La Compañía Sevillana de Electricidad fue el ejemplo más claro del nuevo capitalismo desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX. La llegada de la luz eléctrica fue una auténtica revolución pacífica que cambió, para siempre, el paisaje de las ciudades y los usos y costumbres de sus habitantes. El mandato de Otto Engelhardt, como primer director de la Sevillana, supuso el nacimiento, consolidación y expansión de la compañía eléctrica.
La cadena de avances técnicos y fabricación de inventos en lo que se ha acordado denominar Segunda Revolución Industrial fue vertiginosa. La industria eléctrica supuso una revolución en los usos y costumbres, la actividad económica y el paisaje de las ciudades.
Fue en la década de los ochenta del siglo XIX —cuando Thomas Edison culminó sus experimentos— cuando comenzó la producción eléctrica a gran escala. Alemania, recientemente unificada como Imperio en 1871, fue uno de los países pioneros en Europa en desarrollar los nuevos avances de la segunda industrialización. En 1880, por ejemplo, la electricidad solo era utilizada comercialmente en el telégrafo y el número de personas empleadas en la industria eléctrica era irrisorio. Sin embargo, pocos años después, en 1895, ya había 15.000 personas trabajando en la industria eléctrica.
Sesión del Consejo de Administración de la Compañía Sevillana de Electricidad, circa 1910.
Copia del contrato celebrado el día 18 de agosto de 1910 con la Compañía Sevillana para el suministro de fluido eléctrico.
Otto Engelhardt (1866-1936) fue el primer director de la Compañía Sevillana de Electricidad y, con el tiempo, cónsul honorario del imperio alemán en Sevilla. Fue fusilado por los golpistas en septiembre de 1936
Varios consorcios alemanes de la electricidad surgieron y pronto invirtieron sus capitales en otros países de Europa. La "Allgemeine Electrizitäts-Gesellschaft" (AEG) fue de las más importantes. En 1900 empleaba en las tres grandes factorías que tenía en suelo alemán, a más de 17.000 hombres. España, en la periferia europea, dentro de la lógica capitalista del momento, ofrecía mercados apetecibles para la inversión extranjera. La AEG contempló una oportunidad de negocio en el mercado español. Pronto se fundaron compañías eléctricas siguiendo el modelo de las alemanas. El 23 de julio de 1894 se otorgó, mediante escritura pública, la fundación de la Compañía Sevillana de Electricidad, S.A., constituida como sociedad anónima con un capital inicial de unos dos millones de pesetas.
El primer presidente del Consejo de Administración de la compañía fue Edmundo Nöel, bajo cuyo mandato (1894-1905), los alemanes tomaron posiciones en la flamante compañía hispalense. La AEG se comprometió a la construcción de la central eléctrica y el suministro de maquinaria en Sevilla, mientras que el Banco Alemán (Deutsche Bank) acordó adquirir paquetes de acciones de la compañía por valor de un millón de pesetas. En Berlín, la capital alemana, estaban Emil Rathenau (1838-1915) y Carl Fürstenberg (1850-1933), como representantes en el primer Consejo de Administración de la Compañía Sevillana de Electricidad.
El proceso de mundialización de la economía era imparable puesto que en 1895 se fundó en Zúrich el "Bank für Elektrische Unternehmungen" (el llamado Elektrobank), con participación de la AEG y de la Schweizerische Kreditanstall (Crédit Suisse) y, al año siguiente, ya había adquirido acciones de la Sevillana, como se empezaba a conocer popularmente a la compañía.
La energía eléctrica abría un campo inusitado de oportunidades. Una aplicación que con el tiempo pasaría por un enorme desarrollo fue del motor eléctrico a la tracción. Así pues el primer ferrocarril eléctrico fue probado en Berlín en 1879. En el campo del transporte individual la electricidad no pudo vencer al petróleo pero, en cambio, se impuso en el transporte colectivo. En los últimos años del siglo XIX los tranvías de las grandes ciudades se electrifican, con lo que desaparecen los tranvías "de sangre" tirados por mulas.
El éxito fue rotundo. En 1902, alrededor de cien ciudades alemanas disponían de tranvías eléctricos. El éxito de la experiencia alemana pronto se exporta a España. Esto permitía una carga más igualada del sistema a lo largo del día y a una mejora de la rentabilidad, pues la iluminación se hacía, principalmente, por la noche. Al principio hubo reticencias por parte de la población para usar el tranvía eléctrico, pero el diario El Liberal elaboró una estadística en base a los accidentados atendidos en las Casas de Socorro de San Francisco y la del Prado de San Sebastián. En el período 1898-1900, de los 7.568 accidentes ocurridos a las personas que recibieron asistencia facultativa en las casas de socorro mencionadas, solo cinco fueron ocasionados por los tranvías eléctricos y quince por los de tracción animal. Teniendo en cuenta las calles estrechas y tortuosas de Sevilla la estadística resulta bastante favorable.
| Expansión de Sevillana bajo el mandato de Otto Engelhardt | ||
|---|---|---|
| Concepto | 1898 | 1910 |
| Empleados | 28 | 465 |
| Capital | 2,8 millones ptas. | 10 millones |
| Metros de cableado | 48.000 | 180.000 |
| Arcos voltaicos | 174 | 287 |
| Fuerza en caballos | 94 | 3.318 |
| Máquinas productoras (HP) | 1.400 | 5.600 |
| Contadores eléctricos | 717 | 5.850 |
| Fuente: Cifras extraídas de El Liberal (19/12/1910). | ||
Los tranvías disponían de dos frenos, uno eléctrico y otro mecánico, y de dos motores de 16 caballos de fuerza, en los que actuaba y se desarrollaba la corriente eléctrica. Hacía 1900 Sevilla disponía de 35 tranvías (con motor eléctrico) y 22 de remolque (necesitaban para andar el arrastre de algún motor) y el personal que los atendía ascendía a 200 personas. La ejecución de las obras del tranvía de Sevilla fue encomendada a la Compañía General de Berlín.
ÉXITO DEL DIRECTOR. El éxito de una empresa colectiva reside en un equipo cohesionado, unos objetivos claros, un apoyo financiero sólido y una buena dirección. En el caso de la Compañía Sevillana de Electricidad la personalidad y aptitudes de su primer director fueron esenciales en la consolidación y prestigio de la compañía. El periodista Tomás Romero describió al primer director de la Sevillana como "notable ingeniero electricista" y de "nacionalidad alemana, por sus gustos, por sus inclinaciones, entre las que descuella una decidida y afortunada afición a la música, por su don de gentes, parece nacido en Sevilla". ¿Quién era este alemán "sevillano" que tan elogiosa descripción recibió del periodista?
Se refiere a Otto Engelhardt (1866-1936), primer director de la Compañía Sevillana de Electricidad y, con el tiempo, cónsul honorario del Imperio alemán en Sevilla. Comprometido con la Sevilla de la Segunda República y furibundo detractor de Hitler y el nazismo, su enfermedad y avanzada edad no impidieron que fuera fusilado por los golpistas en septiembre de 1936. Sus restos continúan en la fosa común de Pico Reja, la misma en la que fue arrojado el cuerpo de Blas Infante, en el sevillano cementerio de San Fernando.
Engeldhartd se instaló en la capital hispalense en 1894. Aquí se casó, tuvo hijos, cambió de oficio, escribió en la prensa, participó en la vida social de la ciudad y fue asesinado. Llegó a la ciudad para ponerse al frente de la Sevillana. Bajo su dirección consiguió no solo el arraigo y consolidación de la empresa, sino también su expansión (véase cuadro adjunto).
El propio edificio de la Compañía Sevillana de Electricidad era formidable. Enfrente de la sala de calderas, toda la maquinaria empleada, montada en Sevilla, procedía de Görlitz (Alemania). Cuatro gigantescas dinamos generaban la enorme cantidad de luz y de fuerza que la central producía. La central se inauguró en 1896: constaba de dos máquinas de vapor de 300 HP cada una y una producción de 164.929 kWh para cubrir a unos 484 abonados.
Pero el crecimiento de la Sevillana no había hecho más que empezar, ya que en un periodo tan corto como, el que va de 1909 a 1913, se pasó de 4.210 pólizas contratadas a 11.976. En Sevilla los primeros edificios que contaron con alumbrado público de luz eléctrica fueron los cuarteles militares, los muelles del puerto, el Ayuntamiento de la ciudad y la Compañía del Alcantarillado. Respecto a esta última, la Sevillana le proporcionó un gran motor de cien caballos y una bomba colosal, destinada al desagüe de la población, con cuyo aparato pudo conjurarse el peligro de las inundaciones, cuando se producían las grandes riadas.
En 1904 se empezó a edificar un solar, adquirido en la calle Lagar, para instalar una estación de acumuladores con una batería de 130 elementos, con capacidad de 4.000 amperios/hora. No solo la capital se benefició de la luz eléctrica puesto que los pueblos de los alrededores también empezaron a instalar su propia red de alumbrado en los siguientes años: Dos Hermanas y San Juan de Aznalfarache (1908), Coria del Río (1909), Utrera y Villafranca y los Palacios (1910), etc. La instalación de la luz eléctrica fue un acontecimiento fundamental que quedó impreso en la memoria de los pueblos.
El escritor Joaquín Romero Murube (1904-1969) en su obra Pueblo Lejano, se hizo eco de la llegada de la luz eléctrica a Los Palacios e incluso menciona a su director. Dice así: "Una vez llegó don Otto, un alemán rojizo como una mazorca, que iba a poner la luz eléctrica. La instalación de las primeras palometas para los cables de algunas calles constituyó un acontecimiento inolvidable entre chicos y mayores".
"Una vez llegó Don Otto, un alemán rojizo como una mazorca, que iba a poner la luz eléctrica. La instalación de las primeras palometas para los cables de algunas calles constituyó un acontecimiento inolvidable"
En Coria del Río también fue todo un acontecimiento popular la llegada, por primera vez, de la luz eléctrica. El médico local, Félix Delgado, pronunció un sentido discurso, aprovechando un banquete, dirigido al personal de la Compañía Sevillana de Electricidad con motivo de la inauguración del alumbrado eléctrico en 1909. Como si fuese una oración laica, Delgado recitó un himno glorioso a la electricidad: "¡Bendita mil veces bendita la hora dichosa en que la electricidad en forma de luz ha venido a impresionar nuestra retina, cual mágico conjuro, en Coria del Río!". Y finalizaba con unas palabras dedicadas al director de la Sevillana que describía como "hijo de la gran raza del Norte, de madre rica y poderosa (…) Don Otto, se ha españolizado, se ha sevillanizado".
Igualmente, el progreso económico y social de la ciudad de Sevilla se vio reflejado en el transporte de tranvías. Otto Engelhardt, que llegó a ser conocido como "Otto el de los tranvías", podía presumir de su gestión puesto que para el año 1911 unos 5.592 viajeros ya habían disfrutado de las bondades del nuevo medio de transporte.
FÁBRICA DE ARTILLERÍA. Las cifras parecían pronosticar un futuro de expansión y prosperidad para la Compañía Sevillana de Electricidad. En apenas veinte años de existencia (1894-1914), dominaba el mercado de energía eléctrica. En 1913 había unas 11.976 pólizas contratadas y se produjeron 131.295 lámparas y se obtuvieron un beneficio bruto de casi dos millones de pesetas. El dominio social de la compañía se instaló en la calle San Pablo número 30. En 1908 se inauguró la nueva Central del Prado (con turbodinamo de 2.000 caballos) que atendía la creciente demanda de energía eléctrica. Los principales edificios de la capital andaluza requerían de los servicios de la compañía como la Fábrica de Artillería de Sevilla. Entre la documentación que atesora el Archivo General de Andalucía se encuentra el primer contrato de la compañía con la fábrica, para suministro de fluido eléctrico, firmado el 18 de agosto de 1910. Los diez artículos que componen el contrato detallan, de manera pormenoriza, las condiciones económico-facultativas a cumplir por las dos partes contrayentes.
La Compañía Sevillana de Electricidad se comprometía a suministrar, diariamente, la cantidad de fluido eléctrico en corriente trifásica a la tensión de 230 voltios y 50 periodos por segundo. La Sevillana, además, instalaría, por su cuenta, el transformador y el cableado necesario además de acometer el cuadro de la fábrica por una canalización subterránea. Esta acción se realizaría por medio de un conmutador tripolar de dos direcciones, con capacidad suficiente para que, sin calentarse, pudieran pasar 500 amperios.
El centro del conmutador estaría conectado con las barras del cuadro y cada una de las dos direcciones con la Sevillana y la central de la fábrica respectivamente. Hay que tener en cuenta que el fluido consumido en la Fábrica de Artillería, medido por los contadores instalados en los cuadros, se abonaría a la Compañía Sevillana de Electricidad a razón de nueve céntimos de peseta el kWh, si el consumo mensual fuera igual o inferior a 15.000 kilovatios pero si el referido consumo era superior a dicho número, cada kilovatio que se consumiera sobre 15.000 mensuales, se abonaría a siete céntimos de peseta.
Resulta curioso, como especifica el artículo diez del contrato, la regulación del suministro eléctrico durante ciertos días. La Fábrica de Artillería quedaba facultada para prescindir del fluido de la Compañía Sevillana de Electricidad cuatro días no festivos por mes, si así lo creyese conveniente "para poner en acción sus máquinas motoras y en este caso avisará a dicha compañía con 24 horas de anticipación".
El éxito de la Sevillana estaba personalizado en la figura de su primer director. A finales de 1910, Otto Engelhardt fue aclamado en una cena en el restaurante "Las Delicias" de Sevilla, por el personal de la compañía y los propios trabajadores. El momento más emotivo de la velada fue cuando los obreros de la compañía le hicieron entrega de un curioso regalo: un álbum dedicatorio con las firmas de todos sus empleados. El álbum era una joya puesto que estaba encuadernado en piel de Rusia (color marrón rojizo, curtido con vegetales como sauce, álamo o corteza de abedul), formado por hojas apergaminadas e impresa en letra gótica. El final del álbum, de varias páginas, resultaba toda una ofrenda elogiosa al trabajo de don Otto en Sevilla. La cita latina elegida, del poeta Horacio, fue: "Non omnis moriar", es decir, "no moriré del todo". De esta manera se resumía la personalidad y talante de un joven ingeniero alemán que entregó su vida a Sevilla.
Emblema de la Compañía Sevillana de Electricidad en unos azulejos de una calle de Sevilla.
Archivo General de Andalucía. Fondo Fábrica de Artillería de Sevilla. Signatura 500.
"Compañía Sevillana de Electricidad: cien años de historia", en Fundación Sevillana de Electricidad. D.L., Sevilla,1994.
"Estructura económica de España. Industria y servicios", en Renta,instituciones y desarrollo. Vol.3/10, Madrid, 1976.
Artículo "Las Grandes Industrias", 18 de noviembre de 1900. Biblioteca Nacional de España (BNE).