Columnas

El complejo aristocrático ibérico del Cerro de la Merced

Investigación, conservación y difusión

El viajero con inquietud cultural hará bien en recorrer la carretera que une Cabra con Carcabuey y Priego, todas ellas poblaciones que bien merecen una visita detenida. A unos cinco kilómetros de Cabra entrando casi en el Parque Nacional de las Sierras Subbéticas, llamará su atención una forma blanca entre los olivos y acebuches, sobre un cerro de escasa altura. No se trata de uno de tantos cortijos, sino del yacimiento del Cerro de la Merced, cuya excavación actual muestra un panorama histórico tan apasionante como rico, y un lugar de espectacular arquitectura.

'Este trabajo se integra en el proyecto de Investigación del MINECO (hoy de Ciencia e Innovación y Universidades) HAR2017- 82806-P, 'Ciudades y complejos aristocráticos ibéricos en la conquista romana de la Alta Andalucía'.

FERNANDO QUESADA SANZ, ANTONIO MORENO ROSA, EDUARDO KAVANAGH DE PRADO Y MÓNICA CAMACHO CALDERÓN
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

El Cerro de la Merced es una colina redondeada de forma cónica (tanto, que parece artificial aunque no lo es en absoluto) que se alza solo algunas decenas sobre el terreno bajo circundante. No tiene en su cima mucho espacio, pero sí el suficiente para un complejo principal de aparejo ciclópeo de unos veinte metros de lado y varias terrazas alrededor.

Está solo a unos cinco kilómetros al este de Cabra, antigua Igabrum romana. A sus pies discurre el arroyo de Jarcas, afluente del río Cabra. Muy cerca hay canteras de piedra caliza y carniolas. La posición geográfica del complejo ibérico no fue casual: a sus pies pasa la vía comarcal antigua y medieval cuyo trazado general sigue más o menos la carretera moderna.

Alzado sur del muro ciclópeo del recinto principal del complejo del Cerro de la Merced. En primer plano, base del muro de contención pétreo de la terraza inferior.

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La visibilidad desde su cima es mala, solo se domina el entorno inmediato y como mucho el paso hacia el puerto del Mojón; una atalaya en este punto no tiene mucho sentido, ni aislada ni en red con otras; ni siquiera la cercana Cabra es visible. En cambio, si invertimos el punto de vista, desde el observador en su cima hacia el observador en el llano, surge la sorpresa…. el Cerro de la Merced destaca, se hace visible por su peculiar forma redondeada que sobresale en el entorno. Cualquier construcción masiva situada en su cima, ayer como hoy, resaltaría sobre el horizonte para los campesinos del entorno, o para los viajeros que recorrieran en sentido este-oeste o a la inversa, la ruta que hemos citado.

En el año 2012 comenzaron las excavaciones en lo que, en principio, parecía una pequeña atalaya o recinto fortificado de época ibérica tardía o romana (siglos II-I a. C.), quizá lo que Plinio llamara "torres de Aníbal". 

Sin embargo, pronto se hizo evidente que la realidad era mucho más compleja y apasionante.

PRIMEROS POBLADORES. La primera ocupación del Cerro de la Merced se remonta a la Edad del Bronce, más de dos mil años antes de Cristo. No sabemos qué ocurrió luego, pero mucho después, en algún momento entre el siglo V y el IV a. C. se edificó allí un primer edificio ibérico, quizá un santuario. Tal edificio que llamamos "A" era un cuadrado de unos 14 metros de lado con una sola entrada al este, que daba acceso a un amplio patio y tres estancias al fondo. Orientado al este, su fachada era iluminada cada mañana por los primeros rayos del sol que se alza sobre la sierra, desde el actual puerto del Mojón.

Nada queda completo de aquellas construcciones, pero reutilizados en los muros del palacio posterior han aparecido numerosos bloques de piedra tallada, de formas muy características. Entre ellos, al menos tres grandes sillares en forma de cornisa de gola egipcia y, sobre todo, un espectacular sillar con decoración en relieve, que incluye un friso de ovas, y palmetas enlazadas, demuestra que en la Merced existió un muy importante monumento anejo al edificio. Los motivos tienen profundas raíces mediterráneas, griegas y fenicias, interpretadas por el gusto local. Análisis químicos han demostrado que el sillar estaba policromado, al menos con rojos y blancos.

El monumento fue eventualmente desmontado, y parte de sus sillares decorados fueron retallados y reutilizados en el llamado "Edificio B", que forró, cubrió y monumentalizó el edificio A preexistente, entre mediados del s. IV y mediados del III a. C. Se recrecieron y fortalecieron los muros exteriores, que alcanzaron un formidable espesor de hasta cuatro metros, con apariencia ciclópea y un masivo zócalo exterior de bloques de piedra carniola. El espacio interior se subdividió en nuevas estancias de menor tamaño y se levantó un segundo piso y azotea.

Este edificio masivo, ahora de casi veinte metros de lado, se integró hábilmente en el terreno del cerro. A su alrededor se creó una terraza que en su lado sur tenía unos diez metros de ancho, contenida por otro muro ciclópeo similar al del edificio. Entre ese muro de terraza y la entrada al edificio se levantó además una escalinata de losas de piedra de más de un metro y medio de largo, que ascendía en dirección al recinto principal.

Puerta de acceso y estancias enlosadas y con molinos harineros en el recinto principal, mirando hacia oriente.

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En algún momento entre los siglos V y IV A. C. se edificó allí un primer edificio ibérico, quizá un santuario

Detalle de un gran sillar ibérico de 490 kg de peso, tallado con relieves de elementos vegetales entrelazados. Formó parte del primer monumento en el Cerro de la Merced, y fue reutilizado en un muro posterior.

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El complejo de la Merced ha proporcionado una serie de materiales normalmente asociados a los estratos superiores de la sociedad ibérica, aunque no verdaderos objetos de lujo, ya que fue concienzudamente saqueado antes de ser demolido. Se han hallado armas como puntas de lanza, y entre ellas un escudo quizá emparedado en el vestíbulo de acceso, como símbolo oculto de defensa y protección. También objetos de vestimenta, elementos de muebles, etc. La cerámica del yacimiento se agrupa en diversas categorías, pero es notable la ausencia de vajilla metálica.

USO MILITAR Y FAMILIAR. El Cerro de la Merced no era desde luego una mera guarnición militar, y no solo porque no está realmente fortificado. Son muchas las pruebas de producción y almacenamiento artesanal, y de la producción y procesamiento inicial de alimentos.

En este último grupo se han descubierto numerosos molinos rotatorios. Dos de ellos estaban in situ y probablemente en uso en el momento de abandono. Otro completo estaba posiblemente en el piso superior; y finalmente restos de al menos dos más han aparecido fragmentados y dispersos. Esto es muy superior a la necesidad de una unidad familiar o de una pequeña guarnición de una decena de hombres. Igualmente hay pruebas del almacenamiento de productos a cierta escala en las estancias de la planta inferior: grandes tinajas o ánforas iberopúnicas, un lote de ánforas grecoitálicas importadas, grandes lebrillos para alimentos sólidos… todo ello es prueba de una gran capacidad de almacenar alimentos.

Igualmente, hay abundantes trazas de actividad textil. Obviamente, hay restos de actividad doméstica de cocina: hemos hallado, junto con la cerámica de mesa, numerosas ollas de cocina, además de vajilla de mesa decorada.

Todos estos objetos son expresión de los valores de la sociedad que los creó y empleó, y de sus actividades económicas, textiles y militares. En el Cerro de la Merced sin duda hubo muchos objetos de gran valor que fueron saqueados, pero la complejidad de lo que resta nos habla de distintas jerarquías y niveles de actividad, desde la guerra a la economía doméstica.

Construido con voluntad de impresionar y hacer ostentación de poder, podemos considerarlo como un "complejo aristocrático" o "palacial". ¿Por qué palacio? En realidad esta palabra abarca muchos tipos de edificio, y muchos niveles de poder. Palacio de Oriente, Palacio de la Zarzuela, Palacio-Castillo de los Condes de Cabra…, son edificios muy distintos en tamaño y función. En este caso, debió ser un centro de poder de alcance comarcal, que fue cuidadosamente demolido hacia época de Aníbal o en las primeras etapas de la conquista romana, a principios del s. II a. C. Los derrumbes de los alzados de sillarejo, e incluso el desmonte de las esquinas del gran zócalo ciclópeo, indican un trabajo minucioso y definitivo.

Luego, durante unas décadas, restó una ocupación ibérica residual entre las ruinas, a modo de okupas, reutilizando algunos elementos, hasta que el lugar fue abandonado dentro del s. II a. C.

Del oppidum ibérico de Licabrum al municipio romano de Igabrum y Cabra actual
  • El complejo de La Merced no puede entenderse sin su necesaria relación con el oppidum o ciudad fortificada ibérica de Licabrum, que tras la conquista romana de la región a principios del s. II a. C. se convertiría en Igabrum y, andando el tiempo, en un floreciente municipio de derecho latino al parecer en época imperial Flavia, en el s. I d. C. que llegaría a convertirse en la Cabra tardoantigua, medieval y moderna, hoy una población de riquísimo patrimonio y extraordinaria belleza urbanística.

    Pese a distar menos de cinco km. entre sí, el oppidum y el complejo de la Merced no son visibles entre sí, y tratándose de centros de poder relevantes, aunque de distinto rango, cabe pensar en qué relación tuvieron, dado que convivieron mucho tiempo.

    Conviene recordar en este contexto que una década desde la derrota de Cartago en Hispania y la decisión romana de anexionar los territorios iberos como nuevas provincias, se produjeron importantes resistencias y sublevaciones armadas. En el año 192 a. C. nos dice Tito Livio (35,22) que "Flaminio tomó al asalto empleando manteletes de asedio el oppidum de Licabro, fortificado y rico; y capturó vivo al régulo Corribilón". Los datos arqueológicos, todavía preliminares, parecen indicar que el complejo de la Merced fue demolido y abandonado como sede aristocrática en este periodo, y cabe conjeturar si pudo tener relación con este episodio en que un caudillo o "señor de la guerra" hispano fue capturado por Roma.

El monumento fue desmontado, y parte de sus sillares decorados fueron retallados y reutilizados en el llamado "Edificio B"

Como parte del Plan de Difusión se han presentado sendas exposiciones de materiales, audiovisuales y fotografías de las excavaciones, primero en la sala de Exposiciones del Ayto. de Cabra (mayo- junio de 2019), y luego en el Museo Íbero de Jaén (diciembre 2019-junio 2020).

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Sin embargo, la fascinante historia del Cerro de la Merced no termina aquí. En época emiral islámica el Cerro vivió una nueva y modesta ocupación, quizá controlando el paso entre Cabra y Priego, pero esta atalaya no perduró mucho y el lugar de nuevo quedó abandonado. Tejas y algo de material como fragmentos de candiles son testimonio de esta etapa.

Las ruinas eran tan imponentes, sin embargo, que a mediados del siglo XVII buscadores de tesoros excavaron allí buscando riquezas probablemente inexistentes. El hallazgo —en una de las zanjas de rebusca— de una pequeña moneda de vellón con distintos resellos de época de Felipe IV, el último fechable en 1658, permite fechar este saqueo a gran escala. Es probable que en la memoria histórica de la comarca egabrense el 'Cerro de las Tinajas' perdurara la idea del viejo asentamiento islámico, y los muros visibles en superficie, alguno imponente, sin duda indicaban a los buscadores de tesoros que el lugar era prometedor.

La expulsión de los moriscos, con fama de industriosos y ahorradores, desató en el s. XVII grandes "excavaciones clandestinas" en sitios que la gente, con razón o sin ella, asociaba con ellos. Así ocurrió, en Torreparedones (Baena), y así ocurrió, ahora lo sabemos, en el Cerro de la Merced.

Y así, con algunos ulteriores y sucesivos intentos de expolio —por fortuna menores— llegamos hasta la actualidad en que, excavado con criterios científicos y protegido de la intemperie por una espléndida y airosa cubierta, el Cerro de la Merced se prepara para nuevas visitas, ahora de amantes de la historia y el patrimonio.

Más información:
  • Quesada, Fernando y Camacho, Mónica

    "El recinto fortificado ibérico tardío del Cerro de la Merced (Cabra) y un posible monumento ibérico previo. Un problema de puntos de vista". En P. Bádenas, P. Cabrera, M. Moreno, A Ruiz, C. Sánchez y T. Tortosa (eds.) Homenaje a Ricardo Olmos. Per speculum in aenigmate. Miradas sobre la Antigüedad. Anejos de Erytheia, 7, pp. 406-415, Madrid, 2014.

  • Quesada, F.; Lanz, M.; Moreno, A.; Kavanagh, E.; Gaspar, D.; Camacho, M.; Saldaña, M. L. y Carvajal, T.

    "Excavaciones en el recinto fortificado ibérico del 'Cerro de la Merced' (Cabra, Córdoba). Resultados preliminares". En O. Rodríguez, R. Portilla, J.C. Sastre, P. Fuentes (eds.) Fortificaciones de la Edad del Hierro. Control de los recursos y el Territorio. Actas del Congreso Internacional de Fortificaciones, Zamora 14-16, mayo de 2014, pp. 441-448, Zamora, 2015.

  • Seco, I.; Moreno, A.; Kavanagh, E. y Quesada, F.

    "Una moneda resellada de los Austrias en el complejo arquitectónico de la Cultura Ibérica en el Cerro de la Merced (Cabra, Córdoba)" en Documenta & Instrumenta, 16, 2018, pp. 137-151.

  • Segura Arista, Lucía

    La ciudad ibero-romana de Igabrum. Estudios cordobeses, Córdoba, 1988.

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Ciudades y complejos aristocráticos ibéricos en Andalucía
  • Los trabajos en el Cerro de la Merced, que se iniciaron en 2012, forman parte de un proyecto de investigación de largo aliento que abarca varios municipios en la Subbética y la Campiña cordobesa. Su objetivo es la mejor comprensión de los procesos de resistencia y asimilación de la Cultura Ibérica ante el impacto de la conquista romana en esa región. Abarca desde el periodo Ibérico Pleno, y hasta las campañas cesarianas durante las Guerras Civiles romanas, entre el s. IV y mediados del s I a. C. Han exigido —e incluye— importantes trabajos de prospección, excavación y estudio de materiales en los municipios de Almedinilla (Cerro de la Cruz), Cabra (Cerro de la Merced, oppidum de Licabrum) y Montemayor (Cerro de la Horca, oppidum de Ulia).
    Todo ello exige una importante colaboración y sinergia de esfuerzos entre el mundo académico (Universidad Autónoma de Madrid y Fundación de la UAM, en colaboración con investigadores de las Universidades de Granada, Jaén, Córdoba, y Universidad Pablo de Olavide de Sevilla), Ministerio de Ciencia e Innovación (Plan Nacional de Investigación), Junta de Andalucía (en cuyo marco legal se obtienen los preceptivos permisos y la fiscalización del trabajo) y los respectivos ayuntamientos, que financian el grueso de las excavaciones.
    En el caso del Cerro de la Merced, por ejemplo, el Ayuntamiento de Cabra ha asumido un coste económico importante, que abarca también la protección y puesta en valor del conjunto, dentro de una apuesta decidida por el turismo cultural y la protección del patrimonio.
    El compromiso de la excavación e investigación del yacimiento lleva aparejado, en nuestra visión, el de su protección y puesta en valor, dentro de la imprescindible proyección social de la investigación que es financiada con presupuestos públicos.
    Para ello se ha protegido el núcleo central del complejo con una gran cubierta textil, luminosa y elegante. La elección de un modelo de este tipo se debe a varias razones. Se buscaba una solución estética que se alejara por completo del concepto de "cobertizo" o "nave industrial". El yacimiento, al lado de un parque natural, no tiene acceso por camino apto para vehículos, lo que exigía materiales lo más livianos posible, ya que habían de elevarse mediante una grúa de más de cien metros. Al tiempo, el sistema elegido permitía cubrir todo el espacio sin pilares intermedios o exteriores que distorsionaran la visión del conjunto. El coste de instalación y mantenimiento, sufragado en su totalidad por el Ayuntamiento de Cabra, debía ser asumible. La cubierta textil clara refleja el calor e impide que en verano el interior, con muros de adobe, se convierta en un invernadero. El textil deja pasar más luz, incluso en días nublados y oscuros, lo que facilita la visión del yacimiento.
    Junto con la cubierta, se ha construido ya una escalera de acceso, que remonta la ladera desde la zona de recepción junto a la carretera, pero que es casi invisible desde la distancia, y no altera el entorno. Apenas tiene cimentación y la construcción es reversible.
    Está previsto que el yacimiento sea visitable en otoño de 2021.