Acariño galaico (De barro). Ya tiene dentro de su cámara el fuego, el agua y la tierra. La obra de arte que llamará Tríptico elemental de España. Desgraciadamente, no podrá concluir Acariño galaico que rueda en una Galicia telúrica.
Fue un genio incomprendido, un inventor fuera del tiempo que además vivió en las peores coordenadas: en un país que siempre ha despreciado a sus pioneros y en una época de tinieblas
Será el videoartista aragonés Javier Codesal quien retome el proyecto siguiendo sus notas de rodaje. Val del Omar había incluido como atmósfera sonora una vieja grabación suya de un auto sacramental de Calderón. Javier Codesal decide incluir además los sonidos del Golpe de Estado de Tejero en el Congreso de los Diputados que el propio cineasta granadino había grabado de la radio. El resultado es una espeluznante banda sonora a medias entre el drama barroco y una pesadilla contemporánea.
Google Time se detiene el día de la muerte de Val del Omar, pero en la pantalla una herramienta nos permite contemplar la obra del cinemista en un vertiginoso time-lapse. Pasa ante nuestros ojos a toda velocidad el mundo del artista: aldeanos que miran asombrados, imágenes religiosas que parecen danzar mientras arden, cosas a las que le ha extraído el alma, cielos que pasan, relojes arrojados al agua, inquietantes maniquíes tras un escaparate, el polvo cayendo sobre los objetos, coches que atraviesan una carretera. Y una fuente de la Alhambra que no cesa de manar agua, como si escondiera el lugar donde duerme el tiempo. Sin fin.
Las Misiones Pedagógicas (1931-1936).
Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y Residencia de Estudiantes, Madrid, 2016.
Galaxia VdO (Val del Omar).
Instituto Cervantes, Madrid, 2002.
Val del Omar sin fin.
Diputación Provincial de Granada y Filmoteca de Andalucía, Granada, 1992.
Webgrafía: https://vimeo.com/josevaldelomar