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La aurora de los dedos rojos

DIEGO CARO CANCELA
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Se reúnen en este libro coordinado por el profesor Francisco Acosta las ponencias presentadas en unas jornadas celebradas en noviembre de 2018, en el municipio cordobés de Fernán Núñez, para conmemorar los cien años del estallido del llamado "Trienio Bolchevique" en la provincia de Córdoba.

Con la idea inicial de reinterpretar esta atractiva coyuntura histórica, que tuvo las mismas manifestaciones en casi toda Andalucía, fueron invitados a participar distintos especialistas en historia, filosofía y sociología para recordar y analizar cómo influyeron en la provincia de Córdoba los conflictos sociales que se produjeron y también cuál fue el legado que la revolución rusa dejó en la historia del siglo XX, a la luz de las teorías sobre los nuevos movimientos sociales y las revoluciones.

En la primera parte del libro se recogen las ponencias que pretenden explicar el contexto nacional e internacional en el que se desarrolla este "Trienio Bolchevique", en la afortunada y equívoca denominación que acuñó en su momento Díaz del Moral y que tanto se ha repetido. En el primer capítulo, titulado "El impacto de la revolución soviética", Andreu Mayayo presenta un sugerente planteamiento sobre las repercusiones que en España tuvo la revolución rusa de octubre de 1917. Además de anotar que dejó "fuera de juego" a los socialistas españoles debido a las simpatías que éstos siempre mostraron por el bando aliadófilo, considera que hubo un claro acercamiento ideológico entre cenetistas y bolcheviques por la revisión que del anarquismo hicieron importantes sectores de la CNT (p. 13). Ángeles Lario, por su parte, analiza el debate que tuvieron los liberales de principios de siglo sobre la llamada "cuestión social", ante los problemas generados por la industrialización y la progresiva proletarización de las sociedades occidental. Señala que esta corriente liberal en España se desarrolló a través de institucionalismo krausista y destaca los planteamientos de personajes como Luis Morote o Adolfo Posada sobre la necesidad de incorporar las doctrinas del reformismo social para armonizar los intereses grupales en beneficio del interés general.

Florencia Peyrou, en el capítulo que dedica a la crisis política y los problemas sociales de la España del Trienio, comenta el fracaso de la monarquía de Alfonso XIII en sus intentos de democratización, limitándose a afrontar los complicados problemas sociales de estos años solo con un enfoque represivo. Para demostrarlo analiza con detalle tres cuestiones: la crisis del turno de partidos por la ruptura del pacto tácito que hasta entonces habían mantenido conservadores y liberales, especialmente después de que fracasaran los proyectos de reforma que encarnaron desde posiciones distintas Maura y Canalejas. La prueba más evidente de esta parálisis política fue que entre 1915 y 1920 no se consiguió aprobar en las Cortes ni un solo presupuesto (p. 43). Comenta a continuación el proceso inflacionista que padeció el país a raíz de la guerra mundial y cómo este desajuste económico provocó un deterioro en las condiciones de vida de las clases trabajadoras, lo que facilitó su creciente movilización y el incremento del asociacionismo obrero. Y, por último, sitúa en la incapacidad de las élites políticas monárquicas para gestionar esta coyuntura crítica el retorno del intervencionismo militar, que arrancó con las Juntas de Defensa de 1917 y culminó en la dictadura de Primo de Rivera.

A describir la presencia de las mujeres en los conflictos sociales que se producen en la Andalucía de estos años dedica Lucía Prieto su capítulo. Y frente a planteamientos "economicistas" que han minimizado esta realidad, considerándola expresión de un comportamiento prepolítico, la historiadora malagueña destaca la importancia de esta presencia femenina en los motines de subsistencia de principios de siglo y la relevancia que posteriormente alcanzaron las huelgas de gremios como los de las cigarreras, las aceituneras o las esparteras.

La segunda parte del libro se titula "¿La revolución rusa en Andalucía?: el trienio bolchevique" y la componen cuatro capítulos en los que están, a nuestro juicio, las aportaciones historiográficas más novedosas y renovadoras del libro. Se abre con un trabajo de Ricardo Robledo sobre la figura de Díaz del Moral y lo que llama su "visión conservadora del cambio social". Robledo hace un retrato desmitificador de la personalidad del conocido notario cordobés y autor del libro sobre las agitaciones campesinas, tan citado como mal leído, y pone en evidencia el olvido intencionado que su autor hace de determinadas fuentes, como los informes de la Comisión de Reformas Sociales, para concluir que detrás de sus análisis de los conflictos obreros —"de erudición discutible"— lo que está es la mirada de un burgués liberal, más preocupado por el precio de la tierra y de la renta, que por indagar en las verdaderas causas del descontento popular. Y concluye su análisis del personaje y su libro con una frase lapidaria: "se simpatiza con los campesinos y con sus sufrimientos, pero poniéndose al final del lado de la ley y el orden" (p. 93).

Acosta Ramírez, Francisco (coord.)
La aurora de los dedos rojos. El Trienio Bolchevique desde el sur de España.
Comares, Granada, 2019, 272 pp., 23 €.

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Un tono también desmitificador tiene el capítulo que escribe Antonio Barragán sobre este Trienio en Córdoba, ya bien analizado por él en trabajos anteriores. En primer lugar, analiza cómo se construyó este "mito", a continuación, detalla las dimensiones políticas de esta coyuntura en la provincia y, por último, hace un análisis comparativo de lo que en su día escribieron sobre estos años el republicano Eloy Vaquero y el propio Díaz del Moral. Barragán señala que los conflictos laborales de este periodo fueron fundamentalmente de carácter agrario y estuvieron provocados por reivindicaciones estrictamente laborales, como la negociación de las bases de trabajo, la abolición de los destajos, las reclamaciones salariales o la capacidad negociadora de las organizaciones obreras. No hubo, por tanto, búsqueda de objetivos pretendidamente revolucionarios, más allá de panfletos y escritos que lo que pretendían era movilizar a los trabajadores y presionar a las autoridades para acometer los cambios políticos o sociales que se reclamaban.

Un enfoque claro de historia local que desborda el marco cronológico del Trienio es que hace Masaya Watanabe al centrar su análisis en lo que llama la "Córdoba anarquista", especialmente en los municipios de Castro del Río y Bujalance, desde principios de siglo hasta 1936. Watanabe comenta las cifras de afiliación de las entidades obreras de estas dos poblaciones, la competencia que se establece entre la CNT y la UGT en los años de la Segunda República y termina su análisis describiendo la implantación de los "anarquistas puros" de la FAI por toda la geografía provincial.

Cierra esta segunda parte del libro el trabajo de Salvador Cruz y Francisco Acosta sobre la historia, el tópico y el interés presentista que ha tenido este Trienio. Comentan, en primer lugar, las razones del éxito historiográfico que ha tenido esta expresión, las motivaciones que tuvo Díaz del Moral para escribir su libro y atribuye las claves de su éxito editorial a la apabullante información que daba y la falta de lectura crítica que se hizo de él en los años del franquismo. Cruz y Acosta señalan también el uso desfasado que todavía hoy se realiza por parte de algunos de "la interpretación soviética de las luchas sociales andaluzas", cuando ya la demostración empírica ha demostrado su falacia. Por último, destacan la recepción acrítica que la obra del notario cordobés tuvo en el movimiento jornalero y en el andalucismo político de la Transición, lo que vino a reforzar sus tópicos.

La tercera parte del libro la componen un conjunto de reflexiones acerca de las ideas de la revolución, el comunismo, la democracia y los nuevos movimientos sociales a lo largo del siglo XX y, a diferencia de las dos primeras, es la que tiene un carácter más interdisciplinar. Juan Pro, por ejemplo, analiza el recorrido histórico que el concepto de Revolución ha tenido a lo largo de esta centuria y destaca también su vínculo con la idea de Utopía. También llama la atención acerca de cómo la "gran idea" de Revolución en el último tercio del siglo XX se ha fragmentado en "multitud de revoluciones particulares" (p. 157), como el ecologismo, el pacifismo o el feminismo, por la búsqueda de objetivos inmediatos y de pequeña escala. A continuación, Cristina Flesher aborda la evolución de los llamados "nuevos movimientos sociales" en las décadas de los años sesenta y setenta y los atribuye a una "revolución silenciosa" que fue más allá de las reivindicaciones estrictamente materialistas por la emergencia de un nuevo sistema de valores en el que primaban aspectos como la participación del individuo, la emancipación o la propia realización personal. Termina su capítulo comentando la aparición del Movimiento del 15-M y sus principales rasgos y la acción reivindicativa de sindicatos como el SAT, muy alejada de la que, en su opinión, practican otras organizaciones obreras que la autora califica de más "institucionales".

Tres textos conforman el siguiente capítulo, resultado de las aportaciones que realizaron los participantes de la mesa redonda de las Jornadas que se titulaba "Tres perspectivas del comunismo a cien años vista de la revolución rusa". En el primero, Juan Andrade plantea la necesidad de abordar un balance de lo que el comunismo ha representado en la historia del siglo XX, pero fuera de marcos interpretativos contaminados como el que marcó el discurso propagandístico de la Guerra Fría y de sus secuelas neoliberales en el campo de la cultura (p. 193). En este sentido, hace suya la tesis de Enzo Traverso sobre las distintas experiencias histórica que comprende este término y comenta las cuatro grandes manifestaciones históricas que ha tenido el comunismo: como revolución, como régimen político, como movimiento anticolonial y como la fórmula actualizada de la socialdemocracia clásica como la que representó, por ejemplo, el PCI.

Margarita Caballero narra en su texto el balance y las perspectivas del comunismo tras el centenario de la revolución rusa, comentando las dos principales aportaciones que se hicieron en el congreso "La revolución rusa de 1917 y su lugar en la historia del siglo XX", celebrado en Moscú en septiembre de 2017. En primer lugar, la de Yuri A. Petrov que consideró la revolución como un proceso "complejo y multifactorial" que habría que extender de 1917 a 1922, descartando como único factor explicativo el económico. A. Shubin, por su parte, en su ponencia titulada "Las principales etapas de la gran revolución rusa", también se mostró partidario de extender el proceso revolucionario hasta 1922 porque en Rusia no hubo una sola guerra civil, sino varias hasta el establecimiento del poder soviético (p. 211). Finalmente, Alicia García, en una intervención de corte filosófica, citando a Wendy Brown, planteó el problema de cómo asumir en el pensamiento de izquierda la experiencia política del fracaso de los regímenes comunistas del Este de Europa y la necesidad de construir una "narrativa histórica autocrítica", pero que fuera asimismo "movilizadora" (p. 218).

En el penúltimo capítulo del libro, Ángel Valencia desde la teoría política aborda la debilidad del vínculo entre el Estado y la ciudadanía de las democracias actuales y, en particular, de la crisis de confianza de los ciudadanos en la política, los políticos y las instituciones políticas. Para analizar lo que considera que es "este malestar de la democracia", entre otras consideraciones, asume el concepto de "contrademocracia" de Rosanvallon y la tesis de Moisés Naím de la debilidad del actual poder político en las sociedades occidentales y sitúa los orígenes de esta crisis en factores como la globalización, la revolución tecnológica, la recesión económica o la incompleta integración europea. Unas democracias "convulsas", fragmentadas y polarizadas que han creado el caldo de cultivo apropiado para la aparición de los fenómenos populistas.

Cierra el libro el balance historiográfico que Ángel Duarte realiza sobre la bibliografía, los congresos y las actividades que el centenario de la revolución de 1917 ha generado en nuestro país. Repasa con detalle las reediciones de obras "clásicas" como las de Trosky, Reed o Victor Serge y las principales aportaciones que la historiografía española ha hecho a la conmemoración, destacando acertadamente las monografías de Casanova y Faraldo y el volumen colectivo coordinado por Andrade y Hernández Sánchez. En resumen, estamos ante un libro que enriquece y amplía notablemente el conocimiento que teníamos sobre esta concreta coyuntura histórica porque su planteamiento desborda con creces el marco cordobés que le sirve de partida con relatos que llegan, en algunos casos, hasta la actualidad política y social de nuestro tiempo. En este sentido, este volumen es un magnífico complemento al que el año antes había publicado el Centro de Estudios Andaluces sobre este Trienio Bolchevique, coordinado por Salvador Cruz.