En enero de 2019, el Ayuntamiento de Córdoba acordó cambiar el nombre de la calle Periodista Quesada Chacón y darle la denominación de "Escriba Lubna". Es posible que muchos cordobeses no tuvieran noticia de quién fue Quesada Chacón ni, mucho menos, de quién fue Lubna, pero los que sí conocíamos este último nombre tuvimos motivo para alegrarnos de la decisión municipal. Con ella se incorporaba al callejero cordobés la memoria de una mujer andalusí cuya huella histórica está documentada fehacientemente y cuyos méritos para ello no son escasos. Debe por tanto felicitarse a los promotores de esta iniciativa y a la corporación municipal que la acogió por esta muestra de recuperación de la historia de las mujeres de la Córdoba omeya.
La existencia de Lubna está atestiguada por una serie de breves textos biográficos árabes. El primero de ellos procede del polígrafo cordobés Ibn Bashkuwal (s. XII), cuyas fuentes documentales son muy fiables. Hay que dar, por tanto, credibilidad a lo que dice sobre Lubna, que es lo siguiente:
"Lubna era escriba del califa al-Hakam ibn Abd al-Rahman [al-Hakam II]. Era hábil escriba, gramática, poeta, experta en cálculo y en otras ciencias. No había en el alcázar de los omeyas nadie más meritorio que ella. Era también experta en métrica y muy buena calígrafa. Murió en el año 374 [984]".
Este texto fue reproducido por otros autores que lo incluyeron con ligerísimas variantes textuales en sus diccionarios biográficos. Así se puede encontrar en las obras del andalusí al-Dabbi (s. XII), el norteafricano Ibn Abd al-Malik al-Marrakushi (s. XIII), el egipcio al-Suyuti (s. XV) y, ya modernamente, el sirio Umar Rida Kahhala (1905-1987). El único dato o comentario añadido al texto original de Ibn Bashkuwal es de Ibn Abd al-Malik, que afirma que Lubna era mejor escriba que su antecesora Muzna, que lo había sido de Abd al-Rahman III.
Este procedimiento —la copia literal de una información a través de los siglos— formaba parte de la tradición historiográfica árabe. No es un plagio, como se pensaría hoy día, porque habitualmente se cita el nombre del autor o la obra que se utiliza; este sistema garantizaba, a ojos del lector, la autenticidad de lo escrito, que tiene una cadena de transmisores y mantiene la adecuada documentación en que sustentarse. Del historiador o biógrafo se espera que no se "invente" nada, sino que garantice su fiabilidad.
Como cualquier otra historia, la de las mujeres andalusíes debe sustentarse sobre un trabajo contrastado científicamente, es decir, la búsqueda de pruebas documentales dignas de crédito. Si se prescinde de estos criterios y se deja volar la imaginación es posible escribir una buena (o mala) novela, pero no se hará historia. La vida real de Lubna y su reinvención en el siglo XXI servirán para ilustrar la precedente afirmación.
Texto de la biografía de Lubna en la obra de Umar Rida Kahhala, Mujeres ilustres del mundo árabe-islámico, Damasco, 1959, IV, p. 287. Kahhala fue un erudito y polígrafo sirio de gran proyección, cuya obra más famosa fue un diccionario de autores árabes, obra de referencia hasta hoy día.
DICCIONARIOS BIOGRÁFICOS. El texto dedicado a Lubna es típico de la literatura biográfica árabe, que en al-Andalus conoció un gran desarrollo. Se trata de auténticos diccionarios biográficos, con miles y miles de biografías de toda clase de sabios que florecieron en al-Andalus. Muchas de estas biografías son tan breves como las dedicadas a Lubna, aunque abundan también las que se ocupan con más detalle de los biografados. El papel de las mujeres en estos diccionarios, que ha sido estudiado por María Luisa Ávila, es ciertamente menor que el de los hombres, tanto en cantidad como en calidad; pero aun así, se han conservado 116 biografías de mujeres "sabias", lo que no deja de tener su importancia, ya que es una información que no existe en las sociedades cristianas contemporáneas de la andalusí. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Lubna no fue una mujer excepcional en su tiempo por su calidad de sabia, aunque puede que lo fuera, como dice Ibn Abd al-Malik, en el sentido de superar a otras mujeres dedicadas a su mismo oficio.
Estas biografías se basan en un esquema bastante simple: nombre del personaje, orígenes familiares y geográficos, maestros con los que estudió, discípulos que lo tuvieron por maestro (en número más reducido que en el apartado anterior), lugares que visitó para estudiar, en al-Andalus o en Oriente, cargos que ocupó, obras que escribió, fecha y lugar de muerte y, en algunos casos, lugar de enterramiento. Todo ello con un lenguaje muy codificado, que se repite sistemáticamente, pero que también ofrece variantes sutiles, necesarias para calibrar la importancia del papel cultural y religioso de cada personaje. Más raramente, se introducen en la ficha-tipo algunos hechos históricos o anecdóticos que afinan su retrato.
FUENTES HISTÓRICAS. Sabiendo esto, podemos comprender mejor la calidad de la biografía de Lubna que, de la pluma de Ibn Bashkuwal, ha llegado hasta nuestros días. En primer lugar, salta a la vista —para quien conozca la literatura biográfica y determinadas características de la sociedad andalusí— que Lubna era una esclava. Hay dos razones para ello: su nombre (que quiere decir "estoraque", árbol que produce un bálsamo perfumado) es típico de los usados por esclavas, que solían ser términos relacionados con el mundo de los sentidos y los deseos placenteros, o con cualidades físicas y morales, muy diferentes del repertorio onomástico de las mujeres libres y de buena familia.
La segunda razón para deducir que Lubna era una esclava es la falta total de información sobre sus orígenes familiares. Por definición, los esclavos no tienen familia: son el producto del comercio de esclavos o de las capturas al enemigo. Por el contrario, las mujeres libres sabias que también fueron objeto de biografías aparecen siempre con su filiación completa. La importancia fundamental de la "cadena genealógica" de cada individuo es una característica de la cultura árabe-islámica y su ausencia es una señal indudable de esclavitud.
Eso sí, Lubna era una esclava del palacio califal, lo que quiere decir que pertenecía a un grupo privilegiado de mujeres que no solo podían formar parte del harén como consortes de los príncipes, sino que tenían acceso a una educación superior, que muy pocos hombres, y no digamos mujeres, tenían a su alcance fuera de los muros del palacio. Así se observa cuando se enumeran las áreas de conocimiento que dominaba Lubna: gramática, poesía, métrica, cálculo y caligrafía. Todas ellas, artes y técnicas propias de una cultura profana que conoció una gran expansión en la Edad Media islámica y que formaba parte del bagaje profesional de los escribas.
En efecto, los escribas eran altos funcionarios de los emires y califas, cuyas voluntades y requerimientos transmitían al resto de la administración local y provincial. Su labor era la de los "secretarios de cancillería" de otras culturas y para comprender lo que se esperaba de ellos basta con leer los manuales que se compusieron para su formación desde época muy temprana y que abarcaban una amplia serie de conocimientos y saberes. Que Lubna fuera considerada como una "hábil escriba" quiere decir que era una mujer de gran cultura. Aunque no se sabe cuál era el procedimiento para educar a estas esclavas palatinas, es razonable suponer que fueran instruidas en el propio alcázar cordobés, teniendo como maestros tanto a otras mujeres de su misma condición como a literatos y sabios del entorno del emir o califa. Lubna no fue, desde luego, un caso excepcional. Aunque se tienen pocos datos al respecto, se sabe que al menos once esclavas de la corte califal recibieron la formación suficiente para convertirse en escribas o especialistas en otras ciencias (como una, anónima, que fue instruida en astronomía y el manejo de instrumentos como el astrolabio).
Córdoba. Puente romano y torre de la Calahorra. Dos hitos históricos y arquitectónicos de la Córdoba omeya, a través de los cuales se llegaba hasta la mezquita mayor y el alcázar califal.
En resumen, podría afirmarse que Lubna es un ejemplo notable de un fenómeno más amplio, que se dio en el contexto de la familia soberana omeya y que puede considerarse como una muestra de la importancia de las manifestaciones culturales de carácter profano en la Córdoba califal, restringida, eso sí, al ámbito cortesano. Ha de recordarse, por otra parte, que en ese mismo ámbito aristocrático, las esclavas también eran educadas en las artes musicales y poéticas, y contribuían así al deleite de los cortesanos que acompañaban a los príncipes en sus reuniones privadas.
El perfil de Lubna es más fácil de entender si se tiene en cuenta todo ese contexto y se sitúa su biografía en relación a la de otras mujeres como ella. Lo excepcional no es tanto su individualidad como la de su situación como esclava palatina, una categoría privilegiada de mujeres dentro de la órbita de la esclavitud.
¿QUÉ FUE DE LUBNA? Hoy día, el gran repositorio de información al que se recurre para obtener cualquier dato es, no hace falta decirlo, internet. Las posibilidades que ofrece eran inimaginables no hace mucho y suponen una oportunidad única para difundir conocimientos que permanecían confinados en canales tradicionales y de mucho menor alcance. Pero su contrapartida es evidente: todo (o casi) se puede encontrar en internet, pero no todo, ni mucho menos, es creíble o está suficientemente documentado. El caso de Lubna —que podría multiplicarse con otros muchos ejemplos— es, a este respecto, muy revelador.
He hecho un ejercicio de consulta por "Lubna de Córdoba" que ha resultado muy productivo, y eso que me he limitado a las tres primeras páginas visitadas (con un total de 25 direcciones consultadas). Sorprende, a primera vista, la abundancia de información sobre un personaje del que se sabe tan poco, pero en realidad la mayor parte de los textos consultados se copian unos a otros y participan del mismo proceso de "invención" de un personaje que nunca existió tal como lo describen.
Resumiré a continuación las características comunes de estos textos. Lubna es descrita como una "intelectual", término bastante anacrónico (se empezó a usar en Francia en el siglo XIX), que llegaría a ser "secretaria mayor" (cargo inexistente) del califa al-Hakam II. No solo eso: Lubna llevó una carrera profesional asombrosa, según los autores, generalmente anónimos, de las páginas consultadas: conservadora de la Gran Biblioteca de Córdoba; encargada de reproducir, escribir y traducir muchos manuscritos; hacía anotaciones personales en las fichas de catalogación de las obras, de las que preparaba resúmenes; viajaba a lugares como El Cairo, Damasco y Bagdad para adquirir obras con destino a la biblioteca; creadora, junto a Hasday ben Saprut, de la biblioteca de Medina Azahara. Ni que decir tiene que nada de esto tiene el menor apoyo de la documentación histórica.
Ahí no acaba todo, ni mucho menos. Como en todo tejido de falsedades suele haber algún elemento de verdad, si el hecho de que, según las fuentes árabes, Lubna fuera una "hábil escriba" ha derivado en tan extraordinario compendio de invenciones como el que se acaba de mostrar, sus conocimientos aritméticos han dado lugar, en las páginas consultadas, a atribuirle la copia de obras de Arquímedes y Euclides y, no contentándose con tan poco, se dibuja una escena conmovedora, en la cual Lubna pasea por las calles de Córdoba enseñando ecuaciones a los niños, que la siguen recitando las tablas de multiplicar.
No menos singulares son las informaciones relativas a la vida personal de Lubna, de lo cual, como se ha visto más arriba, hay escasísimas referencias. No importa: si consultamos internet podremos averiguar que había nacido en una familia cristiana y española; o que era hija de un escriba llamado Ibrahim o, quizá, del propio al-Hakam y una esclava bordadora; que pudo haber sido amante del califa y que, tras su muerte, se retiró a Carmona, donde murió.
Hay más; pero creo que lo visto hasta aquí muestra el grado de invención a que se ha sometido el personaje de la Lubna histórica, de la cual solo se conocen los datos expuestos en el apartado anterior. Lo que llama la atención en este caso es el fondo común de falsedades que se repite sistemáticamente, y que procede en parte, aunque no del todo, de la Wikipedia. La falta de credibilidad de mucho de lo que aparece en esta "enciclopedia" debería poner en guardia a quienes utilizan su contenido, pero de mayor envergadura es que la Lubna "inventada" aparezca en otros foros de mayor prestigio.
En efecto, en 2014, BBC Radio 3 emitió una serie de 20 episodios titulada "The Islamic Golden Age", en la cual participaron, entre otros muchos, investigadores tan distinguidos como Hugh Kennedy o Charles Burnett. Solo uno de estos episodios tenía relación con al-Andalus y precisamente versaba sobre "Lubna of Cordoba". Su autora, Kamila Shamsie, es una conocida novelista británica que, sin la menor preparación histórica, fantasea sobre el personaje de Lubna, una mujer excepcional, que leía y traducía a Aristóteles con soltura. Shamsie plantea dudas sobre el auténtico nombre de Lubna que, según ella, podía ser también Labna o Lahbana, para hacer luego un gran "descubrimiento": en realidad la biografía de Lubna corresponde a dos mujeres. Una era ella y la otra, su íntima amiga Fátima, que era la bibliotecaria y la que viajaba por Oriente comprando obras para el califa. ¿Por qué se ha intentado ocultar a esta Fátima? Evidentemente, dice Shamsie, porque los historiadores árabes podían aceptar que hubiese una mujer excepcional (Lubna), pero dos era ya demasiado y decidieron fundir los dos perfiles en uno.
"Era escriba en el alcázar califal de Córdoba en tiempos de Hisham al-Mu'ayyad hijo de al-Hakam [Hisham II]. Era una excelente autora de epístolas, entre ellas la que daba el pésame a al-Muzaffar Abd al-Malik b. al-Mansur Muhammad b. Abi Amir por la muerte de su padre y se le nombraba para sucederlo en shawwal de 392 [1001]" (Ibn al-Abbar e Ibn Abd al-Malik al-Marrakushi).
Esta brevísima nota biográfica ilustra sobre el importante papel de esta esclava escriba, que por orden del califa compone la carta de pésame del califa al hijo de Almanzor por su fallecimiento y lo nombra para sucederlo en el cargo de señor de facto de todo al-Andalus. De otras escribas del alcázar omeya apenas se conoce más que sus nombres, como Kitman, Muzna o Zumurrud, pero muy poco o nada de sus actividades concretas, como sí ocurre en este caso o en el de Lubna.
No hay imágenes reales de los califas omeyas ni de ninguna de las personas de su corte; las recreaciones actuales pueden ser más o menos felices como obras de arte, pero no son válidas como documento histórico. Un producto artístico como este capitel de Medina Zahara es, por el contrario, una muestra elocuente del ambiente en el que desarrolló la vida cortesana a la que pertenecía Lubna.
Medina Azahara. Fachada de la casa de Ya'far. Lubna debió de pasar gran parte de su vida en las residencias palatinas de Medina Azahara, de las que quedan escasos restos en la actualidad. La casa de Ya'far se atribuye a uno de los altos funcionarios de al-Hakam II.
El episodio termina evocando la figura de Lubna, que se dirige, seguida por los niños multiplicadores, hacia el palacio, tras cuyos muros la espera Fátima… un personaje también inexistente históricamente. Con esta contribución, Shamsie, que sospecho haya podido ser la fuente de mucho de lo que se pasea por las páginas en español e inglés sobre Lubna, confirma su talento para la ficción novelística, tanto como su nula consideración hacia las más elementales reglas de la investigación histórica. Indudablemente, la historia que cuentan ella y todos los demás autores de la invención de Lubna es mucho más atractiva que la que relata Ibn Bashkuwal; texto que Shamsie conoce y cita, pero que le debió de parecer de escasa potencia dramática. Lo que no tiene explicación es cómo la BBC incorporó este modélico ejercicio de manipulación a las contribuciones de historiadores de reconocido prestigio.
UNA REFLEXIÓN FINAL. Buena parte de la construcción del personaje inventado de Lubna encaja en una serie de corrientes de pensamiento que han ido condicionando la interpretación de la historia de al-Andalus hasta convertirla en tema de controversia ideológica y política. La mutación de al-Andalus en un modelo histórico de convivencia ha sido uno de los ejemplos más notables de esta dificultosa renovación de la imagen de la presencia árabe-islámica en la península Ibérica; otros aspectos igualmente debatibles se advierten en la figura inventada de una Lubna presentada como ejemplo de empoderamiento femenino y muestra del elevado nivel cultural a que podían aspirar las mujeres andalusíes. Todo ello tiene un fondo de realidad que se deforma, amplifica y falsea para ser utilizado en foros de amplia resonancia, mientras que la verdad histórica, que sí merece ser reivindicada —después de todo, ¿cuántas Lubnas existieron en el medievo hispano-cristiano?— se deja a un lado, como un artefacto inservible y pasado de moda.
◗ "Las «mujeres sabias» en al-Andalus" en La mujer en al-Andalus: reflejos históricos de su actividad y categorías sociales, ed. Mª J. Viguera. UAM-Editoriales Andaluzas Unidas, Madrid-Sevilla, 1989, pp. 139-184.
◗ "Women in Andalusi Biographical Sources" en Writing the Feminine: Women in Arab Sources, ed. M. Marín y R. Deguilhem. I. B. Tauris, Londres-Nueva York, 2002, pp. 149-63.
Mujeres en al-Andalus.
CSIC, Madrid, 2000.